Enero - Marzo 2006 26
ISSN 1317-987X
 
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Artículos
 

José Vicente Scorza
Parasitólogo




?Antiguas enzootias o endemias emergentes?
Fecha de recepción: 10/12/2005
Fecha de aceptación:
24/01/2006

*Bolet?n de Malariolog?a y Salud Ambiental. Vol. XLIV, N? 2, Agosto-Diciembre, 2004. Pese a los esfuerzos por controlarlas, en Venezuela, persiste y se incrementa la transmisi?n de la Enfermedad de Chagas y de la leishmaniasis, particularmente la forma cut?nea producida por Leishmania (Viannia) braziliensis. La persistencia obedece al incremento demogr?fico y a la invasi?n, por parte del hombre, de territorios enzo?ticos. Ambas end?mias, exclusivemente neotropicales, evolucionaron a partir del Cret?ceo en Marsupialia, Edentata y Rodentia histricom?rfos con conocidas formas f?siles de veinte millones de a?os de antig?edad. Mam?feros reservorios, protozoos Kinetoplastida y vectores Triatominae y Phlebotominae persisten como sistemas que demandan avanzados estudios en sus condiciones naturales y la formaci?n local de personal especializado, particularmente mastozo?logos y entom?logos.

Palabras Claves: enzootias, endemias, or?genes.




An?lisis

Dos muy recientes publicaciones sobre epidemiolog?a e inmunoterapia de leishmaniasis cut?nea en nuestro continente, arrojan luces sobre vigilante atenci?n para con esta dolencia: de un lado, Filho-Brand?o et al (2003), en Pernambuco, Brasil, copan con las m?s avanzadas herramientas de investigaci?n etiol?gica y diagn?stico molecular, el estudio de 460 peque?os mam?feros trampeados en ambiente selv?tico y en plantaciones rurales de un municipio, end?mico, para detectar kDNA o rDNA de Leishmania, particularmente del subg?nero Viannia, tras descartar genoma de Endotrypanum, con positividad con la PCR en 17,6 % (N= 81) de animales examinados, principalmente Nectomys squamipes y Bolomys lasiurus, que integraron el 56% de 8 especies de roedores examinados y positividad, adem?s, en 7 de 54 (13 %) marsupiales estudiados.

De otro lado, Convit et al. (2003), en una evaluaci?n sobre inmunoterapia anti-leishmani?sica practicada en 5.341 pacientes de tres ?reas distantes de Venezuela, han inducido respuesta cl?nica positiva en el 95,7 % de los casos tratados con dos o tres inyecciones de un inmun?geno complejo; no obstante, entre otros 1.142 pacientes atendidos en su Servicio Central, en Caracas, tratados con el mismo inmun?geno, se reportaron 17,6 % de fallas.

Estos trabajos revelan, por una parte, que los par?sitos (Leishmania spp.) tienen amplia circulaci?n en representantes de Rodentia y Marsupialia aut?ctonos y por la otra, que las lesiones que inducen sus vectores Phlebotominos en residentes de localidades end?micas de Venezuela, pueden ser cl?nicamente tratadas, en un alto porcentaje, mediante la estimulaci?n del sistema inmune.

Estos comentarios traen a consideraci?n, que trajinamos sobre un territorio leishman?cola de una diversidad de reservorios silvestres, cuya importancia epidemiol?gica oscila entre sus ciclos reproductivos y los cambios clim?ticos de sus h?bitats por un lado, y de las complejas interacciones entre variadas poblaciones de Leishmania, con sus vectores y hospedadores naturales de gen?tica diversidad, por el otro, todo lo cual constituye un enorme reto para su control.

Para abordar estas adquisiciones, invocaremos en primer lugar, a un fil?sofo natural que residi? por casi medio siglo en Venezuela, en la ciudad de Coro. Le?n Croizat, fallecido en Noviembre de 1982 y nacido en Tur?n en 1894 nos dej? 258 publicaciones sobre bot?nica y biogeograf?a, 75 de ellas elaboradas en nuestro pa?s. Entre ?stas y editada por ?l mismo, en ?SPACE, TIME AND FORM? (Croizat, 1962) analiza biogeogr?ficamente el devenir de la evoluci?n biol?gica y en particular la de nuestro continente, a partir de treinta millones de a?os previos, con su enfoque sobre Ortogenia o direcci?n del devenir evolutivo biol?gico, contraponiendo su concepci?n a la selecci?n natural de Charles Darwin, provocando un sismo epistemol?gico y cient?fico, que en la actualidad se debate en cen?culos de los Estados Unidos, Australia e Inglaterra. Croizat admite la evoluci?n como un proceso geol?gico en el espacio y en el tiempo, para dar lugar a la diversidad de las categor?as taxon?micas y sistemas ecol?gicos.

En nuestro caso, entendemos sistemas ecol?gicos, a las zoonosis leishm?nicas, sinesias de Kinestoplastida con animales silvestres infectados, en sus condiciones ambientales, incluidas las vectores o transmisores, que las diseminan.

La Regi?n Neotr?pica, m?s que ninguna otra en el planeta, es rica en especies mastoz?icas de Leishmania; algunas de ellas como el subg?nero Viannia, exclusivo de nuestro continente, con ocho especies neotropicales, en una variedad de vectores Phlebotominae que sobrepasa 400 especies agrupadas principalmente en el g?nero Lutzomyia (Young & Duncan, 1994).
 
A despecho de tal diversidad, persiste la creencia de asignar su origen a la Regi?n Pale?rtica (Kerr, 2000). Arranca tal hip?tesis de la concepci?n de Lysenko (1971) quien asume que tales par?sitos arribaron a nuestro continente por migraciones de sus hospedadoras a trav?s del puente de Behring durante el Oligoceno, entre veinte y treinta millones de a?os atr?s.
Advertimos que la teor?a croizatiana rechaza y refuta esas migraciones y desplazamientos transcontinentales. Para comprender el remoto pasado de estas importantes enzootias neotropicales, conviene considerar que el hombre, extra?o por su origen al Continente Americano, habita en nuestra Am?rica desde hace unos treinta mil a?os.
 
Recordemos que ?ste, nuestro subcontinente neotropical, hasta hace poco menos de once millones de a?os, cuando se form? el Istmo de Panam?, estuvo aislado de los dem?s bloques continentales durante cincuenta millones de a?os, justamente durante el Per?odo Terciario, cuando comenzaron a elevarse los Andes y evolucionaron los mam?feros reservorios de estos agentes etiol?gicos y sus artr?podos vectores.
Comienza el desarrollo de este conocimiento, con la formulaci?n de la muy conocida y divulgada Teor?a de la Deriva Continental, propuesta por Alfred Wegener en 1922. Esta teor?a postula la separaci?n de nuestro continente, durante el Cret?cico, de ?frica, la India, Australia y la Ant?rtida, bloques originados a partir de la fragmentaci?n del n?cleo original de Gondwana.
 
Los mam?feros del Neotr?pico, reservorios de esos par?sitos, para entonces estuvieron representados por marsupiales relacionados con los de Australia, por xenartros o desdentados como los osos hormigueros, los perezosos y cachicamos, por grandes roedores del tipo cobayo, chig?ire, lapa y puercoesp?n, adem?s de peque?os roedores como Proechimys y Orizomys.

Muy recientemente, el paleont?logo Orangel Aguilera (2004), desde la Universidad Experimental Francisco de Miranda, ha producido ?Tesoros Paleontol?gicos de Venezuela?, donde describe e ilustra restos f?siles de estos mam?feros en yacimientos de Urumaco, pr?ximos a la ciudad de Coro, con treinta millones de a?os de antig?edad, regi?n que para entonces fue cauce del r?o Orinoco, antes de su desv?o hacia el oriente presionado por la elevaci?n de la Cordillera de Los Andes.

Y siguiendo con el recuento sobre la antig?edad de los vectores de estas zoonosis, hace cuarenta a?os, acompa?ando al extraordinario entom?logo venezolano Ignacio Ortiz, investigamos en esa reliquia natural que es el Parque ?Henry Pittier? del estado Aragua y hallamos fleb?tomos cuyos machos poseen dos grandes y fuertes espinas terminales en su ornatura genital. Propusimos para estos fleb?tomos un nuevo subg?nero de Lutzomyia y los llamamos Pifanomyia ottolinai (Ortiz & Scorza, 1963) para rendir homenajes al Maestro F?lix Pifano y al entonces reci?n desaparecido bilharzi?logo, doctor Carlos Ottolina. Esa propuesta taxon?mica fue acogida inmediatamente por el

Profesor Amilcar Martins et al (1978) en su revisi?n de los Fleb?tomos de Am?rica.

Tras casi medio siglo transcurrido, nos ha sorprendido gratamente, en el 2002, la identificaci?n del f?sil, Pifanomyia falcaorum, hallado en ?mbar de Santo Domingo, con una edad aproximada de 15 a 20 millones de a?os; esto es, del Mioceno Medio. Ha sido un trabajo publicado por Reginaldo Pe?anha y Dilermando Andrade (2002).
 
Con anterioridad, Zeled?n et al (1985) hab?an adscrito otra especie al subg?nero Pifanomyia, L (P) cristophei hallada tambi?n en la Republica Dominicana y m?s recientemente, Wolf & Galati (2002) describen otras dos especies de Colombia, de localidades altas, por encima de dos mil metros. Anotamos, en consecuencia, que hace veinte millones de a?os, exist?an en la cadena de las islas antillanas, tal lo est?n en el Continente, especies de fleb?tomos afines y adscritos al moderno grupo Verrucarum, que incluye especies transmisoras de Leishmania (Viannia) spp. y de Bartonella bacilliformis.

Y para insistir sobre la remota antig?edad de estas endemias por Kinetoplastida, exclusivamente de nuestro continente neotropical, advertimos que losTriatominae, chinches mastozo?filos en su mayor?a, son transmisores de por los menos dos Tripanosoma (T. cruzi y T. rangeli), exclusivos tambi?n de Am?rica Central y Meridional. Triatominae constituyen una subfamilia monofil?tica de chipos, con ampl?sima distribuci?n en el Neotr?pico, asociada estrictamente con el par?sito productor de la enfermedad de Chagas y con h?bitats en diversos ecotopos, que incluyen desde nidos de aves Dendrocolaptidae (Psammolestes spp.) hasta cuevas de murci?lagos, donde se ha hallado, por ejemplo Torrealbaia martinezi Carcavallo, Jurberg & Lent 1998, de la tribu Cavernicoli, chipo con caracteres intermedios entre depredador y hemat?fago. Este hallazgo aparece en la Addenda et Corrigenda para el Atlas dos Vectores de Doen?a de Chagas nas Americas, Vol. III: 1183-1192, por Lent, H., Jurberg, J., Carcavallo, R. & Galvao, C. (1999).

La especiaci?n de estos Triatominae ha sido reciente; por ejemplo Eratyrus mucronatus y E. cuspidatus, bien diferenciados y contrastados morfol?gicamente, aparecen separados a ambos lados de la Cordillera de Los Andes de Venezuela, para advertirnos sobre su muy reciente evoluci?n. Este brev?simo recuento nos conduce, con car?cter ?quasi? determin?stico, a admitir la fatalidad de riesgos que se abaten sobre nuestro devenir social latinoamericano por causa de estas enfermedades.

Desde los mismos comienzos del siglo XX, destacados investigadores nuestros descubrieron o estudiaron entidades nosol?gicas hasta entonces desapercibidas. Rafael Rangel, Carlos Chagas, Gaspar Vianna y otros, realizaron antes de la d?cada del veinte, important?simos descubrimientos nosogr?ficos y fomentaron el inter?s por el estudio de esas endemias.

Podemos decir que medio siglo m?s tarde y con los aportes derivados de tecnolog?a de postguerra, ha habido progresos en el control de tales enfermedades. Tal vez, con mayor impacto, fue el control de las malarias y las erradicaciones de la peste bub?nica y la fiebre amarilla. Este ?xito, explicar?a a su vez, que hayamos bajado la guardia y hoy nos hallemos en un per?odo de ?re-emergencias?. No solamente se han reducido los recursos materiales para combatir endemias que hemos cre?do controladas, sino hemos desmontado establecimientos y academias para la formaci?n de personal.

Recordamos con alarma, que hace poco m?s de veinte a?os, tuvo lugar en Washington una reuni?n de la OPS, para estudiar el fen?meno de la desaparici?n de la ense?anza de la Parasitolog?a y de las Enfermedades Tropicales en casi todos los pa?ses de Am?rica. Tal vez, se pensaba, que mediante la adopci?n de otros paradigmas de la Biolog?a Moderna, se concluir?a el proceso de control de las enfermedades tropicales de mayor prevalencia.

Por ello, conceptos sobre higiene y prevenci?n desaparecieron hasta de la ense?anza secundaria, en tanto que se mantiene la creencia en una inmunog?nesis inducida que podr?a sustituir a los f?rmacos, sosteni?ndose adem?s la convicci?n que un control de vectores mediante pesticidas de cuarta generaci?n, podr?a rematar al dengue, las encefalitis equinas, la malaria, la enfermedad de Chagas, la oncocercosis o las leishmaniasis.

Mientras eso se digiere, persiste el retroceso en las investigaciones entomol?gicas de campo. Los entom?logos del tipo Cova-Garc?a, Ortiz o Anduze, son especies en extinci?n. Recientemente han fallecido dos de los m?s brillantes, el Profesor Herman Lent y Rodolfo Carcavallo. Nuevos desarrollos y, nos referimos a la Biolog?a Molecular y la Gen?tica, como herramientas per se, se estima que puedan sustituir al estudio de los organismos y sus vectores, olvid?ndonos que somos intrusos en un cambiante mosaico de sistemas ecol?gicos muy antiguos.
 
No deseamos que se piense que abjuramos la modernidad cient?fica; simplemente expresamos la persistente y creciente necesidad de estudios ecol?gicos en condiciones ambientales. Las parasitosis, como sistemas ecol?gicos, tienen particularidades locales. La secuencia gen?mica que construyamos sobre una cepa, por ejemplo de Trypanosoma, Leishmania o Plasmodium, necesariamente no es ni puede ser la secuencia en las poblaciones de Trypanosoma, Leishmania o de los Plasmodium.

Complica nuestro horizonte de dificultades, el incremento y la movilidad de la demograf?a y tambi?n el incontenible aumento de contaminaci?n ambiental y su efecto sobre la temperatura de ?ste, nuestro fr?gil invernadero planetario.

Una consideraci?n final. Al concluir el siglo XX, se cierra el siglo de la Biolog?a Cl?sica y se perfilan profundas transformaciones en las ciencias de la vida. Hemos devenido en un desarrollo de extremadas especializaciones, en la praxis de muy variadas disciplinas con no muy bien definidos territorios y metodolog?as.
 
La especializaci?n nos ha conducido a la construcci?n de una moderna torre de Babel. Nos aislamos en ultra-especializaciones y persistir en esas especializaciones no importa cuan fruct?feras sean, reduce su conocimiento a favor de ?lites. Nos olvidamos que la hibridaci?n material y social ha producido siempre descendencia vigorosa. Nuestras universidades deber?n repensar sus estructuras tradicionales para la proyecci?n de nuevos curr?cula y programas.

Es un reto y nuestro pa?s, en estos mismos d?as, se halla en los albores de un horizonte que debemos y podemos aprovechar.

Agradecimiento

El autor agradece a los coordinadores del evento: Una red para los estudios integrales de la Leishmaniasis, Agenda Cient?fica del Milenio y al FONACIT Proyecto Frontera N? 98000576, por el cofinanciamiento recibido.



An?lisis
Referencias bibliogr?ficas

NOTA: Toda la información que se brinda en este artículo es de carácter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.





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