Abril-Junio 2009 38
ISSN 1317-987X
 
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Artículos
 




Psiquiatría
Transferencia. La dialectica de lo intrapsiquico versus lo intersubjetivo

Dialéctica de transferencia y contratransferencia al terminar la II guerra mundial

Es interesante notar cómo influye el contexto histórico en el desarrollo de la ciencia y, en este caso, cómo influyeron sobre el del concepto de la Tr. los factores geopolíticos, sociales y migratorios como los producidos por la Guerra Mundial o la muerte Freud y los subsecuentes conflictos entre discípulos ( en algo parecidos a los que se suscitaron entre los Generales de Alejandro Magno al morir éste). A mediados de los años 40, al terminar la Segunda Guerra Mundial, aparecieron diversas psicoterapias psicodinámicas y con ello la necesidad de delimitar el método psicoanalítico para diferenciarlo de otras terapias. En particular, tomaron liderazgo, por una parte el grupo que seguía las teorías clásicas del fundador y a Anna Freud; y por otra parte, Klein y los teóricos británicos de las relaciones objetales, con las respectivas disputas dialécticas entre ellos que influenciaron la teorización desde entonces.

M. Klein

Además, a finales de los años cuarenta Racker y Heimann - de manera casi simultánea y al parecer independiente - desentierran el concepto de Contratr., que hasta ese momento y según lo definió Freud, era vista casi como un pecado - un error del analista mal analizado - y lo rescatan como un instrumento complementario de la Tr. que, además, permite entender la Tr. a través de los propios sentimientos y ocurrencias contratransferenciales del analista. Para Freud siempre lo primero era la Tr., apareciendo después la Contratr. como reacción y contrapunto, pero con los nuevos aportes entran ahora en escena como nueva dialéctica y vuelve a presentarse el asunto de si fue primero el huevo o la gallina. Es que resulta que la Contratr. puede teñir, sin percatarnos de ello, lo que creemos objetivar en el otro. Al respecto, en el prefacio del libro de George Devereux “De la ansiedad al método en las ciencias del comportamiento”, dice sobre él La Barre: “Devereux, un personaje claramente detestable, ha planteado la alarmante posibilidad de que la etnografía de campo (y con ella toda ciencia social), tal y como se practica en la actualidad, pudiera ser una especie de autobiografía. Allí donde el antropólogo de pelo en pecho pudiera suponer que penetra en el campo cabalmente exento de ideas, motivaciones, teorías o cultura aperceptiva propias, nos vemos ahora invitados a discernir el antropólogo al mismo tiempo sapiens y portador de cultura y persona, así como la posibilidad de que su simple “ciencia”, si no está disciplinada por la conciencia de la contratransferencia, sea una rama regalona de poesía lírica que nos cuenta en qué forma proyectiva siente él lo desconocido” (13) (el subrayado es mío-). Al igual que sucede con el antropólogo, el acento que se ponga a lo proveniente del paciente o del analista dependerá de las teorías que el analista suscriba y estas a su vez de su modo de interpretar el Mundo y, por tanto de su propia Tr. Así, vemos que Klein y sus seguidores enfatizaron en la importancia de la envidia primaria del bebé, así como en sus pulsiones, fantasías y mecanismos de defensa, más que en la participación de la madre. Por tanto, lógicamente el acento de la relación transferencial debía ser puesto en el paciente y sus producciones, más que en el analista. En cambio otros como Balint y Winnicott (pertenecientes al grupo independiente londinense) o Kohut en USA, desplazaron el acento al ambiente, a la madre y sus fallos en el “sostén” o “empatía”, por tanto, lógicamente concedieron gran importancia al papel del analista y sus errores. Como veremos a continuación, del trabajo con psicóticos, borderline (límites) y narcisistas un grupo de analistas obtuvo experiencias que modificaron sus concepciones sobre la Tr.

La transferencia según Winnicott y Balint

Winnicott diferenció variedades de Tr. según el paciente haya tenido o no un “cuidado infantil suficiente” en las primeras etapas de la vida. Según Winnicott en los pacientes descritos como “falso self” no se revive la rabia que no se sintió y por tanto no es una transferencia del pasado, sino que el presente permite desarrollar rabia y un proceso que no se dio, así como la evolución del verdadero self que quedó detenida y protegida por el falso self. Como puede observarse, Winnicott le da a la Tr. un nuevo significado porque ya no es siempre una Tr. del pasado, sino una nueva construcción en la relación actual con el analista. Pero, además, introduce un cambio significativo en la técnica del manejo de la Tr.. Al introducir el concepto de “madre suficientemente buena” y el de “holding”, Winnicott plantea que tanto la actitud de sostén del analista como sus fallos son fundamentales para el proceso. Señala que la rabia real que siente el paciente por el analista nunca debe interpretarse sino que debe permitirse que el paciente reanude el desarrollo detenido. En cambio cuando lo que predomina es la clásica neurosis de transferencia, considera que se debe proceder con la técnica interpretativa usual de la Tr. (14, 15).

Winnicot

En cuanto a la Contratr., Winnicott consideraba que debía mantenerse el concepto de Freud, que corresponde a sentimientos y reacciones del analista, producto de su propia patología o análisis insuficiente, pero diferenciaba lo que llamó “respuesta total del analista”, que son las respuestas afectivas de éste frente a pacientes en regresión, especialmente psicóticos, y utilizaba estos sentimientos e ideas – después de examinarlos y seleccionarlos – para hacer las interpretaciones (16). Etchegoyen, al referirse a Kohut señala que éste piensa que “la raiz patológica del self es siempre una falla empática de los padres, con lo que se llega a una posición ambientalista extrema, como la de Winnicott” (17). Sin embargo, si bien es cierto que Winnicott así lo cree, Painceira (a cuyo libro remite Etchegoyen para entender mejor a Winnicott) comenta que decir que Winnicott es un ambientalista es fruto de una mala lectura y considera que para Winnicott, aunque el nacimiento del ser psicológico no puede ser descrito sin incluir el medio materno, sin el cual “no habría bebé”, la base de lo que llama el desenvolvimiento espontaneo del desarrollo está en el niño y que el medio debe posibilitar y jamás modelar (18). Esta idea es fundamental al tener en cuenta lo que para Winnicott era el manejo de la Tr. como instrumento del análisis que debe permitir al paciente lograr desarrollar sus potencialidades y su verdadero self. Balint tenía ideas en muchos aspectos similares a las de Winnicott. Por medio de su experiencia con pacientes regresivos a los que caracterizó como con “falta básica”, fue tajante en señalar que la Tr. es influida por el analista y que éste participa tanto en la creación de una “atmósfera” como en el grado de regresión a que llegue el paciente (19) (en esto último coincide con lo antes mencionado de Macalpine).

La transferencia según Rosenfeld y Bion

Aunque las teorizaciones de Rosenfel y Bion difieren de las de Winnicott o Balin, algunos de sus conceptos son bastante similares. Al fin y al cabo Winiccott también se analizó con Klein y comparten un tronco teórico común. Es interesante ver como Herbert Rosenfeld flexibilizó su manera de trabajar en sus últimos escritos, en los que comparte algunos de los puntos de vista de Winnicott en relación a la importancia de la participación del analista en la Tr.. Según su experiencia, y apoyándose en la de Winnicott, Searles y Fromm-Reichmann, algunas necesidades de psicóticos son mejor satisfechas por la conducta del analista que por sus interpretaciones, por ejemplo, por su actitud y empatía (20). Más adelante dice: “He encontrado que los pacientes responden a nuestras interpretaciones, no sólo como herramientas que los hacen darse cuenta de los significados de los procesos conscientes e inconscientes, sino también como reflejos del estado mental del analista (Segal 1962a, Loewald 1970. Langs 1976, Sandler 1976), particularmente su capacidad de mantener la calma y la tranquilidad y de focalizar en los aspectos centrales de las preocupaciones y ansiedades conscientes e inconscientes del paciente. El paciente también capta la mente y la memoria del analista, a través de la forma en que logra sostener y juntar factores externos e internos importantes y cómo los aporta en el momento preciso” (21).

W. Bion

Dijo que para él era crucial evitar la rigidez y que “es esencial que el analista se percate de que la situación analítica y transferencial están afectadas no sólo por las experiencias pasadas del paciente, sino también por la manera de ver las cosas del analista, su conducta y su contratransferencia” (22). Las referencias de Bion a la Tr. son complejas y están mezcladas con otros conceptos a través de su obra que por su extensión exceden el propósito de este trabajo. El manejo técnico de la Tr. para Bion tiene que ver con un modelo de relación madre hijo en que el analista contiene y devuelve las ansiedades, aportándoles sentido y facilitando su transformación en pensamientos que conduzcan al conocimiento, así como mediador de la integración que permite el acceso a la posición depresiva. El aspecto interactivo del concepto bioniano de reverie, guarda relación con el de holding de Winnicott, aún sin ser sinónimos. Entonces se puede concluir que las fallas en el reverie o en la continencia del analista, devolverán la ansiedad sin procesar al paciente y aumentarán sus identificaciones proyectivas, lo cual influirá en el desarrollo de la Tr. de este. Antonio García ha hecho una revisión de los conceptos de Tr. y Contratr. en la obra de Bion y explica que en sus primeros trabajos compartía el concepto de su época de Tr. (la clásica freudiana) a la que denominó < moción rígida >. Pero en trabajos posteriores, en particular en 1965 en su libro “Transformaciones”, diferencia las transferencias en y en . Dice al respecto García “En la transformación proyectiva la situación es distinta. Es algo así como si sucediera en un mundo distinto (de hecho, corresponde a la parte psicótica de la personalidad)… En función de la reacción emocional del analista (No de su contra-transferencia, aún cuando algunos así la denominan), sabemos que la transferencia es el resultado (re-presentación como producto final) de la transformación de un estímulo (la relación con el analista)” (23).

Como puede verse, Bion sigue observando que la Tr. proviene del analizado, pero en la Transformación Proyectiva señala, además, el estímulo proveniente de la relación. En comunicación personal, García me confirma que el piensa que Bion incluyó la participación del analista al fenómeno transferencial y contratransferencial.

La transferencia según Lacan

Hay que subrayar que Lacan, aunque de manera distinta, también plantea que la Tr. es producto de la interacción analítica y no un fenómeno que se produce de modo intrapsíquico exclusivo. Etchegoyen considera que Lacan tuvo dos posturas respecto a la Tr. La primera (teoría imaginaria de la Tr.), enunciada en 1951, cuando la considera un proceso diádico, especular y narcisístico, que corresponde al orden de lo imaginario, por tanto cuando el analista falla en mantener el proceso dialéctico de Hegel (tesis – antítesis- síntesis) aparece la transferencia como enganche y obstáculo, en otras palabras la Tr. es el correlato de la contratr. (24). La segunda postura de Lacan

J. Lacan

(teoría simbólica de la Tr.), enunciada en 1964, plantea que al introducir la regla de la asociación libre el analista pasa a ocupar el lugar del Sujeto Supuesto Saber (SSS), o sea, se le atribuye el saber sobre lo que le pasa al paciente; pero cuando el analista, en vez de ocupar el lugar del SSS que el paciente le asigna, ocupa el lugar del gran “Otro” – introduciendo el tercero en la relación y la Ley del Padre - es el momento en que la Tr. se hace simbólica. Etchegoyen va aún más allá y dice que cuando en 1964 Lacan dijo que “la transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente”, admite implícitamente que la Tr. es un fenómeno universal que deriva del funcionamiento del inconsciente y del proceso primario (25).

Influencia del analista como nueva realidad en la transferencia

Desde que Freud preconizó el ideal del analista que debía ser sólo un espejo que refleja al paciente, otros analistas han destacado la imposibilidad de que las teorías, personalidad y acciones del analista no estén presentes y sean captadas por el paciente. Por ejemplo, el término realidad es utilizado por Bird para referirse al impacto directo, del aquí y ahora del analista sobre el paciente, pero además plantea la importancia de la ayuda real que el paciente tiene de su analista, aunque insiste en que este debe limitar al máximo la influencia de esta ayuda real. Al respecto dice: “Para muchos pacientes el analista es realmente la persona más estable, sensata, razonable que ha conocido (al menos el analista dentro de la sesión), además de que el setting ofrecido puede ser más honesto, leal, abierto, directo, que el que le pueda brindar cualquier experiencia social. Puede además, clarificar dudas, confesarse y aliviar sentimientos de culpa, expresar sus ambiciones, etc. Así, no es de extrañar que el valor real del analista sea inmenso para el paciente” (26). Así mismo también señala que ciertas manifestaciones maliciosas del paciente que consideramos Tr. pueden ser producto de situaciones reales, pues aunque suponemos que el analista no ha de ser hostil con el paciente, muchos de nosotros pasamos por momentos en que hablamos o interpretamos en tono sarcástico, cáustico o acusador, a veces ridiculizando o mostrando distancia y desapego. En la importancia del analista como un nuevo objeto real, Blum concuerda con lo señalado por Stone y Loewald. Dice que el encuentro prolongado con un objeto estable, confiable e introspectivo es, para muchos pacientes, una experiencia nueva de influencias múltiples, más allá de sus efectos sobre la Tr. y la alianza terapéutica (27). Algo similar dijo Modell: “¿Dónde en la vida cotidiana puedes encontrar una persona que, por un tiempo acordado, ponga sus propias necesidades y deseos aparte y esté allí sólo para oírte, que sea más puntual y confiable de lo usual y que pueda, la mayor parte del tiempo, ser continente, no retaliativo ni tener explosiones temperamentales?” (28). Langs (29), partiendo del concepto de los Baranger de “campo”, consideraba que el trabajo analítico se desarrolla en una matriz de interrelación bi-personal, en la cual el paciente responde a lo que llama “contexto adaptativo” que se produce ante las realidades de la relación, en particular ante las interpretaciones del analista. Cada intervención del analista, incluyendo sus silencios y sus no intervenciones, crean un contexto adaptativo al que el paciente debe responder. De este modo las asociaciones del paciente dependen, no sólo de su mundo interno, sino de su contexto en el aquí y ahora de la sesión, el cual también produce asociaciones, que de este modo no son tan “libres” como parecen. A concepciones parecidas llega Schafer (30).


Transferencia. La dialectica de lo intrapsiquico versus lo intersubjetivo
Introducción
El pensamiento dialéctico como patrón cognitivo básico
La transferencia como repetición en la obra de Freud
Dialéctica de transferencia y contratransferencia al terminar la II guerra mundial
La transferencia como situación interpersonal
Aspectos neurobiologicos y cognitivos de la transferencia
Referencias

NOTA: Toda la información que se brinda en este artículo es de carácter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.





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