Abril-Junio 2009 38
ISSN 1317-987X
 
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Conferencia
 




Darwinianas: Relevancia de Darwin en nuestro universo de ideas.

Nuevas líneas del darwinismo y evolucionismo.

(…) Natural Selection, (…), is a power incessantly ready for action, and is as immeasurably superior to man's feeble efforts, as the works of Nature are to those of Art. (Darwin, 1859, 1968; Ch. 3)[1]

No debe ser extraño que los movimientos anti-ciencia y fundamentalistas hayan tenido más desarrollo reciente, justamente en los países en los cuales el avance científico ha sido más formidable.  Al mismo tiempo, también las teorías avanzadas por Darwin en su momento, han logrado expandir y complementar sus postulados. No era posible para Darwin hacer más de lo que hizo. Cuando Darwin publicó su Origen de las Especies, Mendel estaba apenas por comenzar sus estudios de la herencia en plantas y sus trabajos empezaron a recibir atención a comienzos del siglo XX.  La idea que los caracteres se heredaban gracias a la acción de una entidad específica surgió en la primera década del siglo pasado. El término “gen” fue acuñado por el botánico danés Wilhelm Johannsen. Poco después el geneticista y embriólogo Thomas Morgan pudo demostrar su existencia dentro de los cromosomas y su papel en la herencia, por lo cual fue el primer geneticista ganador del premio Nobel de Medicina. Con él, se inició una nueva etapa en la genética. Posteriormente en los años cuarenta quedó claro que cada gen codifica la síntesis de una determinada proteína en la célula. Luego, en la década siguiente Watson y Crick descubrieron la estructura del DNA y posteriormente hemos llegado a conocer la composición genómica de muchas especies, incluyendo la humana.  La evidencia a favor del evolucionismo es cada vez más importante, extensa y cruzada. Además, empezamos a entender giros y derivados de la teoría que Darwin no pudo sospechar en su momento.  Para Darwin la evolución era fundamentalmente el resultado de la selección natural de las especies. A mediados de la década de los setenta Richard Dawkins planteó la hipótesis que el resultado del proceso evolutivo no era tanto la conservación de las especies sino la conservación de los genes (Dawkins, 1976). La Naturaleza muestra que una vez encontrada una adecuada solución a un problema, el gen responsable de esa solución tiende a aparecer en distintas especies con poca ninguna variación. Dawkins sugirió entonces que los individuos de cada especie terminan por ser los vehículos o medios para la perpetuación de sus genes. La unidad responsable de la transmisión genética, el gen, es el mismo agente que se replica, evoluciona y se perpetúa. La competencia termina por no ser realmente de las especies sino de los genes. La posibilidad de replicación de los genes, su diversidad y la competencia terminan por lograr la mejor adaptación de los organismos que los albergan, a las demandas del entorno. El resultado o consecuencia es el proceso natural de la evolución. Este lento proceso no requiere de diseño o diseñador previo, ningún ente superior es necesario para que ocurra. El producto que observamos en determinado momento estará sometido continuamente a cambios, y no tiene versión final ni predefinida. El gen en sí mismo no tiene propósito ni sentido, es simplemente una molécula con ciertas propiedades, y entre ellas, la capacidad de replicarse. Estas características sirvieron a Dawkins para calificar a los genes como “egoístas” (Dawkins, 1976). La idea de Dawkins puso más clara la naturaleza del Darwinismo como ley natural y universal. Cualquier cosa o ente capaz de:

1. replicación, es decir, de crear copias o réplicas de sí mismos,

2. que exista en diversidad o con variaciones y en número suficiente,

3. y finalmente, que compartan un entorno de presiones que obligue a la competencia,

enfrentará de manera natural un proceso de evolución y selección. Como resultado algunos de los elementos o especies desaparecerán y otros perdurarán y continuarán evolucionando por resultar más aptos o adaptados a las exigencias del entorno al cual están sometidos.

Memes, ¿Otros replicadores?

Pero, ¿Existen otros replicadores además de los genes? Veamos una anécdota: una persona le comenta a un amigo que pasó la noche en vela por no poder sacar de su cabeza una tonadilla que le atormentaba. Tararea la tonadilla y le comenta entonces cómo le cambió la conocida letra y la sustituyó por otra, rimada, en la cual criticaba chistosamente al gobierno. El amigo sonrió y se despidieron, pero al poco rato tenía en su mente la tonada y se sorprendió tarareándola y recordando la ingeniosa nueva letra. Durante una reunión esa noche comentó el episodio y tarareó la música que desde la mañana se había anidado en su pensamiento. Sus contertulios rieron. Al cabo de un par de semanas la tonada estaba en la Internet. Otros le añadieron estrofas o modificaron la inicialmente publicada. El resultado fue que la idea más o menos compleja de la tonada logró rápidamente saltar de una mente a otra (replicación), mutó con ciertas variaciones (diversidad) que empezaron a competir. Unas versiones fueron más exitosas en perdurar que otras (selección natural)… al igual que en la evolución genética, no existe en este caso un diseño preconcebido final.  Ese tipo de idea que es capaz de saltar y parasitar nuestras mentes es lo que tuvo Dawkins en mente cuando acuño el término de meme (Dawkins, 1976). Nuestras culturas están llenas de ellos, son unidades que podemos asemejar a los genes de la herencia. “Las primeras cuatro notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven son ciertamente un meme, se replica por sí mismo, separado del resto de la sinfonía y manteniendo cierta identidad de efecto (efecto fenotípico)” (Dennett, 1995, p. 344). Los memes funcionan por decir así, autónomamente y con la misma naturaleza egoísta que podemos suponer en el gen (Blackmore, 1999; Distin, 2005). Los memes son para Dawkins, el segundo replicador (Dawkins 1976). Muchas de nuestras ideas son memes residentes en nuestras mentes y tienen la virtud de poder infectar o parasitar a otras. Podemos decir que así, se replican. Pero la analogía va más allá. Las ideas tienen una enorme diversidad y compiten entre ellas. Además, existen muchas menos mentes que ideas, por lo cual la presión por el dominio, por el éxito de lograr “parasitar” o residir en el mayor número de mentes, perpetuarse e inmortalizarse no sólo en el vehículo o mente particular, sino en la historia, replicadas de una a otra mente, son características semejantes a las que enfrenta el primer replicador que son los genes. El resultado es el mismo: evolución y selección natural. En el primer caso, en la Biología, la evolución de las especies; mientras que en el segundo nos enfrentamos a la evolución de las ideas y la cultura.  Los memes además tienen interacción con los genes. Para comenzar, el paraíso de los memes es poder encontrar una mente que genéticamente haya evolucionado al nivel adecuado: el mejor ejemplo: el del cerebro humano (Dennett, 1991). Han sido los genes los responsables del prodigio de ese cerebro capaz de albergar las ideas, por lo tanto, los memes dependen de esa genética derivada de los genes. Pero los memes terminan por expresarse en nuestras mentes mediante ideas, emociones, memorias y acciones. Todas estas manifestaciones son logradas mediante cambios en la expresión de los genes en nuestras neuronas, cambios que producen modificaciones en la síntesis de multitud de proteínas, reforzamientos o supresiones de actividades sinápticas, neurogénesis, apoptosis o muerte celular, etc. Nuevamente, el templado biológico inicial para estos efectos está dado por los genes y la evolución que hizo posible la existencia de nuestros cerebros, pero ahora podemos pensar que determinadas variaciones de nuestros cerebros, aquellas que hacen más exitosos a determinados memes, pueden ser más adecuadas a nuevas demandas evolutivas. El resultado de este giro entraña la posibilidad que los memes progresivamente formen parte importante entre los factores de selección natural. Quizás hoy en día, y en nuestra cultura, sea más adecuado un tipo de cerebro que tiene más capacidad de albergar aquellos memes necesarios o facilitadores del razonamiento matemático, que aquellos que mejor podían albergar memes para el diseño de estrategias de caza para animales salvajes. Pero esto no fue así en tiempos remotos. La perpetuación de nuestros memes y su fabulosa y cambiante diversidad lucen como los generadores secretos de nuestras culturas. Se expresarán no sólo en cuanto pensamos sino en acciones que pueden ser registradas por la historia, en obras científicas o artísticas. Estos atributos son los que nos hacen esencialmente humanos:
Every animal leaves traces of what it was; man alone leaves traces of what he created. Bronowski (1976)[2]
Como planteó Edward Wilson (1998, cap. 7: From Genes to Culture), los genes y la cultura co-evolucionan. La cultura se reconstruye en cada generación de manera colectiva en la mente de los individuos. Además, esta replicación memética es tan rápida en los cerebros jóvenes, que los niños rápidamente adquieren los atributos de sus culturas. Los cerebros de los jóvenes mantienen memes de una manera que permite con más facilidad las mutaciones. Podemos observar como en el lapso de unos pocos años el lenguaje coloquial de los jóvenes crea o modifica las palabras, el ritmo o prosodia del lenguaje local, los giros verbales, los ritmos y géneros musicales, y por supuesto, las modas de vestimenta, normas de cortesía o intercambio social, etc.  La copia de los memes implica una imitación. Pero en muchos casos esa imitación no es aparente. Una experiencia reportada por Mitra (Mitra 2001, Mitra y Rana, 2007) resulta interesante. Los autores eligieron un poblado alejado de Nueva Delhi en el cual el nivel educativo era muy bajo. No existía suministro estable de electricidad ni otras comodidades. Construyeron entonces un kiosco cerrado en cuyo interior se encargaron de instalar la unidad CPU de un computador, con un sistema adecuado que garantizaba el suministro de electricidad. En una ventana de la pared instalaron un monitor y un sistema de mouse resistente a tratos duros e intemperie. Sin más instrucción dejaron el equipo y pronto pudieron observar como los niños se agrupaban con curiosidad en torno a la ventana[3]. A los pocos días se habían organizado para manipular el aparato con cierto orden. Meses después encontraron que sin instrucción previa habían logrado aprender algunos aspectos básicos del uso de la computadora, abrir o crear carpetas, hacer dibujos y editarlos, navegar en la red. Dominaban un léxico técnico mínimo pero inexistente poco tiempo antes (además, en un idioma naturalmente extraño para ellos: monitor, mouse, click, file, folder, cut, paste, etc.). Las conclusiones del proyecto confirmaron que los niños fueron capaces de aprender por sí mismos el manejo de aparatos novedosos y conceptos de tecnología e ideas de distintos campos del conocimiento. Estos conocimientos empezaron a ser transmitidos rápidamente de unos a otros oralmente, o en condiciones diversas de tipo maestro - aprendiz.

Figura 11. Un grupo de niños interesados en utilizar la computadora en el proyecto “Hoyo en la Pared” (Mitra,2001)

La tradición trasmitida oralmente o por escrito, nuestras artes y ciencias, constituyen el pool de memes que edifica nuestro saber, conocimientos y cultura en general. Genes y memes en inter-relación constituyen el edificio que mejor garantiza la sobrevivencia de los individuos en su entorno. Somos productos biológicos adaptados a nuestras culturas y a la vez agente de sus cambios. Interpretamos nuestros mundos sólo desde la perspectiva de nuestros memes. El chamán de un poblado de la selva amazónica tiene mucha semejanza biológica con un científico del mundo desarrollado, pero los dos sólo podrán interpretar al mundo desde la perspectiva de sus memes. Cada uno tendrá sueños, emociones y motivaciones de vida muy diferentes, pero exquisitamente adaptados a su entorno.


[1] “… la Selección Natural… es un poder incesantemente listo para actuar, y es inconmensurablemente superior a los débiles esfuerzos del hombre, como son las obras de la Naturaleza en relación a las de Arte”.

[2] “Todo animal deja huellas de lo que fue; solo el hombre deja huellas de lo que creó”.

[3] Llamaron al proyecto “Hoyo en la Pared”

 

Darwinianas: Relevancia de Darwin en nuestro universo de ideas.
Introducción
Las primeras confrontaciones
Confrontaciones externas y resistencias a los cambios.
Nuevas líneas del darwinismo y evolucionismo.
Comunicación y globalización.
Referencias

NOTA: Toda la información que se brinda en este artículo es de carácter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.





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