Enero-Marzo 2018 73
ISSN 1317-987X


Doctorado Honoris Causa

Dr. Nicolás Bianco

   


Doctorado Honoris Causa
Dr. Nicolás Bianco
Fecha de recepción: 27/02/2007
Fecha de aceptación:
27/02/2007




Doctorado Honoris Causa

Gracias a la voluntad democrática y de profunda esencia universitaria de la significativa mayoría de los miembros de la Asamblea de la Facultad de Medicina, recibo hoy del Alma Mater Ucevista el ?Doctorado Honoris Causa?. La generosa iniciativa de mis compañeros investigadores del Instituto de Inmunología, respaldada con entusiasmo y afecto por los docentes activos y escalafonarios de nuestras escuelas e institutos, fue refrendada por el Consejo de la Facultad y por el Consejo Universitario de la Universidad Central de Venezuela. Expresión académica máxima de aprobación y reconocimiento que me confiere la augusta UCV republicana, luego de treinta y cuatro años de dedicación y de luchas sin descanso, cuyo objetivo superior ha sido contribuir no solo con su legendaria grandeza y nobleza sino con su incesante búsqueda de caminos de transformación y desarrollo.

Honor éste que me integra al grupo de catorce distinguidos pioneros de la excelencia médica, al que la Universidad Central de Venezuela le confiriera, desde 1946, el ?Doctorado Honoris Causa?. Confieso con angustia que me es imposible describir sus brillantes trayectorias. Doce de ellos no nacieron en esta tierra. Sin embargo, no dudo en enfatizar la venezolanidad y las excepcionales contribuciones nacionales y universitarias de Augusto Pi i Suñer, Martín Mayer, Rudolph Jafee y Pablo Anduze.

Completan este estelar conjunto de universitarios, el Premio Nobel argentino Bernardo Houssay, el eximio Cardiólogo Mexicano Ignacio Chávez y líderes de la talla de Marion Sulzberger en Dermatología, Charles Best y Cyril Long en Diabetes y Henry Bockus en Gastroenterología.

En 1987, la Facultad de Medicina rindió homenaje póstumo al maestro Cesar Rodríguez. Rodríguez y José Ignacio Baldo ejercieron el liderazgo nacional en la lucha contra la Tuberculosis y las Enfermedades Respiratorias. Aunque no perteneció al cuerpo docente de la Facultad de Medicina de la UCV, Rodríguez formó a numerosos especialistas de todo el país. El maestro Rodríguez sería el primer médico venezolano en recibir de nuestra Facultad de Medicina el ?Doctorado Honoris Causa? de la UCV.

Podrá comprenderse el orgullo y la honda satisfacción que hoy nos embarga. Medio siglo después de los ?Doctorados Honoris Causa? de Augusto Pi i Suñer y Pablo Anduze, profesores de nuestra Facultad, recibo en los albores de un nuevo siglo, en mi condición de Profesor Titular, tan altísimo honor.

Conciente estoy de esta nueva y enorme responsabilidad que adquiero con la Universidad Central, su comunidad y con Venezuela. Propicia la ocasión para compartir con ustedes el anhelo que desde hace varias décadas habitaba en mi corazón. Poseer un doctorado de mi querida UCV. Quiso el destino aliviar tal pasión cuando el Alma Mater de la noble Universidad del Zulia aprobó en 1981 mis investigaciones y las de mis colaboradores, otorgándome el Doctorado en Ciencias Médicas. Honor que desde entonces llevo como inocultable privilegio.

Quiso también el destino que en esta inolvidable fecha de mi vida universitaria, reviviese hoy, 21 de noviembre de 2006, el recuerdo de los extraordinarios e históricos eventos del 21 de noviembre de 1957. Tenía apenas catorce años. Vivíamos en Las Acacias. Ese día, mi querido hermano mayor Jesús Alberto, estudiante del segundo año de medicina se levantó muy temprano. Le contaría a mi madre Isabel que vendría a la UCV a un mitin político de resistencia contra la reinante dictadura militar. Una de las tantas desgracias que las cúpulas militares han infligido a nuestro país desde que en 1835 sembraran la impunidad, al consumar el golpe de estado contra el Presidente y primer Rector de la UCV republicana, el sabio médico José María Vargas.

El sitio de la reunión era el Aula Magna. ?Si sabes de mi padre dile que estaré bien? -le comentó Jesús Alberto a mi madre. Todo aquello aunque extraño y confuso me despertó la curiosidad de averiguar y participar. Aunque contrariado, mi hermano de siempre permitió que lo acompañara. Sería mi primera visita a la UCV.

Ante la heroica voz de repudio de los miles de estudiantes congregados en el espectacular recinto, crecía mi infinito asombro por su majestuosidad, ilustrada por la imponente presencia de las ?Nubes? de Calder.
 

Como es su costumbre, las fuerzas militares y policiales arremetieron contra los estudiantes. Muertos, heridos, presos y desaparecidos fue el parte de guerra de aquella inolvidable jornada civilista que desde entonces celebramos todos los 21 de noviembre en el marco de ?El Día del Estudiante?.

Con el despertar de enero de 1958, la UCV se alistó con toda celeridad para acometer lo que sería su década más hermosa, productiva y combatiente.

Dos grandes vertientes académicas lideraron el histórico devenir de la universidad pública venezolana y en particular de la UCV durante la década del sesenta del siglo veinte. El disfrute pleno, legítimo y auténtico de la autonomía universitaria y la propuesta y ejecución inicial del proceso de Renovación Académica. Proceso este último, inédito en el ámbito de la universidad latinoamericana y de la Venezuela de la época.

La UCV de la ?década brava? fue el epicentro del renacer nacional. Sus contribuciones fueron múltiples, diversas y con visión de futuro. La confrontación de las ideas y los aportes de miles de profesores, estudiantes y empleados conformaban respuestas sólidas de fortalecimiento del régimen autonómico.

Por supuesto, como en toda actividad humana fructífera y prospectiva, el intramuro acertó y erró. Sin embargo, la consolidación alcanzada en ese muy dinámico acontecer, sirvió de escudo ante la pertinaz acción anti-universitaria de los gobiernos de turno y de las estrategias hemisféricas que veían en la creciente presencia de grandes centros universitarios autónomos la amenaza más grave en contra de sus diabólicas planificaciones.

El tino y la sabiduría de los Rectores Francisco De Venanzi y Jesús María Bianco Torres, este último único Rector reelecto de la UCV en el siglo veinte, fortalecidos por la solidaridad y compañía de dirigentes de honda estirpe universitaria y por el amor del pueblo venezolano, permitieron a la UCV y a Venezuela asumir con amplitud durante el lapso 1958-1970, la verdadera esencia de la universidad autónoma y democrática.

El artero golpe de estado contra la institución universitaria y sus legítimas autoridades, consumado por el gobierno de Caldera Rodríguez y sus pacificados cómplices, puso fin a la vigencia de la autonomía en la universidad pública venezolana. Los efectos devastadores de tan fatídico proceder no se notaron por algunos años. La experiencia acumulada en los años de la autonomía y la acción renovadora de los cientos de estudiantes de postgrado enviados al exterior por las universidades de entonces, mantuvo el curso rendidor del sector universitario nacional.

Como becario de la Facultad de Medicina y del CDCH de la UCV, tuvimos la fortuna de entrenarnos en medio de la eficiencia y la gerencia de la medicina científica y asistencial que servía y sirve de fundamento a facultades médicas de excelencia, ilustradas por los campus de Yale y Harvard. Con la ayuda una vez más de mi hermano, el notable cardiólogo Jesús Alberto Bianco, seleccioné el apasionante campo de la Inmunología.

Mi maestro Frank Austen y sus extraordinarios colaboradores añadieron a mis genes, la noción y la pasión de investigar y de generar nuevos conocimientos, así como el invariable rigor de someter el producto final de los procesos investigativos al juicio de pares, y el publicar los resultados sin pausa alguna.

La oportunidad no podía ser más idónea para nuestra formación. Entender y asimilar que la verdadera misión de la universidad es la génesis de nuevos conocimientos como producto de la investigación científica y humanística y del concilio entre la autonomía, la planificación y la gerencia. Herramientas indispensables para proveer una docencia creativa, la óptima prestación de servicios y una sólida extensión universitaria. Es dentro de estos parámetros, que hemos definido y desarrollado nuestra labor universitaria desde que ingresamos al cuerpo docente de la Facultad de Medicina el primero de julio de 1972.

El Laboratorio de Inmunopatología y la Unidad de Inmunología Clínica en el Instituto Anatomopatológico, los Centros de Inmunología Clínica de Venezuela, de la Organización Mundial de la Salud y de la Federación de Sociedades de Inmunología Clínica y el primer Instituto de Inmunología en la historia biomédica de Venezuela y de Hispanoamérica, constituyen un resumen sucinto pero puntual de los productos finales que mis colaboradores y quien les habla han generado bajos los preceptos doctrinarios que hemos descrito.
 

El logro superior en este sentido ha sido la implantación de la Inmunología Clínica con el carácter de nueva especialidad médica al servicio de Venezuela y del mundo entero. Hemos de añadir, que con la excepcional oportunidad de la puesta en realidad del Instituto de Inmunología, fuimos los primeros en incorporar a partir de la década de los noventa del siglo pasado, los esquemas innovadores de la planificación estratégica y el empleo integral de sistemas y de la bioinformática.

Más de un centenar de publicaciones en revistas indexadas de prestigio internacional, la red nacional de Unidades Regionales de Inmunología Clínica, los primeros cien inmunólogos básicos y clínicos formados en el país, los premios de la UCV, CONICIT, la Academia Nacional de Medicina y de numerosos colegios y sociedades médicas, así como el reconocimiento de la comunidad inmunológica internacional son acicates invalorables para el magnífico grupo de venezolanos que han forjado desde las universidades y otras instituciones la inmunología nacional.

Sin embargo, una honda preocupación co-habitaba con los logros en Inmunología. Me refiero al deterioro y fragilidad académica, científica y operativa que desde principios de 1980, caracterizó progresivamente a la universidad pública nacional y a la UCV en particular. Muy presente en mi espíritu aquella advertencia del Rector Bianco: cito ?La Autonomía es a la Universidad lo que la Democracia es a la Nación?. Bastaba con conocer los índices sociales de los ochenta y noventa que revelaban que el modelo representativo no era realmente democrático. El severo impacto de esta trágica situación no se hizo esperar, fortaleciendo la creciente tendencia del intramuro ucevista de oponerse a cambio alguno.

Nos impusimos como tarea paralela a nuestras obligaciones en Inmunología, la de unir esfuerzos orientados a rescatar las actividades de investigación científica y tecnológica, e incentivar la indispensable incorporación de la planificación estratégica y el empleo de Sistemas y de la Informática.

Brevemente, he de mencionar el trabajo en equipo con mis colegas directores de institutos en la estructuración de la Coordinación de Investigación de la Facultad y de las nuevas normas de funcionamiento de los institutos, el diagnóstico desde la base profesoral de la investigación en la UCV y la propuesta inicial del PPI venezolano.

Con todo entusiasmo me incorporé a la notable gestión de Antonio Machado Allison en el CDCH durante el Rectorado de Simón Muñoz y con el apoyo solidario e irrestricto, del para entonces Vice-Rector Académico José Maria Cadenas. Ya hemos escuchado en este acto, las generosas palabras de Machado Allison que dan cuenta de las iniciativas que estaban orientadas a revertir el debilitamiento del quehacer universitario.

Para concluir estas palabras debo referir nuestra gestión en calidad de Representante Profesoral electo por la voluntad democrática del claustro docente de la UCV y la decisión de presentarnos como candidato a Rector en las elecciones de marzo de 2004.

A pesar de la significación profundamente renovadora de las diversas propuestas y logros que hemos descrito, logros provenientes de la pluralidad de investigadores y docentes que nos hemos dedicado a promover cambios sustanciales en el intramuro ucevista, los sectores conservadores políticos o miembros de sectas e ismos, mantuvieron con toda energía la devastadora actitud de oponer y bloquear cualquier camino de transformación universitaria. Transcurría la década de los noventa. Nuevamente, Caldera Rodríguez empleaba sus acólitos desde afuera y desde adentro para entorpecer y disminuir la ya debilitada institución universitaria.

Junto a Machado Allison, Humberto García Larralde, Maritza Montero y Augusto De Venanzi organizamos el ?Movimiento Profesoral UCV Siglo XXI?. Elaboramos una exhaustiva propuesta de implementación de un ?Plan Integral de Transformación y Desarrollo de la UCV?. Fuimos electos al Consejo universitario en calidad de Representantes Profesorales. Asumimos con todo rigor esta grave responsabilidad en junio de 1996. Logramos la aprobación de nuestra propuesta por el Consejo Universitario en octubre de ese mismo año. Se nombraron comisiones de análisis y posible ejecución. Entre bastidores sin embargo, la conspiración volvió a unir a ?sirios y troyanos? para oponerse y bloquear este novedoso intento por cambiar y progresar.

En medio de la dictadura militar que logró colarse en los comicios de 1998, las ejecutorias anti-universitarias del gobierno anterior se acrecentaron sistemáticamente.

Los pacificados de ayer eran ahora parte del militarismo represor. Asfixia económica, bloqueo en la reposición de cargos, devastación del modesto sector científico y cultural, el empleo de mecanismos de estafa masiva como fue el caso de los vebonos para el sector universitario y el engaño del artículo 119 del parapeto constituyente de 1999, el cual supuestamente otorgaba la autonomía plena a las universidades, son ilustraciones de un conjunto de estrategias cuya fatídica rúbrica ha sido la disposición 3444 y la consolidación del poder absoluto sobre las universidades por parte del inquilino del despacho de educación superior.

Nuestro Instituto de Inmunología como los otros pocos del sector universitario y científico, ya mostraba las grietas iniciales que provenían de este grave acontecer. Consulté con mis compañeros en el Instituto y en la UCV sobre la candidatura rectoral. Decidí postularme al Rectorado de la UCV. Junto a Antonio Machado Allison, Humberto García Larralde y la incansable Profesora, la Ingeniero de petróleo Inírida Rodríguez Millán, conformamos el equipo rectoral. En mi mente y en mi espíritu se perfilaba nuevamente la voluntad de colaborar con el rescate de la institución. Sin embargo, la mayoría del claustro universitario optó por un camino distinto.

Volver al Instituto y unirme a mis compañeros en la lucha diaria no sólo por su vigencia universitaria sino por su recuperación científica y tecnológica ha constituido un epílogo pleno de imborrables recuerdos.

Agradecer en un momento de tan significativa trascendencia, máxime cuando la labor universitaria llega a su fin, es una tarea abrumante. Solicito entonces consideración porque estoy seguro que también será incompleta.

En mi alma, el sentimiento de inmensa gratitud con todos mis compañeros de la apasionante travesía que nos permitió ofrecer a Venezuela, una estructura inmunológica propia. Mi palabra de aliento y la invitación a seguir luchando por preservar una organización de tanto valor para el país como el Instituto de Inmunología. Extiendo este mensaje a mis discípulos y sus colaboradores cuya labor en el interior de Venezuela se encuentra severamente comprometida.

A los profesores y estudiantes de la Facultad de Medicina y sus autoridades así como a las Autoridades Rectorales, al Consejo Universitario y al Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV.

A mis queridos amigos de la UCV y de otras Universidades Públicas con quienes he vivido momentos complejos y celebrado gratas tenidas. A todos mis otros amigos que han estado allí en los momentos de celebración y en las ocasiones de dolor.

A la Fundación Polar por su constante patrocinio e invariable solidaridad.

Una palabra de amor para los miembros de la familia que siguen caminando junto a nosotros.

En el trayecto vital de cada ser: la armonía amorosa, la alegría o la tristeza tienen sitio seguro y albergue pleno de ternura y sosiego en gente un tanto más íntima y cercana.

Con la venia de ustedes, me traslado a esos parajes para abrazarme con todos ellos. Mi madre Isabel, mis hijos Michelle y Nicolás Bianco Barazarte, David Rosello y Michelle Dallamy y Jorge Marcano Bianco y Alexandra Issa de Marcano.

Allí me encuentro ahora.

La viva imagen de Jesús María Bianco Torres, el Rector de la autonomía, sonríe y aprueba. Ambos dedicamos nuestras vidas a la UCV. Al vernos, acordamos que lo seguiremos haciendo. Siempre seremos ucevistas!

Finalmente, con ellos y con ustedes a mi alrededor, dirijo la mirada, el corazón y todo mi amor a mi compañera de vida Patricia Guzmán:

Nicolás Bianco y su esposa Patricia Guzmán

Patti Patti, tu luz y tu infinito amor, ? el amor amando? de nuestro Rafael Baquedano, lo ha hecho posible. Permíteme concluir compartiendo con nuestros amigos que hoy nos acompañan ese bello poema tuyo que tanto mueve mi espíritu......

Gracias.´
 
Fotografía: Gisselle Gil


 


NOTA: Toda la información que se brinda en este artículo es de cará cter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.