Anatomía
Cadáveres para la disección anatómica y su estatus mortem. Su consonancia desde la necroética en la praxis
Introducción
Desde
los antiguos tiempos de la gran historia de la humanidad, en sus diferentes
épocas la temática sobre la
obtención de cadáveres para la disección anatómica en la docencia médica, se han planteado debates de una magnitud
compleja que incluye una serie de preguntas que pueden o no tener respuestas
algunas. Conflictos
de valores originados en torno a las prácticas con cadáveres o componentes
anatómicos en los procesos docentes-asistenciales en el aprendizaje de la anatomía.
Por un lado, para nadie es un secreto ni esta oculto, el énfasis que le ha
dedicado la bioética, como ética de la vida, en la consideración de derechos,
dignidad e intereses de los seres vivos (humanos y no humanos).
Y por el otro lado, tener en cuenta que en estas dos últimas décadas recientes
se evidencia un creciente interés por extender este centro de atención en
cuanto al análisis a la consideración de los aspectos éticos-bioéticos e
inclusive jurídico legal relativo al tratamiento que se debe dar a los
cadáveres, componentes anatómicos y especímenes biológicos obtenidos tras la
constatación de la muerte clínica para el estudio de la anatomía en las
diferentes facultades y/o escuelas de medicina a nivel mundial.
Esto
es debido a la transición mutante que está sucediendo dentro de la misma bioética,
como ética de la vida, hacia unanueva disciplina que ha ido emergiendo denominada
Necroética, como ética de la muerte, que viene a considerar las relaciones
afectivas y simbólicas en torno a ese cuerpo sin vida o cadáver, así como la valoración,
la estimación y la importancia intrínseca de los cuerpos humanos y sus
componentes anatómicos, histológicos y aún genéticos, como extensión de la
dignidad humana, la cual no claudica, ni tiene su culminación con el final de
la vida. Esta ha pasado a ser considera y denominada como la dignidad póstuma,
lo cual no es nada sencillo conservar la dignidad ante la muerte, ni para el
protagonista ni para las personas que lo acompañan (1).
Siempre
se suele insistir y recalcar de manera reiterativa que, con el fenómeno de la
muerte, los individuos dejan de ser sujetos de derecho para transformarse simplemente
en objetos de derecho. Como los muertos no
pueden hablar por sí mismos y el estatus ético del cadáver humano sigue siendo
ambiguo. Es por ello que en si la muerte no sólo viene a representar el fin de la subjetividad, está igualmente
provista de una
dimensión intersubjetiva, que se demuestra en la trascendencia del cuerpo humano y en las ceremonia
o ritos funerarios mortuorios para la preparación de las exequias y el duelo, a través de los cuales se reconfigura y se estampa un vínculo representativo fundamentado en la inmediación y contigüidad física, en una relación moderada por el nexo
metafórico de las cuales muchas están constituidas sobre la trascendencia mitológica de la muerte y la esperanza de una vida ultraterrenal (2).
Es por ello que la familia y/o quienes conocieron en vida al difunto manifiestan sentimientos o afectos en relación con su cadáver, el cual simboliza una postergación compartida del recuerdo vivido, incluso aquellos cadáveres en condición de
no identificados o no reclamados representan memorias y testimonio vividos, relatos que permanecen inaccesible en su dimensión afectiva dada a la inexistencia de sobrevivientes, pero no por estos carente o despojado o desprovistos de esta
cualidad intersubjetiva.
El cadáver personifica mucho más que la evidencia
física que comprueba la muerte de una persona, representa mucho más que la carne
dada a los gusanos, como lo expone el acrónimo cadáver el término que
equívocamente se ha empleado como origen del vocablo “carodatavermibus” (3).
Los cadáveres se constituyen en libros o compendios o tratados que
develan no sólo las variaciones de las estructuras o elementos anatómicos que
componen a un cuerpo humano en el caso del uso de la disección con fines docentes-académicos,
para el conocimiento en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la anatomía
humana, o el estudio de las causas fisiopatológicas de ciertas enfermedades, en
el caso de la histopatología con fines diagnósticos o las causas y los
mecanismos en relación con las causas de muerte, bien como procedimiento para
el esclarecimiento de un diagnóstico clínico, o de un diagnóstico médico forense, bien como
apoyo auxiliar a la administración de justicia en el caso de las autopsias o necropsias
forenses, sino, más allá, son relatos o testimonios de vivencias singulares
que pueden ser expresadas, subjetividades como manifestación de deseos, propósitos o intenciones que moraron un espacio físico y múltiples redes de relaciones afectivas,
culturales e históricas (1-4).
Los
cadáveres no son personas, pero tampoco son simplemente cosas u objetos. Es el
lenguaje, ético-bioético qué le deben, los vivos a los muertos cuando se trata
de usar sus cuerpos para la disección en el estudio de la anatomía,el uso
de cuerpos no identificados o no reclamados para la enseñanza-aprendizaje de la
anatomía en la educación médica aún continúa en lo estudios de pregrado en
inclusive en los estudios de pogrado, pero para muchos sigue siendo un tema éticamente
muy espinoso y controvertido.
La cuestión general del respeto a la dignidad póstuma
de los muertos,se viene a especificar y a considerar desde la ética-bioética
en la anatomía desde tres puntos de vista: desde el papel de la familia, el uso
de cuerpos no reclamados y la exhibición pública de cuerpos donados para ese
fin.La dignidad póstuma
de los cadáveres, de partes del cuerpo, tejidos y restos
óseos siempreprovienen de individuos particulares e incluso cuando estos individuos
vivieron en el pasado distante, por lo que nunca pueden ni deben ser
completamente deshumanizados. Todavía son recuerdos de que allí habito una vida
y que fueron una vez uno de nosotros, es decir seres humanos comunes y
corrientes (5).
El fundamento en la teoría kantiana de dignidad sustenta que constituye un valor interior imputable a aquellos seres racionales que pueden concederse a sí mismos una ley moral, por lo cual, aquellos que se adjudican de tal dignidad ontológica
no pueden ser apreciado como un medio, sino como un fin constante en sí mismos. Es de acá precisamente donde proviene el hecho de que los seres humanos, en tanto somos entes racionales competentes para eregirse como legisladores de sí mismos, manifiestan,
declaran o revelan un interés propio o interno que trasciende el valor
contingente del intercambio de objetos ordinarios.
Otras corrientes filosóficas consideran la
racionalidad como el único origen de la dignidad, humana hacia otros atributos,
como lacapacidad de sentir de los seres vivos, o la capacidad de experimentar dolor y sufrimiento, como requisito
suficiente para la declaración de intereses y, por tanto,
como detector crítico de la moralidad.
Desde esta perspectiva, pareciera que el
principio de dignidad no es atribuible al cadáver y a sus componentes macro y
microscópicos, es por ello que el tratamiento dado a los cadáveres en los
anfiteatros de las salas de disección, o en la práctica de las necropsias, se
corresponde en muchos casos más con la indignidad, la
degradación como una sensación que no contempla o no considera un valor distinto a una
entidad que el de los intereses externos que este representa al reconocimiento
de algún valor interno o insustituible (6).
El cadáver y sus componentes son objeto de la
misma consideración moral que se debe a los seres humanos vivos, si bien sujeta
a las particularidades del cuerpo muerto. La noción de dignidad póstuma se fundamenta en diversos
supuestos: por un lado, una persona está íntimamente ligada en su identidad con
su cuerpo, tanto en el nivel molecular de la identificación genética, como en
el nivel antropológico de los rasgos distintivos, los cuales permanecen después de la constatación
y verificación de la muerte. Es tanto así
que es el cuerpo de una persona, como sus componentes corporales, histológicos,
moleculares y genéticos, lo que permiten y remiten al reconocimiento de una
identidad en particular, la cual se lleva a cabo mediante cotejos genéticos y
antropológicos, lo que los vinculada a una extensa red familiar, étnica y
social. (7).
El objetivo de este artículo es hacer una
reflexión sobre las perspectivas que se generan con la
obtención de cadáveres para la disección anatómica para el proceso de
enseñanza-aprendizaje de la anatomía y la dignidad póstuma. En esta
nueva transición entre la ética-bioética, como ética de la vida, hacia lanecroética
como ética de la muerte, donde esta última viene a considerar y a tener muy
presente las relaciones afectivas y simbólicas en torno al cadáver, así como el
interés intrínseco de los cuerpos humanos y sus estructuras o elementos anatómicos, histológicos e incluso genéticos, como prolongación de la dignidad humana, la cual no desiste con la finalización de la vida, es decir la muerte.
En este sentido, se realizará la temática teniendo
en cuenta y en consideración el hacer una breve evocación de determinadas y
relevantes consecuencias acerca de la muerte en el rango rigurosamente
personal, con la consecuencia de asociar la percepción de que la muerte implica
el fin de aquellos vínculos jurídicos que se establecen y tienen como
estimación la existencia de la persona misma, con la probabilidad de que ésta
haya realizado acordadas disposiciones no patrimoniales posteriormente a su
muerte. Todo esto, como inicio para aproximarnos al tema estudio del presente
articulo lo que se ha dado en llamar la “ la dignidad póstuma y la obtención de
cadáveres para la disección anatómica ”. |