Abril-Junio 2025 102
DOI:10.70024 / ISSN 1317-987X
 
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Anatomía
Cadáveres para la disección anatómica y su estatus mortem. Su consonancia desde la necroética en la praxis

La obtención del cadáveres para la disección anatómica a lo largo de la historia de la humanidad

La medicina y el estudio de las ciencias morfológicas por medio de la anatomía ha estado representada históricamente con el uso del cadáver humano y sus componentes a través de la disección. Es por ello que la fascinación por conocer el cuerpo humano está unida al misterio de la muerte.

Desde los tiempos de la Escuela de Alejandría, donde se practicaron las primeras disecciones atribuidas a Herophilus (350-280 a.C.) y Erasístrato (310-250 a.C.). Pero debido a la prohibición por los romanos a partir del siglo II a. C de la práctica de este procedimiento, siendo solamente permitida y únicamente aceptada la disección de animales. Es así como el estudio médico con el uso de cadáveres, fue vedado por razones religiosas y esotéricas.

No fue hasta los siglos XIII y XIV que sufrió el salto del tabúy el procedimiento de disecar en cadáveres humanos resurgió en la medida en que las supersticiones populares y la prohibición de la iglesia fueron pasando y se fueron relajando estas actitudes hacia el uso del cadáver para la práctica anatómica. Surgen grandes anatomistas como Mondino di Luzzi con su textoAnatomy el cual estuvo integrado al currículo de los estudios médico en el siglo XIV y que persistió como texto de consulta o asesoramiento durante casi dos centurias, afianzo y estableció las bases para el trabajo de otros anatomistas como Leonardo da Vinci, Berengario Di Carpo y Andreas Vesalius, entre otros (8).

Aperturar un cadáver a través de la disección tenía como propósito el indagar o el escudriñar en su interior para conocer y aprender la composición y estructura del cuerpo humano, esto conllevo a la generalización gradual de las disecciones impulsada por la existencia de un público muy variado conformados por médicos y maestros de cirugía, estudiantes de medicina y aprendices de cirujanos, magistrados municipales, pintores y escultores, curiosos y público en general, que asistían a este espectáculo que se realizaban en los anfiteatros anatómicos en sus mesas de disección durante la técnica de disecar aquel cuerpo muerto, algunos de estos asistentes hacían, veían o discutían en el teatro lo que sucedía en aquella mesa de disección con la apertura del cadáver, u otros solo se permitían asomarse desde los bancos y barandillas del teatro, espacios donde la anatomía se teatralizaba, haciendo del cuerpo humano en vías de ser disecado en todo un espectáculo, es decir el arte del cuerpo anatómico o el arte sobre el cadáver. Eldisecar un cadáver se suponía para el anatomista el proyecto de ir reflexionando sobre el encuentro de esas realidades corporales con la que se ambicionaba perseguir o alcanzar por medio de los sentidos, actuando sobre ellas en un marco bien organizado, a la manera de otras prácticas que implicaban la apertura de un cuerpo muerto. Esto no solo generaría un interés científico, sino también una gran curiosidad pública. Los actores y el público en general del anfiteatro anatómico, estaban impregnando en una manera específica de percibir y aprehender la naturaleza, la organización y el funcionamiento del cuerpo humano, como si desde un balcón se tratara, al interior de ese microcosmos que es el cuerpo humano, una casi perfecta obra de la creación divina.

El cuerpo así expuesto era, entonces percibido al mismo tiempo, como un recordatorio de lo efímera que es la vida “memento mori” (recuerda que morirás) y de la dificultosa perfección de la obra de Dios como creador, a la que el hombre se vinculaba con un gran respeto sin limitar o restringir las oraciones rezos o plegarias previas a la disección y el minuto de silencio posterior (9).

No obstante, los cadáveres que eran obtenidos para estas disecciones públicas provenían al comienzo de criminales ejecutados como medio de castigo, pero ante el gran incremento en la demanda de cadáveres para las facultades de medicina como sucedió para ese momento en Londres, los mismos cirujanos y sus estudiantes se transformaron en profanadores de tumbas, para luego contratar los servicios ilegales de exhumación a usurpadores profesionales que fueron denominados con el nombre de los “resurreccionistas”, quienes preferían robar los cadáveres de personas pobres dada la mayor facilidad de acceso a sus humildes túmulos sepulturas.

Entonces lo que refleja el vocablo del latín caedere que significa caer o caído, es el cuerpo atestado de relatos, anécdota y/o memorias, y repleto de vivencias que ha caído irreparablemente y eternamente. Este podrá ser contemplado, examinado, observado sepultado o inhumado, incinerado o cremado, pero ya no será posible interactuar con él sino desde una mesa de disección. No solo han finalizado los difíciles procesos orgánicos biológicos, sino que se ha paralizado el flujo biográfico de acontecimientos, hechos, sucesos, vida e historia. Pero, sin embargo, a pesar de todo el cadáver conserva una dignidad póstuma y un estatus jurídico. No se puede hacer cualquier cosa con un ca­dáver: no se puede ni se debe dejarlo insepulto, ni abusar de él, ni menospreciarlo, denigrarlo, desprestigiarlo, entre otros.

Es por ello que se ha tratado de reflejar, la realidad histórica para la obtención o adquisición de los cadáveres o sus componentes anatómicos y como siempre estos representan junto a su disección anatómica como su máxima expresión para la medicina, el conocimiento morfo-anatómico. Pero la historia es mucho más compleja y, desde luego, e incluso mucho más interesante. Lejos del panorama de prohibiciones eclesiásticas y cuyos ecos aún se reproducen en algunas desenfocadas proclamas de nuestra actualidad la disección anatómica se convirtió en una experiencia de gran éxito para el proceso enseñanza-aprendizaje de la anatomía humana.

En la actualidad del siglo XXI si bien la tendencia hacia la utilización de simuladores 3D o 4D y modelos anatómicos es creciente como estrategia de aprendizaje en la carrera de medicina, sin embargo, para nadie es extraño ni un secreto que la mayoría de los cadáveres que son disponibles para los anfiteatros anatómicos y que son empleados para la disección, corresponde a cadáveres en condición de no identificados o no reclamados por su familia, lo cual igualmente conlleva a una gran duda o incógnita o pregunta de trasfondo ético-bioético, puesto que estos proceden de personas excluidas o marginadas o en estado abandono social, en situación de pobreza y en muchos casos víctimas de la creciente violencia, a los cuales no se les contemplaron, ni se les reconocieron, ni se les consideraron sus más elementales derechos fundamentales durante su vida y así como los derechos post mortem (son un conjunto de derechos que se aplican a una persona después de su muerte, y que se encuentran contemplados en instrumentos internacionales y en la normativa nacional) y mediante el consentimiento presunto, se convirtieron en cadáveres para la disección anatómica en las facultades y escuelas de medicina, lo cual constituye e implica un gran paradójica metamorfosis en un activo del anfiteatro al cual no se les reconoce dignidad en este caso póstuma, ni valor intrínseco como ser humano que fue en su determinado momento (7-9).

Cadáveres para la disección anatómica y su estatus mortem. Su consonancia desde la necroética en la praxis
Introducción
La obtención del cadáveres para la disección anatómica a lo largo de la historia de la humanidad
El reconocimiento de derechos post mortem del cadáver y el papel de la necroética
El cadáver como instrumento de didáctica médica. Aspectos normativos y los conflictos éticos-bioéticos-jurídicos
Conclusiones
Referencias

NOTA: Toda la información que se brinda en este artículo es de carácter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.





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