Anatomía
Cadáveres para la disección anatómica y su estatus mortem. Su consonancia desde la necroética en la praxis
La obtención del cadáveres para la disección anatómica a lo largo de la historia de la humanidad
La medicina y el estudio de las ciencias
morfológicas por medio de la anatomía ha estado representada históricamente con
el uso del cadáver humano y sus componentes a través de la disección. Es por
ello que la
fascinación por conocer el cuerpo humano está unida al misterio de la muerte.
Desde los tiempos de la Escuela de
Alejandría, donde se practicaron las primeras disecciones atribuidas a
Herophilus (350-280 a.C.) y Erasístrato (310-250 a.C.). Pero debido a la
prohibición por los romanos a partir del siglo II a. C de la práctica de este
procedimiento, siendo solamente permitida y únicamente aceptada la disección de
animales. Es así como el
estudio médico con el uso de cadáveres, fue vedado por razones religiosas y
esotéricas.
No fue hasta los siglos XIII y XIV que sufrió el salto del tabúy el procedimiento de disecar en cadáveres humanos resurgió en la medida en que las supersticiones populares y la prohibición de
la iglesia fueron pasando y se fueron relajando estas actitudes hacia el uso
del cadáver para la práctica anatómica. Surgen grandes anatomistas como Mondino
di Luzzi con su textoAnatomy el cual estuvo integrado al currículo de los estudios médico en el siglo XIV y que persistió como texto de consulta o asesoramiento durante casi dos centurias, afianzo y estableció las bases para el trabajo de otros anatomistas como Leonardo da Vinci,
Berengario Di Carpo y Andreas Vesalius, entre otros (8).
Aperturar un cadáver a través de la disección tenía
como propósito el indagar o el escudriñar en su interior para conocer y aprender
la composición y estructura del cuerpo humano, esto conllevo a la
generalización gradual de las disecciones impulsada por la existencia de un público
muy variado conformados por médicos y maestros de cirugía, estudiantes de
medicina y aprendices de cirujanos, magistrados municipales, pintores y escultores, curiosos y público en
general, que asistían a este espectáculo que se realizaban en los anfiteatros anatómicos
en sus mesas de disección durante la técnica de disecar aquel cuerpo muerto, algunos
de estos asistentes hacían, veían o discutían en el teatro lo que sucedía en
aquella mesa de disección con la apertura del cadáver, u otros solo se permitían
asomarse desde los bancos y barandillas del teatro, espacios
donde la anatomía se teatralizaba, haciendo del cuerpo humano en vías de ser
disecado en todo un espectáculo, es decir el arte del cuerpo anatómico o el arte sobre el cadáver. Eldisecar un
cadáver se suponía para el anatomista el proyecto de ir reflexionando
sobre el encuentro de esas realidades corporales con la que se ambicionaba
perseguir o alcanzar por medio de los sentidos, actuando sobre ellas en un marco
bien organizado, a la manera de otras prácticas que implicaban la apertura de
un cuerpo muerto. Esto no solo generaría un interés científico, sino
también una gran curiosidad pública. Los actores y el público
en general del anfiteatro anatómico, estaban impregnando en una manera
específica de percibir y aprehender la naturaleza, la organización y el
funcionamiento del cuerpo humano, como si desde un balcón se tratara, al
interior de ese microcosmos que es el cuerpo humano, una casi perfecta obra de
la creación divina.
El cuerpo así expuesto
era, entonces percibido al mismo tiempo, como un recordatorio de lo efímera
que es la
vida “memento mori” (recuerda que morirás) y
de la dificultosa perfección de la obra de Dios como creador, a la que
el hombre se vinculaba con un gran respeto sin limitar o restringir las oraciones
rezos o plegarias previas a la disección y el minuto de silencio posterior (9).
No obstante, los cadáveres que eran obtenidos
para estas disecciones públicas provenían al comienzo de criminales ejecutados
como medio de castigo, pero ante el gran incremento en la demanda de cadáveres
para las facultades de medicina como sucedió para ese momento en Londres, los
mismos cirujanos y sus estudiantes se transformaron en profanadores de tumbas, para luego contratar los servicios ilegales
de exhumación a usurpadores profesionales que fueron denominados con el nombre
de los “resurreccionistas”, quienes preferían robar los cadáveres de personas
pobres dada la mayor facilidad de acceso a sus humildes túmulos sepulturas.
Entonces lo que refleja
el vocablo del latín caedere que significa
caer o caído, es el cuerpo atestado de relatos,
anécdota y/o memorias, y repleto de vivencias que ha caído irreparablemente y eternamente. Este podrá ser
contemplado, examinado, observado sepultado o
inhumado, incinerado o cremado, pero ya no será posible interactuar con él sino
desde una mesa de disección. No solo han finalizado
los difíciles procesos orgánicos biológicos,
sino que se ha paralizado el flujo biográfico
de acontecimientos, hechos, sucesos, vida e historia. Pero,
sin embargo, a pesar de todo el cadáver conserva una dignidad póstuma y un estatus
jurídico. No se puede hacer cualquier cosa con un cadáver: no se puede ni se
debe dejarlo insepulto, ni abusar de él, ni menospreciarlo,
denigrarlo, desprestigiarlo, entre otros.
Es por ello que se ha
tratado de reflejar, la realidad histórica para la obtención o adquisición de los cadáveres o sus
componentes anatómicos y como siempre estos representan junto a su disección
anatómica como su máxima expresión para la medicina, el conocimiento morfo-anatómico.
Pero la historia es mucho
más compleja y, desde luego, e incluso mucho más interesante. Lejos del
panorama de prohibiciones eclesiásticas y cuyos ecos aún se reproducen en
algunas desenfocadas proclamas de nuestra actualidad la disección anatómica se
convirtió en una experiencia de gran éxito para el proceso enseñanza-aprendizaje
de la anatomía humana.
En la actualidad del siglo XXI si bien la
tendencia hacia la utilización de simuladores 3D o 4D y modelos anatómicos es
creciente como estrategia de aprendizaje en la carrera de medicina, sin
embargo, para nadie es extraño ni un secreto que la mayoría de los cadáveres
que son disponibles para los anfiteatros anatómicos y que son empleados para la
disección, corresponde a cadáveres en condición de no identificados o no
reclamados por su familia, lo cual igualmente conlleva a una gran duda o incógnita o pregunta de trasfondo ético-bioético,
puesto
que estos proceden de personas excluidas o marginadas o en estado abandono social, en situación de pobreza y en
muchos casos víctimas de la creciente violencia, a los cuales no se les contemplaron,
ni se les reconocieron, ni se les consideraron sus más elementales derechos
fundamentales durante su vida y así como los derechos
post mortem (son un conjunto de derechos que se aplican a una persona después
de su muerte, y que se encuentran contemplados en instrumentos internacionales
y en la normativa nacional) y
mediante el consentimiento presunto, se convirtieron en cadáveres para la
disección anatómica en las facultades y escuelas de medicina, lo cual constituye e implica un gran
paradójica metamorfosis en un activo del anfiteatro
al cual no se les reconoce dignidad en este caso póstuma, ni valor intrínseco
como ser humano que fue en su determinado momento (7-9). |