Monografías docentes
Disección científica a la novela de Frankenstein o el moderno Prometeo
Debate médico de la obra
A más de doscientos años de su primera
publicación, la novela continúa atrayendo la atención, e interpretándose de
distintas formas que la misma Mary Shelley jamás habría imaginado (23). En el ámbito
medico se ha reinterpretado y debatido en temas como la ingeniería genética, la
biotecnología, los trasplantes y las cirugías reconstructivas. El personaje de
Víctor Frankenstein se ha asociado con el científico loco, con la posibilidad
de la creación de la vida artificial, o al menos la manipulación de la vida ya
existente en una dirección distinta a la que fue creada (4,7,9,10,24,25).
La obra de Mary Shelley permite abordar
los límites de la ciencia en temas como la responsabilidad moral en las propias
obras. Los peligros de la ambición en la investigación científica. La exigencia
de que los científicos no actúen al margen de la sociedad o la necesidad de la revisión
de los protocolos de investigación, representan algunos de los tópicos que
pueden ser abordados en el texto. La obligación en la delimitación de los
principios bioéticas asociados a la investigación medica y la necesidad de
supervisión externa, la convierten en un instrumento de docencia para los estudiantes
de ciencias de la salud (10,23,26).
Víctor Frankenstein estuvo obsesionado por
descifrar el principio de la vida, hacer nuevos descubrimientos y dar respuesta
a la ciencia, aun de manera imprudente. Varios aspectos negativos son señalados
a su investigación en diversos artículos y debates médicos de enseñanza. El
erudito no acató los preceptos morales y bioéticos, no comunicó a sus colegas
sus hallazgos, ni contrastó con otros estudios. Actuó al margen de la sociedad,
sin supervisión externa (4,7,9,10,23-26).
El joven científico no tomó en cuenta los
peligros que acarreaban sus ensayos y experiencias. Realizó tareas irracionales, repudiadas y
cuestionables con materiales biológicos como restos de cadáveres humanos y
animales, sin protocolos de seguridad o permiso de los familiares de los
fallecidos. En un laboratorio sin las condiciones de antisepsia o seguridad.
Hoy en día existe un ordenamiento jurídico que garantice los principios
bioéticos de trato al paciente (26).
A principios del siglo decimonónico, el
paciente estaba sujeto al criterio médico, el principio paternalista en el cual
el galeno tomaba todas las decisiones. Hoy en día el paciente posee su propia
autonomía para decidir la realización o no de alguna terapia o procedimiento,
sustentado en el consentimiento informado. Aunque este principio de autonomía
no existía para la época de la publicación de la obra, el paciente denominado
como la criatura fue abandonado y repudiado por su creador. Al inhalar y
exhalar el primer halito de vida, es un ser vivo con dignidad y derechos. Víctor
Frankenstein no lo entendió y renuncio a sus obligaciones ante el nuevo ser
viviente. De una manera u otra, la relación médico-paciente se fracturó, a lo
que le siguió un encadenamiento tormentoso, melancólico y antiético entre ambos
(10,26).
Para algunos autores no se puede definir a
Víctor Frankenstein como creador o padre, en vista que no lo engendro
biológicamente. El joven científico se limitó a realizar una labor quirúrgica
de ensamblaje de partes anatómicas, para posteriormente aplicar descargas
eléctricas de distintos orígenes, un rayo de una tormenta o pilas de compuestos
químicos. Los cirujanos de trasplantes o reconstructores, los especialistas que
aplican descargas eléctricas a través de un desfibrilador a sus pacientes en
situación de emergencia no son padres, ni creadores, son sus médicos (4,9,10,24,26,27).
Legado de la obra
El profesor de filosofía Fernando Sabater
señala que las criaturas y monstruos representan seres que ocasionan miedo o
repulsión, pero que hay que observar. Nos aterroriza, pero nos tienta y atrae,
es adictivo. Poseen una personalidad propia e indomable por el orden
establecido. Manifiestan sus sentimientos sin ataduras, aun de manera
primitiva. Cuando desaparece sentimos alivio, pero también decepción. Algo en
nuestro interior no desea que la criatura muera (28).
En la obra de Mary Shelley, la criatura desaparece en
el Polo Norte y en la primera adaptación cinematográfica sucumbe a las llamas. El
final del texto se enmarca en las primeras expediciones al Ártico organizadas por
el gobierno inglés. Una región desolada, fría, tormentosa y melancólica (2,13,16,29)
(Figura 5a-d) 
Figura 5. Desenlace
de la obra de Frankenstein en el Polo Norte (2,13,16,28).
a. Paisaje oscuro, desolado, frio,
tormentoso y melancólico. Según algunos críticos representa el aislamiento
emocional entre el creador y la criatura. Para otros simboliza el resultado de
la ambición desmedida por el conocimiento científico. b. Víctor Frankenstein, torturado por el remordimiento de su
creación y por la muerte de sus seres amados, persigue a la criatura hasta el Ártico.
c. La criatura atormentada por sus
actos, decide incinerarse para que nadie pueda encontrar sus restos. d. El joven científico es encontrado
por la expedición del capitán Robert Walton, quien le da refugio antes de
fallecer.
En cuanto a su autora, después de la primera publicación
y el deceso de su esposo, se consagra a la literatura, al cuidado de su único
hijo vivo, y al recuerdo de Shelley. De regreso a Londres tras un viaje por el
continente, comenzó a sufrir los primeros síntomas de un tumor cerebral, que
acabaría por llevarla a la tumba el 1 de febrero de 1851. Tras su
fallecimiento, cuando sus allegados revisaron sus pertenencias encontraron,
envuelto en seda y junto a un poema, el corazón del que había sido su esposo y
mentor. Tal vez lo conservó en espera de que, algún día, un Víctor Frankenstein
de carne y hueso le devolviera su latido (8).
En la conciencia colectiva el creador y la criatura no
han muerto. Están vivo por generaciones y generaciones desde la primera
publicación. Hoy en día gozan de excelente salud. La obra continúa fascinando,
levantando sentimientos y emociones en todas las edades. Su adicción ha crecido y se prolonga más allá
en la abnegada legión de fanáticos que adquieren la novela, se deleitan con las
adaptaciones cinematográficas y coleccionan toda la mercancía relacionada con
la criatura (28).
Doscientos años después de su primera publicación, sus
temas trascendentales sobre la vida y la muerte siguen siendo motivo de
interés, debate y opinión en las comunidades médicas y científicas (21). Algunos autores
afirman que Frankenstein representa la primera obra que se puede encuadrar
dentro de la categoría de ciencia-ficción. La ciencia que hay
detrás de Frankenstein nos recuerda que las discusiones actuales tienen una
larga historia, y que los términos de nuestros debates ahora están en muchos
sentidos determinados por ella (22).
Fue durante el siglo decimonónico cuando la gente
comenzó a pensar en el futuro como un lugar diferente, hecho de ciencia y
tecnología. Novelas como esta, en las que los autores construyeron su futuro a
partir de los ingredientes de su presente, fueron un elemento importante en esa
nueva forma de pensar sobre el mañana (22).
Frankenstein y cristianismo
En la obra de Mary Shelley, el cristianismo se
descubre a través de temas como la creación, la responsabilidad moral y la
naturaleza humana. La novela parangona entre la creación de la criatura por
parte de Víctor Frankenstein y la creación de Adán por Dios. Sin embargo, con
la diferencia de que el joven científico impulsado por la arrogancia, asume
decisiones que solo corresponden a Dios, y abandona a su creación de manera
negligente (10,26). Solo Dios crea, lo hace con amor y se preocupa por su creación (30).
El argumento explora la ambivalencia de la naturaleza
humana, mostrando tanto la capacidad de creación como la de destrucción. Tanto
en Víctor Frankenstein como en la criatura convergen la belleza y el sentido de
la vida, pero también la tristeza y destrucción del manejo negligente y
arrogante de la capacidad de dar vida (10,26,27,30,31).
La
novela cuestiona la búsqueda desenfrenada de conocimiento y la posibilidad de
que la ciencia, sin ética y sin Dios, pueda llevar a la destrucción. El texto
explora las consecuencias de la irresponsabilidad de Víctor Frankenstein hacia
su creación, lo que lleva a la desolación y el sufrimiento. Al juzgar y
rivalizar a Dios de manera arrogante, su propia creación lo lleva a la ruina (4,9,10,22,26). La obra señala la importancia de la necesidad
de una orientación religiosa en un mundo en constante cambios tecnológicos (24,30,31).
El ultimo Papa Magno señalaría que el respeto de la
vida exige que la ciencia y la técnica estén siempre ordenadas al hombre y a su
desarrollo integral (27). |