Dr. Enrique tejeras: Hombre de cosechas infinitas
Visión Tejeriana
La
pasantía por el Instituto Pasteur de Francia, dejó en el Dr. Tejera
una marcada influencia de la escuela Gestalt, según la cual “el
todo es más que la suma de las partes”, por lo cual no era de extrañarse
que el doctor analizara las situaciones y circunstancias en su contexto total
y no de manera fragmentada. También pensaba que no es suficiente con
aprender las cosas, sino que deben ponerse en práctica los conocimientos
adquiridos en todo ámbito: las aulas, el laboratorio, el campo, la ciudad
o el consultorio. Concebía la educación desde el lado teórico
y el práctico.
En el libro
“Gente de Ayer y de Hoy al Servicio de la Salud”, se define al Dr.
Tejera en tres palabras claves: responsabilidad, entendida como “el deber
ser”. Para Tejera la responsabilidad era “el hacer bien lo que hubiera
que hacer”; la comprensión, que consistía en “manejar,
captar y entender las relaciones entre los fenómenos” y la contemporaneidad,
definida “como la capacidad de coexistir integralmente con otras personas
en el mismo tiempo y en el mismo espacio”.
En palabras de su
sobrina, la Doctora en Letras María Josefina Tejera, la característica
que definía al doctor Tejera era “la responsabilidad”, a
la cual debió su éxito en todos los campos en los que incursionó.
De hecho, “desde muy joven se sintió responsable de su país,
y más tarde de todos los ciudadanos del mundo, de allí su actuación.
Eso explica sus intervenciones en los medios donde manifestaba sus críticas
con dureza. En cambio, en sus relaciones familiares y con sus amistades fue
consecuente y afectuoso. A su madre, por quien sintió un afecto especial,
la visitaba todas las tardes, aunque hubiesen otras actividades que lo requirieran”.
Aunada a
esta cualidad, el Dr. Tejera era un hombre sumamente trabajador: “el solía
despertarse a las cuatro de la mañana y pasaba dos horas leyendo revistas
médicas internacionales para estar al día con los avances y técnicas,
luego descansaba para agarrar fuerzas e ir a trabajar al Instituto de Higiene”.
Esta actitud
no era casual, y es que el Dr. Tejera era del pensar que las cosas simplemente
se obtenían mediante el esfuerzo y el trabajo arduo, “con honestidad
y deseos de servir al país y no de servirse del país para sí
mismo”, razón por la cual su sobrina considera que el Dr. Tejera
“murió en el momento justo, porque de estar vivo no estaría
contento con la situación actual”.
Fue precisamente
esta manera de pensar y obrar lo que lo llevó a compartir escenarios
con destacadas personalidades, tales como Alexander Fleming, descubridor de
la penicilina; sembrar un árbol en el Parque del Este de Caracas junto
a Rómulo Gallegos, recibir "El Gran Cordón de la Orden del
Libertador" de manos del entonces Presidente de la República Rómulo
Betancourt y asistir a reuniones de personalidades como el insigne botánico
y naturalista suizo, Henri Pittier.
Además
era muy amigo de Medina Angarita, quien fue Presidente de Venezuela (1941-1945),
del destacado escritor Arturo Uslar Pietri, de Nicomedes Zuluaga con quien estaba
emparentado, de Policarpo Espejo y Roberto Massiani, colaboradores con él
en el Ministerio de Sanidad, de Diego Nucete Sardi y del médico parasicólogo
Arnoldo Gabaldón, y de otros médicos de la época como Pastor
Oropeza, José Baldó, Martín Vegas, Leopoldo García
Maldonado, Félix Lairet y Martín Vegas.
Enrique
Tejera Guevara dedicó su vida no sólo a compartir su labor de
investigación al progreso de la medicina venezolana, sino a desempeñar
cargos políticos y sociales, que lo hicieron merecedor de una serie de
reconocimientos, homenajes y distinciones, tanto a nivel nacional como internacional.
Nacido en
1889, y desaparecido físicamente el 18 de noviembre 1980 en Caracas,
su vida abarcó el desarrollo de una amplia gama de actividades. Fue médico,
profesor, microbiólogo, investigador, micetólogo (uno de los primeros
actinomicetólogos de América), conservacionista, Presidente del
Estado Carabobo, Ministro de Sanidad y Embajador Plenipontenciario ante Bélgica,
Uruguay y Paraguay respectivamente. Aunado a todo esto, estuvo estrechamente
relacionado con el Instituto Nacional de Higiene
"Rafael Rangel", su “segundo hogar”. Aún hoy,
a 25 años de su muerte, sigue vigente su gran legado a la medicina venezolana. |