Octubre-Diciembre 2004 21
DOI:10.70024 / ISSN 1317-987X
 
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Subjetividad y mutualidad en el encuentro analítico

La búsqueda de la objetividad analítica

Entendida la transferencia como inicialmente fue concebida, permitió exonerar al analista de cualquier tipo de influencia sobre la mente del paciente. Los fenómenos transferenciales, por definición, fueron considerados distorsiones determinadas históricamente. El concepto abrió así la posibilidad de un nuevo tipo de observación cónsona con los postulados positivistas de la ciencia de la época.

Las producciones repetidas del paciente enfrentado a un mismo interlocutor, permitieron a los practicantes suponer la posibilidad de descubrir mecanismos no aparentes basados en un pasado distante y olvidado (o reprimido). El terapeuta podía entonces salvar las lagunas mnémicas y reconstruir el pasado ignorado por el paciente. Este proceso además, parecía haber mostrado su poder curativo desde el caso de Anna O. Las diversas formas de presentación de las transferencias sirvieron a la vez como base para la creación de una singular y novedosa nosología.

El trabajo clínico permitió a Freud recopilar y sistematizar prontamente un abundante repertorio de cuanto parecía ser “lo observable”. Las variaciones clínicas de estos fenómenos, sus modificaciones dentro de cada sesión y a lo largo de múltiples sesiones de trabajo, guiaron a Freud a hacer hipótesis y a postular la existencia de variables y fuerzas reguladas por un sistema o serie de leyes y normas, que progresivamente le llevaron a proponer un modelo esquemático de la mente. El conjunto de las variables postuladas, las fuerzas y leyes que utilizó para explicar su funcionamiento dentro del modelo, constituyen el cuerpo doctrinario de la metapsicología analítica freudiana.

La metapsicología permitió establecer normas para el trabajo con los pacientes, dirigidas de hacer más objetiva la observación. Una serie de procedimientos técnicos quedaron sentenciados así, como los típicos de la nueva modalidad terapéutica. Freud trató por todos los medios de alejar de su método al fantasma de la sugestión, y las normas o principios de la abstinencia, anonimato y neutralidad, en unión al empleo de las interpretaciones -idealmente “objetivas” y centradas en la transferencia- como única modalidad de intervención del terapeuta, fueron la base y corazón de la clínica psicoanalítica. Su temor por la posible destrucción de la ciencia por la terapia (ver la cita al inicio del artículo) desapareció al crear una meta-ciencia (la metapsicología).

A semejanza de la metafísica en el caso de la física, la metapsicología trata de aspectos no evidenciables, pero supuestamente esenciales y al margen de la posibilidad de la observación o demostración científica. Sus postulados básicos por lo tanto no podían ser científicos y constituyeron para muchos, principios de fe, y por lo tanto no discutibles, demostrables o refutables por los medios comunes a las ciencias. Probablemente Freud entendió el problema planteado por la metapsicología como hipótesis aparentemente capaz de brindar una explicación total, no sólo a la psicología sino a la condición humana, y negó, quizás defensivamente, que su teoría tratara de ofrecer tal grado de entendimiento (Freud, 1933).

Probablemente, el desarrollo del psicoanálisis sólo fue posible cuando sus practicantes pudieron estar tranquilos dentro del marco de seguridad brindado por la metapsicología. Esta permitía, aparentemente, entender qué le pasaba en las mentes de los pacientes. Las fuertes presiones emocionales que aparecían en las sesiones eran controlables para el analista al plantear que, cuánto ocurría en ese “conmigo, aquí y ahora” resultaba la distorsión patológica de la realidad por el paciente; eran sombras repetidas del “con otro, allá y entonces”, y no podría ser de otra manera cuando el analista aplicaba estrictamente su técnica, la cual permitía, supuestamente, observar sin influenciar al paciente, sin participar para nada en la creación o producción de una realidad presente distinta de la realidad interna del paciente. La mente aislada del paciente era así, el objeto de la observación analítica. El psicoanálisis inicialmente fue por lo tanto monádico, unipersonal e intrapsíquico.

Introducción
La búsqueda de la objetividad analítica
La resistencia al reconocimiento de las interacciones e ínter subjetividad en la terapia analítica
Los temores de la disidencia
La dimensión ínter subjetiva, la realidad y la experiencia humana
La trascendencia conceptual de la ínter subjetividad del encuentro analítico
Conclusiones
Referencias

NOTA: Toda la información que se brinda en este artículo es de carácter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.





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