Octubre-Diciembre 2004 21
DOI:10.70024 / ISSN 1317-987X
 
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Subjetividad y mutualidad en el encuentro analítico

La trascendencia conceptual de la ínter subjetividad del encuentro analítico

La multiplicidad de posibles resultantes de la ínter subjetividad ineludible en la vida real, y como parte singular de ella, en las sesiones analíticas, nos fuerza a una mayor modestia en nuestra visión y entendimiento. También nos muestra paradójicamente el poder de nuestras intervenciones, pues nos hace responsablemente magos del tiempo al ser agentes junto al paciente, en la selección o creación de nuevas realidades (Modell, 1990). Desde nuestro primer encuentro con los pacientes estaremos inmersos en la dialéctica ínter subjetiva y en la creación de un particular escenario, respetuoso, formal, ético y a la vez profundamente íntimo (Ogden, 1992), en el cual la principal libertad del terapeuta y del paciente es el pensar y repensar compartidamente.

A pesar de la peculiar formalidad y del compromiso ético del analista, la inevitable subjetividad de los participantes hace imposible mantener como válidos los ideales clásicos del anonimato, neutralidad y abstinencia (Hirsch, 1985, 1995, Renik, 1993, 1998, 2004). La mayoría de las motivaciones más importantes del analista para intervenir de determinada manera en las sesiones deriva de disposiciones y configuraciones emotivo-ideatorias inconscientes, y por lo tanto ocurren fuera de la posibilidad de ser detectadas en el momento. Renik (1993) ha defendido la idea de que la percepción misma de la contratransferencia sólo es posible a posteriori, al observar como el analista la ha llevado o traducido en la acción (“enactment”).

Es en el campo de la mutualidad interpersonal, que podemos entender como el lenguaje compartido de la ínter subjetividad, donde se hace necesaria la aparición activa y dinámica de las defensas descritas en nuestra literatura analítica clásica. De larga data sabemos que cualquier actividad mental puede tener usos defensivos, pero siempre la necesidad de establecer una defensa está sustentada en el encuentro interpersonal, interactivo y mutuamente subjetivo. De igual manera, es en el mismo campo en el que las defensas pueden apreciarse y resolverse. El par terapéutico poco a poco se torna experto y hábil en percibirlas y de esta manera crea insight. El insight en la dimensión ínter subjetiva no es una visión descubridora de lo viejo y oculto, de un inconsciente previo y existente de forma independiente al encuentro. Resulta como realización novedosa en la cual el paciente y el analista son sus co-creadores (Ruiz Manresa, 2004). Este hecho también implica que al igual que las defensas resultan de las vicisitudes del campo interpersonal e ínter subjetivo de las relaciones humanas (y del encuentro terapéutico), el inconsciente con el cual lidiamos como analistas resultará ser mucho más fluido, cambiante y dinámico de lo que pudo plantear Freud. Estará en continua creación y modificación en cada participante de cada encuentro interpersonal. En la relación analítica, tanto las defensas como lo inconsciente que resulta de ellas, y el insight que los pone en evidencia, resultan al final de creaciones compartidas realizadas en el juego dialéctico del intercambio, interrelación e ínter subjetividad de los participantes (Ruiz Manresa, 1995, 2003, 2004).

La visión resultante del inconsciente descrito en el párrafo anterior, difiere del concepto tradicional freudiano. Para aquel, el inconsciente es un registro histórico fidedigno con carácter de verdad interior incontrovertible, pero deformada o transformada en sus expresiones por el yo del sujeto. El analista genérico freudiano, observador, no participante y dotado de un don singular, tendría la capacidad de captarlo o descubrirlo. De esa forma, el analista es vehículo para la transformación en el paciente de lo inconsciente al consciente, y las consideraciones técnicas clásicas servirían como instrumental garante para hacer posible la transformación.

Las neurociencias contemporáneas nos brindan sin embargo, una visión diferente de los registros mnémicos, continuamente cambiantes y de tipo asociativo, recreados cada vez que son evocados. De manera que cada memoria distante que es recordada en nuestro banco o buffer de memoria de trabajo por un breve tiempo, para ser nuevamente armada en una nueva versión de memoria asociativa modificada en relación a la anterior.

El inconsciente creado (y/o) revelado, en este modelo interpersonal, puesto en evidencia por el trabajo analítico (insight), es nuevo material para el procesamiento y la organización de nuestras memorias. El paciente lo ubicará en complejas interfases entre ese conocimiento, su mundo interno, y los contextos presionantes que resultan de la relación con el objeto externo presente, en nuestro caso dentro de las sesiones, el analista. El contexto interactivo sustentado y la caracterología del paciente determinarán modificaciones inmediatas de ese conocer actual, así como modificaciones del conocer previo. Algunos aspectos propiciarán el empleo de nuevos procesos defensivos, de los cuales resultarán nuevas construcciones automáticas o inconscientes, con marcados determinantes del campo interpersonal vivido en el aquí y ahora. Nuevos ciclos de revelación - descubrimiento – y creación, dan al proceso el carácter de espiral en continuo desarrollo y modificación. La mayor parte de esos procesos ocurrirán fuera de la esfera de la conciencia y probablemente estén configurados dentro de la modalidad de las memorias implícitas o procesales (Turnbull y Solms, 2003). Este tipo de memoria es particularmente larga y relativamente rígida. Cuesta tanto trabajo modificar la manera como bailamos o desempeñamos un proceso automático, como montar una bicicleta, como modificar nuestra manera de entender, observar e interpretar nuestro mundo de acuerdo con la estructura de nuestra personalidad. Esta es una de las razones de la duración de los tratamientos analíticos.

El resultado final es el de la estructuración progresiva e interminable de narrativas con componentes conscientes aceptables como verdad consensual, y con correlatos inconscientes constituidos por otras narrativas. En un corte instantáneo, las narrativas corresponden a las verdades privadas e intimas del sujeto en el momento. Sin embargo, éstas, son flexibles y modificables continuamente a través de las experiencias interpersonales (y por lo tanto también las terapéuticas). La cura en este modelo engloba los paradigmas anteriores y los expande al plantear que en esencia, el sujeto queda libre del rigor del hecho histórico en sí mismo. Su mundo interno inconsciente y su esfera cognoscitiva tienen la posibilidad de reformulación continua (Spence 1982).

El inconsciente del modelo interpersonal es por lo tanto, uno en continua revisión y actualización en función de las experiencias interpersonales. Dista de los supuestos biológicos e instintivos, y supone que el campo de la clínica no incluye a éstos como variables susceptibles y accesibles a la acción del terapeuta. Desde las primeras experiencias del infante, la interacción y la ínter subjetividad vivida entre el bebé y la madre, son factores del desarrollo mismo del inconsciente, como propiedad y cualidad emergente del desarrollo, en particular del hemisferio derecho, dependiente de las experiencias emocionales tempranas (Schore, 2003). De estas vivencias emocionales interactivas e ínter subjetivas, el niño progresivamente incorpora sentidos a sus experiencias y desarrolla funciones de regulación emocional, como pueden serlo la culpa o la vergüenza, funciones que en psicoanálisis referimos al super yo (Schore, 1991).

El rol del analista participante dentro de esta concepción incluye aspectos del investigador del modelo clásico, del analista cuidadoso de establecer el entorno o holding adecuado del modelo centrado en las fallas del desarrollo, y finalmente incorporará en su esquema de trabajo el entendimiento de una dinámica inexorablemente interpersonal e ínter subjetiva. Cada intervención estará hilvanada a determinantes interactivos previos y a consecuencias o emergentes igualmente interactivos, que servirán de material a las siguientes intervenciones. En todo material presentado por el paciente, el analista encontrará, no sólo explicaciones de las discontinuidades atribuibles al mundo inconsciente intrapsíquico, sino también los núcleos de enganche con las situaciones actuales del aquí y ahora, que han reactivado la relación entre lo interpersonal y lo intrapsíquico. Cada manifestación de transferencia por lo tanto, no será considerada como simple repetición distorsionada de un pasado riguroso, delineada por el inconsciente clásico, sino como la emergencia viva de un nuevo conjunto de construcciones continuas entre inconsciente y consciente, y cuyo material conjuga pasado, presente, lo privado unipersonal y la dimensión interactiva interpersonal.



Continua: Conclusiones

Introducción
La búsqueda de la objetividad analítica
La resistencia al reconocimiento de las interacciones e ínter subjetividad en la terapia analítica
Los temores de la disidencia
La dimensión ínter subjetiva, la realidad y la experiencia humana
La trascendencia conceptual de la ínter subjetividad del encuentro analítico
Conclusiones
Referencias

NOTA: Toda la información que se brinda en este artículo es de carácter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.





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