Pediatría
Enfermedad de Huntington infantil en paciente escolar. A propósito de un caso
Discusión y conclusiones
Esta
enfermedad es causada por una expansión de repetidos CAG en el gene que
codifica para la proteína huntingtina en el cromosoma 4. Histopatológicamente
se caracteriza por atrofia del núcleo estriado, así como de otras estructuras
corticales y extraestriatales (2). Vásquez et al
(3), en Costa Rica, reportan un caso clínico de EH infantil, no confirmado a
nivel molecular, con historia familiar por línea materna, estudiado en el
Hospital San Juan de Dios en el año 1974, época en la cual aún no se había
descubierto el gen ni la mutación causante de la EH. Paciente preescolar
femenina que a los cinco años de edad inició con movimientos coreicos y
episodios convulsivos, además de presentar un importante deterioro mental,
anormalidades del lenguaje y atrofia cortical y subcortical (3). En este caso
clínico la paciente escolar femenina de seis años de edad, presentó enfermedad
de Huntington diagnosticada y corroborada por prueba genética en 2017 con 125 repeticiones,
historia familiar de antecedente paterno fallecido por dicha patología. Comenzó
con manifestaciones clínicas y edad similar que el caso reportado en la
literatura, dadas por episodios convulsivos y movimientos coreicos acentuados,
progresivamente hasta la edad de 10 años de edad, con trastorno global del
neurodesarrollo.
Varios estudios han demostrado que cada
hijo de una persona portadora del gen de la EH, tiene un 50 % de probabilidades
de heredar en gen alterado. La EH no salta ninguna generación, pero los
síntomas de la enfermedad si pueden hacerlo (4). Es improbable que la EH
juvenil se presente en ausencia de una historia familiar de EH, aunque en
ocasiones el niño puede presentar síntomas antes que los padres cuando hay
anticipación genética extrema. En ausencia de antecedentes, la historia
familiar debe revisarse a profundidad, con un miembro de la familia con
conocimientos amplios y detallados. En la EH juvenil, la transmisión es por vía
paterna y se asocia con tamaños de repeticiones muy grandes (3).
En un reporte de 12 pacientes con EH
juvenil en Iowa, encontraron que había antecedentes heredofamiliares en 100 %
de los pacientes. La edad media del diagnóstico en los pacientes de EHjuvenil
es de 7,9 años, el número de repeticiones está entre 66-130 CAG y la
transmisión es por vía paterna en 8 pacientes (67 %). Las manifestaciones
iniciales más frecuentes son los problemas cognitivos, seguidos por la
disfunción orofaríngea, problemas con la habilidad motora fina, la marcha,
trastorno conductual y convulsiones. El factor fundamental que influencia la
edad de inicio en la EH es el número de repeticiones CAG. Las expansiones entre
40 y 50 repeticiones CAG son vistas con frecuencia en personas en quienes la
enfermedad se presenta entre los 30 y 50 años (EH clásica), mientras que la
juvenil se manifiesta, por lo general, cuando se sobrepasan las 60 repeticiones
(1). En este caso la paciente presentaba 125 repeticiones.
El inicio monitorizado de la (EH) está
fuertemente relacionado con el número de repeticiones de trinucleótidos CAG en
el gen de la huntingtina, lo que sugiere que la edad del tejido biológico
desempeña un papel importante en la etiología de la enfermedad. Recientemente,
un estudio toma ADN como un biomarcador basado en la metilación de la edad del
tejido, se ha avanzado como un reloj de envejecimiento epigenético. La EH se
asocia con aceleramiento en la edad epigenética de regiones específicas del
cerebro como lóbulo frontal, lóbulo parietal y más ampliamente con cambios
sustanciales en los niveles de metilación cerebral (5). Se han descrito cuatro
formas de presentación de la EH, que dependen de la edad de inicio de los
síntomas: EH clásica (30-50 años de edad) que representa la mayoría de los
pacientes, EH de inicio tardío (>50 años de edad) que representa el 20% de
los pacientes, EH juvenil (≤ 20 años de edad) que representa el 5 %-10 % de los
pacientes y la EH infantil (< 10 años de edad) que representa 1 %-3 % que es
el caso de la paciente (3).
La enfermedad de Huntington como 2 (HDL2)
se presenta en jóvenes, es la más común fenocopia de la EH e inversamente
relacionada con las repeticiones CAG, está causada por la expansión de
repeticiones de trinucleótidos en el gen de la junctofilina 3, JPH3 (16q24.3),
son más frecuentes en pacientes de origen africano. En 2019 se realiza un
estudio comparativo de imágenes para determinar la afectación a nivel cerebral
de la HDL2 y EH, una revisión sistemática de 69 casos publicados de HDL2
reporta 20 imágenes de resonancia magnética de pacientes con HDL2 descritas
como indistinguibles de EH. A pesar de que EH y HDL2 son causadas por
mutaciones en diferentes genes, que están vinculados a diferentes funciones
dentro de la célula, la mayoría de los informes cualitativos de resonancia
magnética nuclear (RMN), análisis neuropatológico, y fenotipo clínico, destacan
las similitudes entre ambos trastornos. El hallazgo clave de este análisis es
la similitud entre las resonancias magnéticas de pacientes EH y HDL2, con la
notable excepción de que los pacientes con HDL2 tienen un promedio de 21 % en
el volumen talámico, siendo más pequeño en el grupo HDL2 en comparación con el
grupo EH (6).
Un estudio reciente ha reportado un
empeoramiento de 3 puntos por año en la escala motora, 7 puntos por año en las
escalas cognitivas y 6 puntos por año en la escala conductual, por lo que el
diagnóstico temprano permite optimizar la atención. En el caso del paciente
obtuvo un alcance normal de desarrollo hasta los seis años, posteriormente
presentó pérdidas de las destrezas tanto motoras como cognitivas,
progresivamente hasta una fase terminal de encamamiento, hipertonía y epilepsia
refractaria (7). En niños se describen tres fases de la enfermedad: una fase
inicial de trastorno de conducta, dificultad de aprendizaje, trastorno de la marcha
y corea leve; una fase florida con signos de deterioro mental, rigidez,
problemas para el lenguaje y convulsiones; y una fase terminal de encamamiento,
hipotonía y convulsiones en aumento. La evolución de la enfermedad es más
rápida en niños, con una supervivencia media de 8 años desde el diagnóstico
(1). Varias literaturas describen diferentes manifestaciones clínicas, dentro
de las cuales resaltan los trastornos motores que son la característica central
de la enfermedad, está fuertemente relacionada con el número de repeticiones de
trinucleotido CAG, el más reconocido es la corea, pero también se pueden
presentar síntomas como la distonía, bradicinesia, rigidez, mioclonus, tics y
temblores, así mismo, los pacientes presentan progresivamente pérdida de control
de los movimientos voluntarios, la neurodegeneración afecta principalmente a
las neuronas espinosas de tamaño mediano estriado de los núcleos neostriatales,
el núcleo caudado y el putamen, explicando así los síntomas motores graves (5).
En trastornos cognitivos, se encuentran en las habilidades tales como la
organización, percepción, déficit de atención, alteración en la planificación y
resolución de problemas y déficits visuales, perceptivos y de la construcción
siendo causa principal de internamiento de pacientes en estancias de cuidado.
En los trastornos psiquiátricos, la
depresión es el trastorno psiquiátrico más común, seguido de la apatía,
retraimiento social y la desinhibición (1).
Otros síntomas asociados a la enfermedad
son, pérdida de peso involuntaria, asociada a disminución del apetito y
alteraciones de la deglución, los trastornos del sueño y alteraciones del ritmo
circadiano (1). La paciente presentó exacerbación de movimientos involuntarios
como trastorno motor, teniendo como complicaciones úlceras por presión y
solución de continuidad de labio inferior con exposición de piezas dentales,
corregidas en varias ocasiones, pero por efectos de la persistencia de
movimientos involuntarios, sin logro de la corrección total y con pérdidas
continuas de las rafias por dehiscencias de las suturas. Además se asoció
pérdida de peso con desnutrición crónica por el incremento del metabolismo y
desenlace fatal por falla respiratoria, posterior a Broncoaspiración, como
complicación de los trastornos motores orodeglutorios asociados.
En general, en un niño o niña con una
historia familiar de EH, la presencia de retraso en el desarrollo psicomotor,
epilepsia, trastorno del movimiento, disfunción cognitiva o problemas
conductuales, debe considerarse una manifestación potencial de EH. La
tecnología genética ha llevado a la confirmación del diagnóstico, así como a
una mejor comprensión de la fisiopatología de la enfermedad. Sin embargo, en
este momento, no existe su cura y el manejo es solamente sintomático (1). Hoy
en día existen varias técnicas genéticas disponibles para que los embriones
estén 100 % libres de la mutación causante de la EH, permiten realizar el
análisis prenatal mediante la amniocentesis en la semana 14 o mediante una
muestra de cordón umbilical entre las 9 y 12 semanas de gestación (4).
El fenómeno de la anticipación genética es
mayor si la enfermedad es trasmitida por el sexo masculino, el tamaño de las
expansiones es particularmente inestable en los espermatozoides y la meiosis
repercute en gran medida en su inestabilidad provocando así aumento del número
de las repeticiones CAG, explicando que la trasmisión paterna es la que provoca
con mayor frecuencia el fenómeno de anticipación (8, 9). Lo cual podría
explicar el inicio temprano de la EH infantil en este caso clínico. Las
personas con un fenotipo extremadamente benigno en comparación con otros
individuos con la misma mutación y de la misma edad pueden estar beneficiadas
de otros factores genéticos que proporcionan un efecto protector mientras que
en una modificación genética particularmente desfavorable el efecto puede haber
contribuido a un fenotipo extremadamente agresivo. Por tanto, la identificación
de extremos fenotípicos puede ayudar a identificar factores contribuyentes y
por lo tanto, ofrecen una ruta para encontrar nuevos objetivos para el
desarrollo de tratamientos (10). El abordaje terapéutico incluye medicamentos
(ejemplos antiepilépticos), terapia ocupacional, terapia del lenguaje y
fisioterapia. Por el momento, los tratamientos se dirigen a reducir la
sintomatología, mientras no se pueda “curar” la condición de portador de la
mutación (10).
Los cuidados paliativos son definidos por
la Organización Mundial de la Salud como un enfoque de atención que mejora la
calidad de vida de las personas enfermas y de sus familias afrontando los
problemas asociados con enfermedades mortales a través de la prevención y
alivio del sufrimiento. Se pueden aplicar desde fases iniciales, paralelamente
a otras terapias que intentan prolongar la vida. La necesidad de cuidados
paliativos en la enfermedad de Huntington de comenzar apenas se considere el
diagnóstico (1). CONCLUSIÓN
Realizar el diagnóstico oportuno de esta
enfermedad es muy importante, para poder conocer el pronóstico y comunicarlo al
paciente y a su familia, así como proporcionar la mejor calidad de vida ante el
curso progresivo, incurable y letal. Se espera que las investigaciones a nivel
mundial traigan a la luz nuevas alternativas para tratar esta enfermedad y
alberguen esperanza a las familias portadoras de este trastorno. |