Obstetricia
Morfología placentaria macroscópica de pacientes con diagnóstico de COVID-19
Discusión
Venezuela al igual que el resto del mundo
ha sido sacudida por el COVID 19, hecho del cual no escapa la población EMB
cuyo riesgo crece exponencialmente debido a que sustenta dentro del claustro
uterino al producto de la gestación. La enfermedad por COVID-19 y EMB es un
tema poco estudiado en comparación de la esfera respiratoria. En la
investigación, las EMBs que adquirieron la infección por COVID-19 se
encontraban entre los 15 a los 44 años con promedio de 26,42 ± 7,82 años; el 70
% estaba al término de su EMB.
Rasmussen
y cols. (8) reportaron 18 EMBs con enfermedad por COVID-19 en el año 2019, todas las
infecciones se produjeron en el tercer trimestre y los hallazgos clínicos
fueron similares a los de adultas no grávidas, y en algunos casos se observó
sufrimiento fetal y parto prematuro, semejante a lo encontrado en el presente
estudio, difiriendo en la edad gestacional que en nuestro caso fue en el
segundo trimestre la mayor población, y donde 25 % de los neonatos presentaron puntuación
de Apgar menor a 7; 28 % ameritó UCIN y 28 % tuvo dificultad respiratoria.
No
obstante, Pérez y cols. (9), incluyeron 14 pacientes con media de 29.3 semanas
de EMB. 78,5 % multigestas y 21,4 % primigestas, su edad media fue 22,6 años.
El 71,4 % tenía obesidad o sobrepeso como comorbilidad. Síntomas: 28,4 % tos,
14,2 % fiebre y 14,2 % tos, fiebre, odinofagia y diarrea. La mayoría fue de
presentación leve (71,4 %) y 28,5 % moderada. No hubo evidencia de infección
vertical en ninguno de los casos, muy semejante a la presente investigación. En
la cual, 40 % fueron segundigestas, 37 % eran multíparas y un 23 % fueron
primigestas. Los síntomas referidos por las embarazadas con involucraron la tos
(80 %); la fiebre (50 %), teniendo concordancia con lo mencionado. Sin embargo
no hubo reporte de odinofagia o diarrea.
Por
otra parte y en contraste con lo mencionado por Soto y cols. (10) que señalan aumento del grosor placentario en
las EMBs con COVID 19, en el estudio el grosor placentario fue normal en el 68 %
de los casos, y solo un14 % de la muestra presentó un aumento de dicho grosor,
difiriendo el presente estudio con a estos hallazgos. Asimismo, estos autores reportaron que un total de 52 de 57 (91,23 %)
pacientes con infección por SARS-CoV-2 tuvo leve síntomas o tos, 59,65 % tenían
fiebre, 26,32 % tenían mialgia, 38,60 % tenían dolor de cabeza, 14,04 % tenían
odinofagia, 19,30 % anosmia, 3,51 % ageusia, 21,05 % disnea; 19,30 % neumonía.
El espesor placentario fue significativamente mayor en el grupo de embarazadas
con COVID-19 que en el grupo control (p<0,001) en los 3 trimestres. Aunque
la diferencia no fue significativa en el primer trimestre (p>0,05), fue
significativa en el segundo trimestre (p<0,001) y tercer trimestre
(p<0,001).
García
y cols. (11) describieron las características ecográficas macroscópicas de las
placentas de EMBs infectadas. La edad media de las madres fue de 36,4 años
(26-43 años). Se observó un aspecto
heterogéneo anormal de la placenta con coexistencia de áreas hipo e
hiperecoico, sugestivas de infarto y calcificación respectivamente. Todas las
placentas tenían las mismas características macroscópicas con apariencia de red
moteada blanquecina que afecta al menos al 80 % de la economía placentaria.
Mientras que Staicu y cols. (12) identificaron los hallazgos ecográficos adaptados
al momento de la infección por SARS-CoV-2. Observaron la aparición de focos
hiperecoicos dispersos, sin sombra acústica posterior, diseminados por la
placenta, aumentando en número y tamaño con exámenes consecutivos, creando una
apariencia de “cielo estrellado” similar al patrón ecográfico descrito en la
hepatitis aguda. Estos focos se fusionaron más tarde para formar hendiduras
interlobulillares, en forma de araña y en forma de coma. Posteriormente, las
lesiones se organizan para formar un conglomerado calcáreo consistente a lo
largo de toda la placa basal, una “línea blanca” con bordes en negrita hacia la
placa coriónica formando ángulos blancos. Los cambios placentarios imitan el
proceso de envejecimiento fisiológico, pero ocurren antes en la gestación;
focos eco densos están más extendidos y se organizan en un corto período para
formar la línea blanca ecoica. Sin embargo, estos hallazgos no guardaron
relación con los registrados en el estudio realizado. Los casos nacidos
prematuramente por cesárea (23 %) fueron ingresados y seguidos en una UCIN
nivel III durante 3 meses. No presentaron fiebre ni signos sugestivos de
infección. En la presente serie no se encontraron ninguna de estas
características placentarias por ultrasonido, apareciendo imágenes normales,
mientras que la evolución neonatal de los productos es muy semejante a lo
mostrado por nuestro estudio Estas observaciones son similares a las encontradas
en el estudio realizado en cuanto a la evolución neonatal donde presentamos 25 % de los neonatos obtuvo puntuación Apgar
menor a 7; el 28 % requirió ingreso a UCIN y el 28 % presentó dificultad
respiratoria.
De forma
similar, en esta investigación se encontró, además una correlación negativa con
cierta fuerza estadística entre el lapso desde la infección por SARS-CoV-2
hasta la primera mención de cambios ecográficos placentarios y peso placentario
pequeño (r = −0,47, p = 0,124) y peso fetal al nacer (r = −0,316, p = 0,318).
Tras la evaluación de las imágenes placentarias por parte de los cuatro equipos
de medicina materno-fetal investigadores, el coeficiente de correlación entre
clases para mediciones promedio de múltiples evaluadores con el acuerdo
absoluto fue 0,68 IC 95 % [0,41-0,85], p <0,001 para el aspecto placentario
de "cielo estrellado” que representa una concordancia de débil a buena. La
concordancia inter observador para el aspecto “línea blanca” fue de 0,90 IC 95 %
[0,81–0,95], p < 0,001, lo que representa un buen acuerdo.
Sin
embargo, la apariencia de la placenta en “cielo estrellado” y la placa basal
“línea blanca”, puede surgir como factor de riesgo para la maduración
placentaria temprana. Este patrón placentario no es un instrumento para guiar
el manejo obstétrico y perinatal, pero puede ser una herramienta de alarma que
exige precaución en el seguimiento del EMB y la atención periparto. Los
hallazgos placentarios difieren de los encontrados en la investigación, ya que
aunque además del grosor y tamaño placentario, se indagaron otros hallazgos
como quistes, hematomas placentarios e hipo e hiperecogenidad, estos no se
evidenciaron en las 40 ecografías realizadas. Esta discrepancia pudiera deberse
a que en los artículos previamente señalados fueron incluidas EMB con
sintomatología por COVID-19 moderada a severa.
Fortalezas y
limitaciones: El presente estudio es uno de los pocos en nuestro país que
informa sobre ultrasonido placentario y COVID-19. El pequeño número de
pacientes se explica por los estrictos criterios de inclusión para
potencialmente limitar los factores conocidos responsables de la maduración
placentaria temprana o las calcificaciones prematuras y el plazo limitado para
la selección. Otra limitación importante fue el estado descriptivo de nuestro
estudio. Para confirmar nuestra observación, es muy necesario un grupo de
control. Sin embargo, los testigos ideales habrían de ser seleccionados antes
de la pandemia de SARS-CoV-2, ya que las infecciones por COVID 19 durante el EMB
son en su mayoría asintomática y muchos pacientes no son diagnosticados o no
declarados. Además, la mayoría de la población ahora está vacunada contra el
SARS-CoV-2. |