Héctor Hueso Holgado
hhueso@wanadoo.es
Médico Psiquiatra y Psicoanalista Asociado de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis: IPA y FEPAL
Psiquiatría Psicosis Histérica o Trastorno Disociativo Psicótico. El Problema de la Nosología Psiquiátrica Fecha de recepción: 04/05/2008
Fecha de aceptación:
20/07/2008
La psicosis histérica es un trastorno psiquiátrico (quizás un síndrome) que muchos autores consideran sigue siendo válido hoy día, aún cuando las clasificaciones actuales lo ubican de manera dispersa y confusa Se propone reivindicar su existencia, incluyéndola entre los Trastornos Disociativos como “Trastorno Disociativo Psicótico”, con la posibilidad de añadir criterios dimensionales alternativos, por ejemplo: dimensión psicótica, dimensión afectiva, dimensión disociativa - confusional. Además, se hace una revisión de algunos problemas de la nosología actual y de los conceptos de trastorno mental, psicosis, histeria y psicosis histérica.
Title Hysteric Psychosis or Dissociative Psychosis Disorder. The problem of Psychiatric nosology.
Abstract Hysteric psychosis is a psychiatric illness (or maybe a syndrome) that many authors consider it is still valid nowadays, even when current classifications place it in a dispersed and confused manner. It is proposed to reestablish its existence, including it within the Dissociative Disorders like Dissociative Psychosis Disorder, with the possibility of adding alternative dimensional criteria, i.e. psychotic dimension, affective dimension, dissociative – confusional dimension. A revision to some of the problems of current nosology and concepts of mental illness, hysteria and psychotic hysteria is also made.
Key Word hysteric psychosis, psychosis, hysteria, dissociative disorders, nosology
Psicosis Histérica o Trastorno Disociativo Psicótico. El Problema de la Nosología Psiquiátrica
Introducción
La enorme influencia que tienen
actualmente las neurociencias y el estudio del cerebro ha llevado a que la
investigación de las psicosis se haya centrado en la esquizofrenia y el
trastorno bipolar. Esto ha actuado en perjuicio de la investigación de los
factores psicosociales y del estudio de otras manifestaciones psicóticas, como
las psicosis agudas y transitorias. Mojtabai
(Mojtabai 2005) en el Tratado de psiquiatría de Kaplan y Sadock, señala
que hay dos posturas actuales sobre la psicosis histérica. La que parece estar
logrando el mayor consenso es la de aquellos que creen que se debería
clasificar como una “tercera psicosis” (además de la esquizofrenia y la
bipolar). La otra postura es la de aquellos que consideran que son variantes de
una de estas otras dos. Una
manera de demostrar cuál de estas dos posturas es la verdadera sería hacer
estudios de seguimiento pero, como comenta Mojtabai, los pocos estudios de uno
a cuatro años después del episodio, reportan cifras distintas. Señala que, por
ejemplo, el danés y el realizado en New York encuentran otros diagnósticos de
psicosis en la mitad de los casos en seguimiento; mientras el estudio alemán y
el de La India encontraron otros diagnósticos en un 16 a 27% y en su mayoría
fueron trastornos del humor. Como diversos estudios reportan cifras variables
de recurrencia de la psicosis histérica, los estudios de seguimiento tampoco
zanjarían del todo la duda. Además, a mi modo de ver, la diferencia de
resultados también se debe a la falta de criterios comunes para diagnosticar
diversos episodios psicóticos agudos. Aún
así, la validez de estos cuadros parece reforzada por
el hecho de que tengan una alta prevalencia en África occidental, en la India y
en las islas del Caribe y sean descritos de manera muy similar, a pesar de que
estos países tengan tradiciones psiquiátricas muy distintas y estén separados
por fronteras culturales y lingüísticas. Estudiar las diversas dificultades
del diagnóstico y la nosología psiquiátrica no es el propósito de este trabajo,
pero se harán algunos señalamientos al respecto pues tiene que ver con el
problema que representa la psicosis histérica. En este orden de ideas, con
frecuencia manejamos una polisemia diagnóstica que incluye términos supuestamente
en desuso y ya superados, lo que demuestra que a pesar de las clasificaciones
por categorías y los consensos, seguimos recurriendo a conceptos nosológicos
anteriores porque utilizamos una mezcla de “comprensiones”, “intuiciones” e
“inferencias”. Solemos
creer que actuamos de un modo netamente racional y que nuestros diagnósticos se
basan en el estudio pormenorizado de la sintomatología, de las inferencias que
de allí surgen y de la aplicación de los criterios de las clasificaciones
actuales. Sin embargo, parece ser que esto no es del todo cierto, tal como lo
comenta en Mallorca el profesor de psicología Nicolau Llaneras (Llaneras 2007)
quien, refiriéndose a la rapidez del diagnóstico psiquiátrico, cita varios
trabajos (Gauron y Dickinson (1966), Sandifer (1970) y Kendell (1973, 1975))
que muestran que el diagnóstico psiquiátrico se establece en los primeros 3 a 5
minutos de la entrevista, para la mitad a tres cuartas partes de los casos, y
se mantiene tres veces de cada cuatro al final de la misma. Resultados que son
difícilmente compatibles con el diagnóstico por inferencias y obligan a
plantearse que en realidad no sabemos cómo hacemos lo que hacemos. Concluye
diciendo que “el diagnóstico psiquiátrico
no es un acto de razonamiento inferencial sino de percepción sensorial”. Es
“diagnostico por intuición” o en otras palabras, no es un dato de la
sintomatología, sino una experiencia intensa e inmediata que permite entender
los síntomas que vemos a posteriori. Recapitulando,
el diagnóstico está signado por diversas dificultades, entre ellas, polisemia
de términos, intuiciones, inferencias, escuelas de pensamiento, características
personales y procedencia del profesional, prejuicios, etc. Ante
todo esto, un mérito de las clasificaciones actuales ha sido intentar poner
orden y, como dice Baca (Baca 2007) “hicieron
el trabajo de una especie de ”.
Pero aunque la precisión de los criterios diagnósticos ha mejorado la
fiabilidad, los autores de la Guía de uso del DSM-IV-TR (First et al. 2005)
reconocen que se ha reducido el papel del juicio clínico y que el aumento de la
fiabilidad no siempre implica una mejora de la validez o de la utilidad
clínica, Por tanto concluyen señalando que
“Quizá la regla más importante para utilizar el DSM-IV-TR es que no debemos
permitir que nuestro juicio clínico se vea obnubilado por querer ceñirnos de
forma estricta a las reglas que aquí se indican”. Retomando
el problema nosológico de la psicosis histérica, algunos consideran que es una
entidad demasiado difusa, poco valida, poco fiable y, por tanto, prefieren
prescindir de ella. Sin embargo, ¿es acaso la esquizofrenia (la psicosis por
excelencia de la psiquiatría) del todo válida y fiable? Tampoco lo es, como
veremos a continuación. En
cuanto a la fiabilidad, recordemos el famoso estudio (United States-United
Kingdom Diagnostic Project) en el que se demostró que los americanos
diagnosticaron más frecuentemente esquizofrenia que los británicos y que éstos
diagnosticaron más frecuentemente psicosis depresiva (citado por First et al.
2005). Menos fiable aún es el diagnóstico de trastorno esquizoafectivo. Por
otra parte, tampoco la validez de la esquizofrenia está del todo demostrada,
como lo sugiere el título del libro de Alfonso Chinchilla M., “Las
esquizofrenias”, que lleva a pensar en que hay más de una esquizofrenia. En el
capítulo 1, los autores (Puente et al. 2007) comienzan señalando que hay
preguntas que siguen sin dilucidarse: “¿la
esquizofrenia es una entidad unitaria, sindrómica o incluso un constructo
artificioso, una forma de reacción?, ¿o es expresión de una alteración
estructural, química o de otra naturaleza?”. Por
todo ello, creemos conveniente buscar un mejor modo de ubicar la psicosis
histérica, no volviendo a la polisemia anterior ni a denominaciones que ya han
sido cuestionadas, sino utilizando los modelos de clasificación actuales, los
cuales, a pesar de sus defectos y limitaciones, son lo mejor que tenemos y el
producto de un ardua lucha de unificar la Babel nosológica anterior. Comenzaremos
por describir algunas dificultades del diagnóstico, nosología y semiología
psiquiátricos, así como las que plantean los conceptos de trastorno mental,
psicosis, histeria y psicosis histérica.
Trastorno mental o enfermedad médica
Seguramente una neumonía se
diagnostique igual en cualquier parte porque el diagnóstico en Medicina se basa
en la etiología, la semiología y la evolución de las enfermedades. Algunos
creen que la psiquiatría debe seguir los pasos del resto de la medicina para
ponernos “a su altura” y conseguir la etiología, el sustrato anatómico y
fisiopatológico y su precisión nosológica. Los que así piensan siguen los
postulados de Kraepelin quien quería que las enfermedades mentales fuesen
definidas como las médicas, pues para él estaban en la naturaleza y había que
descubrirlas y describirlas, como podría hacerse con una especie animal. En
otras palabras, no eran constructos creados o inventados por el investigador,
sino fenómenos naturales (Baca 2007). Sin embargo, aunque efectivamente se
logra cada vez más en este sentido, el error es creer que este es el único
camino a seguir, pues la naturaleza de lo humano y de lo psíquico implica algo
más que eso. Entonces,
¿se aplican las mismas definiciones de enfermedad en medicina y en psiquiatría?
Tal como señala el psiquiatra
y psicoanalista vasco José Guimón (Guimón 2007): “En el campo de la psiquiatría confluyen muchas patologías, pero no
todas cumplen los criterios de enfermedad por cuanto la causa no es orgánica
sino psicosocial”. Las
enfermedades médicas se definen a partir de bases conceptuales muy variadas,
que reflejan la evolución histórica de nuestro concepto de enfermedad. En este
sentido, los autores de la Guía de uso del DSM-IV-TR (First et al. 2005) dicen:
“La estenosis mitral y la colitis
ulcerosa se basan en la anatomía, los carcinomas en la histopatología, la
tuberculosis en la bacteriología y en el concepto de Koch de un agente
etiológico, y la Porfiria en la bioquímica. Otros trastornos son definidos
según la desviación estadística de una norma (p.ej., la hipertensión, la
hipercolesterolemia). En las enfermedades de etiología desconocida y en las que
no hay patología estructural demostrada, se utiliza una definición sindrómica
basada en la manifestación de los síntomas (p.ej., la migraña)”. O sea, que
en medicina las bases conceptuales son variadas y no siempre existen
paralelismos con la psiquiatría. La Psicosis Los
conceptos de neurosis y psicosis fueron pares antitéticos desde el siglo XIX,
tanto en la nosología psicoanalítica como en la psiquiatría alemana, pero las
definiciones de ambas continúan siendo confusas. Tanto el DSM-IV (1994) como el
CIE-10 (1992) tienen en común el que pretenden desentenderse del aspecto
etiológico y el compartir muchos de los síntomas. Sin embargo, mientras el
DSM-III-TR y el DSM-IV enfatizan más en el deterioro funcional y la pérdida de
juicio de realidad, el CIE-10 destaca lo alucinatorio – delirante y no el
juicio de realidad. La
subjetividad de sus definiciones se hace patente si aplicamos estos conceptos a
patologías cuyos síntomas pueden parecer psicóticos, como algunos trastornos
obsesivo-compulsivos, trastornos de alimentación, episodios disociativos,
flash-backs postraumáticos, fobias sociales extremas, trastornos dismórficos, y
algunos trastornos de personalidad (Jibson et al. 2006). En muchos casos
igualmente podríamos decir que los síntomas tienen la característica de un
delirio o el deterioro funcional y la alteración de juicio de realidad de una
esquizofrenia. Así, ¿cómo no decir que está psicótica una joven que sigue
“viéndose” gorda, pesando algo más de 30 Kgs., y centra su vida en seguir
adelgazando; o alguien cuyas obsesiones y rituales le impiden funcionar? Entonces,
¿cómo podemos delimitar lo psicótico de lo neurótico y de lo normal? ¿Es
posible que una misma persona tenga características neuróticas o un trastorno
de personalidad, haga episodios del tipo de las psicosis histéricas y se
recupere? En este sentido puede ser de ayuda el concepto de continuo.
Psicosis - neurosis como un continuo Ante
las dificultades que plantea el diagnóstico por categorías del DSM-IV se ha
propuesto para algunos trastornos la opción de “diagnósticos dimensionales”,
como alternativa para entender mejor la heterogeneidad de los síntomas y la
falta de fronteras claras entre los diagnósticos. El punto de vista dimensional
define los trastornos psíquicos como variantes maladaptativas que no forman
categorías discontinuas sino que tienen una distribución continua (Guimón 2007). Según
el modelo dimensional, la esquizofrenia puede ser entendida como un estado de
vulnerabilidad distribuido de forma continua en la población (Puente et al.
2007). Así mismo, Peralta y col. (Peralta et al. 2008) hablan del continuo de
las psicosis y del concepto de espectro esquizoafectivo. Hay
que recordar que en el siglo XIX muchos pensaron en la existencia de la
“psicosis única” y, como dice Baca: “Se
vuelve así a la posibilidad (nunca abandonada del todo) de que los mecanismos
cerebrales que sustentan la aparición de lo psicótico sean comunes y que el
valor de la sintomatología se debe establecer en función del sujeto y no de la
alteración” (Baca 2007). Estos
planteamientos resultan de importancia para comprender cómo pueden presentarse
episodios psicóticos en personas cuyo funcionamiento habitual es neurótico o el
propio de un trastorno de personalidad, pues considero que existe también un
continuo entre lo psicótico y lo neurótico. La
neurosis es difícil de definir y el potencial neurótico es inherente a la
estructura de la psique humana. Por tanto, puesto que todo el mundo es, en
cierto sentido, un neurótico, la definición de normalidad o salud se hace muy
difícil. Grinker (Grinker 1982) señala que igualmente el término psicosis se ha
utilizado en gran variedad de formas y algunos consideran que las psicosis y
las neurosis presentan grados de un mismo proceso. Por ejemplo, Menninger y col
en 1963 (citado por Grinker 1982) combinaban las neurosis y las psicosis en
estadios diversos de descontrol. Para ellos éstos estados estaban representados
por cinco fases de adaptación decreciente frente a las situaciones estresantes.
Sin embargo, hay que decir que Grinker y Holzman (citado por Grinker 1982) no
encontraron pruebas de que las neurosis y las psicosis representasen fases del
mismo proceso. Como
vemos, no es fácil delimitar las fronteras entre normalidad, neurosis y
psicosis y puede considerarse que existe un continuo entre ellas. Así, en el
ámbito del psicoanálisis Wilfred Bion (Bion 1990) en 1957 consideraba que toda
persona tiene una “parte psicótica de la personalidad”, muchas veces difícil de
apreciar porque está escondida por emociones y conductas más normales o
neuróticas. De modo que cuando ciertas circunstancias confluyen, el Yo, que normalmente
logra funcionar con mecanismos de defensa más maduros, se debilita y comienza a
usar mecanismos más primitivos como la escisión o la identificación proyectiva.
Todo depende de la magnitud de la parte psicótica de la personalidady de la situación estresante. Coloquialmente
sería lo que sucede cuando decimos “aquella persona se volvió como loca”.
También sería lo que sucede en ciertos trastornos de personalidad cuando ante
una pérdida o suceso estresante presentan un episodio disociativo con o sin síntomas
psicóticos. Por
tanto no sería incompatible la idea de que una misma persona (como después
veremos con el caso de Anna O.) pase por etapas de neurosis, de psicosis y
luego se recupere y vuelva a un funcionamiento “normal”, como sería el caso de
las psicosis histéricas. La histeria, la
disociación y la conversión en el DSM-IV y en el CIE-10 ¿Qué es la histeria? Esta pregunta no ha
dejado de dar que pensar desde que Hipócrates la describió. El psicoanálisis,
como después veremos, no tiene una respuesta clara y las clasificaciones
actuales no han encontrado otra mejor que hacer desaparecer su nombre,
fraccionándolo entre los trastornos de ansiedad, somatomorfos, disociativos y
de personalidad. Los
conceptos de “neurosis” e “histeria” han sido definidos de tantas formas y de
maneras tan ambiguas, que se han tratado de eliminar en las clasificaciones
actuales, en un intento de deslastrar a la nosología de conceptos que pudieran
ser ambiguos, prejuiciosos, peyorativos, o porque tienen diferentes significaciones
para distintas escuelas o remiten a conceptos etiológicos no compartidos por
diferentes especialistas. Aún así, la CIE-10 mantiene el término de neurosis
con reservas, mientras la solución salomónica que han encontrado en las últimas
versiones del DSM es utilizar un término más aséptico. El elegido es “trastorno
mental”. Ya en 1894
Freud (Freud 1894) consideraba a la conversión como el mecanismo característico
de la histeria y no a la disociación, mientras hoy día un gran número de
psicoanalistas consideran fundamental a la disociación, más que a la
conversión. Esta discusión ha persistido hasta la actualidad en las
clasificaciones psiquiátricas y así vemos que el DSM-IV-TR ubica al trastorno
de conversión dentro de los “trastornos somatomorfos” y clasifica en otro
apartado a los trastornos disociativos. En cambio el CIE-10 no separa a los
trastornos disociativos y conversivos, sino que los coloca en un apartado
denominado “trastornos disociativos (de conversión)”, lo cual pretende reflejar
la estrecha interacción de estos mecanismos y su frecuente aparición conjunta.
Incluso, el CIE-10 conserva la idea de que hay diversos trastornos que
comparten un tronco común y los llama “trastornos neuróticos, secundarios a
situaciones estresantes y somatomorfos”.
Histeria y psicosis histérica en psicoanálisis
Freud inició la construcción del
psicoanálisis sobre las bases de la histeria. En 1893 (Freud 1893) partió de la
“teoría traumática”. Considerando trauma a toda vivencia que suscite afectos
penosos. Un año después (Freud 1894), ya anuncia que el trauma era de tipo
sexual y considera a la conversión como el mecanismo característico de la
histeria (aunque hoy día la mayoría lo descartan o, como Green (citado por
Bleichmar 1985), lo sustituyen por la “disociación” como eje de la categoría
nosológica). Dos
años después (Freud 1896) es cuando hace explícita la “Teoría de la seducción”:
el trauma es causado por una seducción. Pero no es sino hasta 1906 (Freud 1906)
cuando expresa por primera vez su abandono de la creencia en la etiología
traumática (por seducción) e insiste en la importancia de las fantasías
inconscientes. Sin embargo, en la nota a pie de página (p. 168 en la Standar Edition) agregada por Freud en 1924,
señala que la seducción conserva cierto significado para la etiología. Como
puede verse, Freud consideraba a la histeria de origen psicológico, aunque
siempre siguió pensando que en algún momento futuro se conseguirían bases
biológicas y un tratamiento correspondiente. En
el ámbito psicoanalítico, tal como lo señala Emilce Bleichmar (Bleichmar 1985) “la dispersión de opiniones [sobre la
histeria] es máxima: ¿es oral o fálica?,
¿corresponde a mujeres impulsivas y exhibicionistas o impera la regresión?,
¿corresponde a personalidades infantiles o a la última etapa del desarrollo
psicosexual?, ¿es dependiente y complaciente o competitiva y castradora?, ¿se
ha producido un deslizamiento de la neurosis al carácter, y es la fobia sexual
la forma típica de la histeria actual?”. Bleichmar destaca el aspecto
camaleónico, cambiante, de sus manifestaciones; su transformación a través de
la historia; su deslizamiento de la neurosis al carácter y a la fobia sexual en
la actualidad. Lacan incluso llega a universalizar la histeria al plantearla
como modelo de estructuración del deseo humano, siempre incapaz de ser colmado. Bleichmar
señala con acierto el caos nosológico de la histeria y la dificultad de
sostener una explicación unitaria para cuadros tan diferentes como una
personalidad infantil e impulsiva, un carácter histérico marcado por la
represión, el carácter fálico-narcisista o los síntomas conversivos en una
paranoia. Este pluralismo llevó a Saurí (citado por Bleichmar 1985) a escribir
un libro llamado “Las histerias”. Recordemos ahora que antes citamos el libro
de Chinchilla, “Las esquizofrenias”, con lo cual queremos subrayar la
dificultad de encontrar cuadros nosológicos puros y bien delimitados. Freud
tuvo varios pacientes que algunos han considerado padecían psicosis histérica
Después revisaremos como clasifica el Libro de casos del DSM-IV a la paciente
Anna O, pero puede decirse que él no la llamaba psicosis histérica, primero
porque conceptualmente para Freud la histeria era una neurosis con fijaciones
más tardías en el desarrollo psicosexual (etapa fálica), de las más benignas y
mejor organizadas; y, en segundo lugar, porque cuando
él, Jung y otros psicoanalistas se relacionaron con la escuela de Zurich,
aceptaron las concepciones psiquiátricas de Bleuler, quien las incluyó dentro
de la esquizofrenia. Como
puede verse, si se siguen las concepciones freudianas, la noción de psicosis
histérica es en sí misma una contradicción. Sin embargo, atendiendo a
postulaciones kleinianas que ven a la histeria como fundamentalmente oral y
como defensa ante angustias esquizoparanoides, hay analistas como Rosenfeld y
Green (citados por Bleichmar 1985) que consideran que ante pérdidas
significativas se pueden producir psicosis pasajeras en las histerias. Bleichmar
(Bleichmar 1985) propone sustituir la categoría de la psicosis histérica por la
de personalidad borderline. En esto no concuerdo con ella porque no en todo
trastorno de personalidad límite se producen cuadros psicóticos, pero lo que si
está claro es que es en este tipo de trastorno de personalidad (junto con los
histriónicos) en los que con más frecuencia se ven episodios psicóticos agudos
y, por tanto introducen otra complicación en el concepto de psicosis histérica.
En este sentido, Otto Kernberg (Kernberg 1975) (Kernberg 1984), ha diferenciado
dentro de los trastornos de personalidad varias configuraciones que podrían
aclarar el panorama nosológico del espectro de la histeria. Él propone un
continuo entre la “personalidad histérica”, que sería una neurosis de carácter
de tipo superior y no borderline, y la “personalidad infantil” mucho más
inmadura, regresiva y borderline. Probablemente es en esta última donde puedan
verse las psicosis histéricas. Cabe preguntarse qué ha sido de aquellos casos floridos de
“psicosis histérica” que antes se describían. Muchos autores consideran que hoy
día se expresan de otros modos. Según Roberto Mazzuca (Mazzuca 2003) las formas actuales son al menos cuatro:1. dentro del grupo de las esquizofrenias; 2.las anorexias; 3. el síndrome de
personalidad múltiple; 4. los fenómenos de posesión demoníaca. Validez de la psicosis histérica en
la historia de la psiquiatría La psicosis histérica
era un cuadro nosológico que contemplaban tanto los clásicos alemanes como
franceses. Demetrio Barcia (Barcia 1998) publicó un artículo sobre Wernicke,
quien en 1908 se refirió a este cuadro con el nombre de pseudodemencia
histérica. Barcia lamenta la ausencia de estudios actuales sobre las psicosis
histéricas. Según sus palabras es “un
cuadro sin embargo real y que se observa en la clínica”. También
Bleuler describió lo que llamó los estados crepusculares histéricos con
síntomas muy parecidos. Así mismo, el diagnóstico de Boufée Delirante,
introducido por Valentín Magnan en 1895, tiene características muy similares a
las que después han descrito para la psicosis histérica Hollander y Hirsch
(Hollander y Hirsch 1964). Estos autores publicaron en 1964, en el American
Journal of Psychiatry, la primera descripción formal de la entidad, que
caracterizaron como una reacción psicótica con un arranque súbito y dramático,
relacionada en el tiempo con un hecho profundamente perturbador (rasgo que
consideran esencial), generalmente en personalidades histéricas. Las
manifestaciones clínicas incluyen delirios, alucinaciones, despersonalización y
conducta desorganizada. El episodio agudo rara vez dura más de dos a tres
semanas y al producirse la recuperación no queda prácticamente residuo alguno. Linn
(Linn 1982), en el Tratado de psiquiatría de Freedman, Kaplan y Sadock,utilizó exactamente la misma descripción de
Hollander y Hirsch para la psicosis histérica. Las
descripciones de diversos autores se asemejan y, como señalamos, continúan
siendo parecidas en distintos países. Además, recuerdan a varios de los
primeros casos de Freud (Freud 1893),
entre ellos Anna O., la paciente atendida por Breuer, con la que puede decirse
que se inicia el psicoanálisis. La fama
del caso de Anna O. llevó a que el Libro de casos del
DSM-IV (1996) le dedicase una revisión a la luz de la nosología actual.
Concluyen que hay varios diagnósticos distintos en diferentes etapas de la
enfermedad: primero trastorno de conversión y luego trastorno disociativo no
especificado. Señalan que como presentaba síntomas psicóticos, el uso rígido
del DSM-IV podría llevar al diagnóstico de esquizofrenia pero no conseguiría
describir el trastorno, por tanto piensan que sus síntomas psicóticos se
podrían clasificar como Trastorno Psicótico No Especificado. Sin embargo, con
este enfoque por categorías se fragmenta la enfermedad de Anna O en diversos
diagnósticos, cada uno de los cuales describe una fase distinta. La psicosis
histérica en el DSM-IV y el CIE-10 El
DSM-IV (DSM-IV 1994) no hace mención de la psicosis histérica aunque, como
acabamos de ver, en el Libro de casos del DSM-IV
se podría clasificar como Trastorno Psicótico No
Especificado. Sin embargo, en base a los síntomas también podría clasificarse
como Trastorno Psicótico Breve. Pero aquí no acaba la dispersión de
posibilidades diagnósticas porque debido a que
los cuadros psicóticos agudos tienen una alta prevalencia en África occidental,
en la India y en las islas del Caribe, el DSM-IV-TR también los ha clasificado
como Síndrome Ligado a la Cultura. Incluso podrían clasificarse como trastorno
esquizoafectivo, trastorno esquizofreniforme o trastorno del humor con síntomas
psicóticos. Tampoco en el CIE-10 la psicosis
histérica tiene fácil ubicación. Por una parte, se incluye como
sinónimo, en el apartado de “Trastornos disociativos (de conversión)”, pero por
otra, teniendo en cuenta que los conceptos de bouffée
delirante y psicosis cicloides tuvieron enorme influencia en la formulación de los
Trastornos Psicóticos Agudos y Transitorios,
observamos que varios de los trastornos que incluyen son iguales o muy
similares a los que a través de la historia se han relacionado con la psicosis
histérica, como lo han señalado García-Valdecasas y col. (García-Valdecasas et
al. 2005). Por ejemplo, el Trastorno Psicótico Agudo Polimorfo Con o Sin
Síntomas de Esquizofrenia (que incluyen las bouffées delirantes y las psicosis
cicloides); los Otros Trastornos Psicóticos Agudos Con Predominio de Ideas
Delirantes, (que podrían incluir las reacciones paranoides y la psicosis
psicógena paranoide); el Trastorno Psicótico Agudo y Transitorio Sin
Especificación (que incluye la psicosis reactiva breve).Por lo tanto, como concluyen García-Valdecasas y
col, aunque la CIE se pronuncia claramente en situar
éstas en los trastornos disociativos y no en los psicóticos, los varios
subtipos de Trastornos Psicóticos Agudos y Transitorios describen cuadros que
recuerdan a las psicosis histéricas. O sea, que en está clasificación
tendríamos la opción de incluir la psicosis histérica entre los trastornos
psicóticos o entre los disociativos, con la confusión que ello genera. Por
otra parte, en Pamplona, Peralta y col (Peralta el al. 2008) han publicado
varias investigaciones sobre las psicosis cicloides (que para algunos son
equivalentes de las psicosis histéricas) y sus investigaciones, dicen,
confirman las características cicloides y la subdivisión en grupos que varios
autores han destacado, como es el caso de la “escuela de
Wernicke-Kleist-Leonhard” y de Mojtabai. Sin embargo, comentan que otros, como
Perris, consideran que el solapamiento de síntomas es la regla y se oponen a la
clasificación por tipos, que la investigación no ha demostrado. Peralta
y col. piensan que muchos han tomado erróneamente como sinónimos a las psicosis
cicloides y a los trastornos psicóticos agudos pero, al contrario, aportan
bibliografía que demuestra que las psicosis cicloides no se corresponden con
ninguna de las categorías del DSM-III, DSM-III-TR, DSM-IV ni CIE-10 y que solo
existe una concordancia de entre un 30 a 54%, pues la mayoría de los casos son
diagnosticados como psicosis reactiva breve, trastorno esquizoafectivo,
trastorno esquizofreniforme, trastorno del humor con síntomas psicóticos o
trastorno psicótico no especificado. Concuerdo
con el grupo de Peralta cuando señalan que, a pesar de que los datos
disponibles no muestran una etiología ni fisiopatología específicas de las
psicosis cicloides, su validez histórica, aparente y empírica es evidente, y
que una razón importante para reconocer el constructo son las implicaciones
clínicas, pronósticas y terapéuticas que conlleva un diagnóstico equivocado.
Sin embargo, no concuerdo con el planteamiento de estos autores sobre el que
las psicosis cicloides formen parte del concepto de espectro esquizoafectivo y
del continuo de las psicosis, por lo que deberían incluirse dentro de los
trastornos psicóticos breves o transitorios. Creo que deben clasificarse entre
los trastornos disociativos, pero en todo caso, si hubiera que ubicarlas dentro
de los trastornos psicóticos, considero preferible usar la nominación de “Trastorno Psicótico Breve” (quizás ampliando el tiempo de
duración hasta 6 meses) que la de “Trastornos
Psicóticos Agudos y Transitorios”, pues estos últimos están muy subdivididos y
aún más dispersos sin que, a mi modo de ver, esto ayude a estudiar mejor la
categoría.
Conclusiones
Con todas las dificultades que se
han descrito para las clasificaciones nosológicas, en general, y para encuadrar
en ellas diagnósticos como psicosis, histeria y psicosis histérica, la
tentación sería dejar descansar en paz a las psicosis histéricas. Sin embargo,
cuando observamos uno de estos casos aunque podemos clasificarlo como un
trastorno de personalidad con un episodio psicótico, algo nos empuja a decirle
al colega “parece una psicosis histérica o una bouffée
delirante o una psicosis cicloide”. Por lo visto, no somos inmunes en
psiquiatría a aquel dicho popular que dice: “no creo en brujas, pero de que
vuelan, vuelan”. Hemos
señalado que si recurrimos al DSM-IV se podría
clasificar como “Trastorno Psicótico No Especificado”
y también podría clasificarse como “Trastorno Psicótico Breve”. Si recurrimos
al CIE-10, sabemos que éste se pronuncia por clasificarlo en el apartado
de “Trastornos disociativos (de conversión)”, pero también cabría colocarlo
entre los “Trastornos Psicóticos Agudos y
Transitorios”, ya sea como “Trastorno
Psicótico Agudo Polimorfo Con o Sin Síntomas de Esquizofrenia” o como “Otros
Trastornos Psicóticos Agudos Con Predominio de Ideas Delirantes” o como
“Trastorno Psicótico Agudo y Transitorio Sin Especificación”, entre otras
posibilidades. En todo caso, considero que esta
multiplicidad de posibilidades nosológicas, aunque muestra la dificultad de
definir con validez y fiabilidad a la psicosis histérica, tampoco contribuye a
que ello sea posible. Sabemos que si una utilidad tiene el perfeccionar un
sistema nosológico es poder definir, identificar, comunicarse entre usuarios e
investigar sobre una patología. Por tanto considero que, al contrario, al tener
a la psicosis histérica dispersa en los sistemas clasificatorios, impide que
éstos resulten útiles. Aún cuando no podamos siquiera decir
si existe una o varias psicosis histéricas, si es un síndrome o si estamos ante
un grupo diverso de psicosis agudas, o si en realidad son de origen psicógeno o
traumático, y aunque no estén necesariamente relacionadas con un concepto tan
escabullidizo y ambiguo como la histeria, considero que un modo de estudiarlas
y someterlas a investigación es otorgarles un lugar específico y único en las
clasificaciones. Dado que con frecuencia éste tipo de
episodios psicóticos se producen en personas con trastornos neuróticos y/o de
personalidad, y ya que no son esquizofrénicos, ni bipolares, ni psicosis
tóxicas u orgánicas, considero que sería más apropiado clasificarlo dentro de
los Trastornos Disociativos. Además, probablemente el episodio psicótico sea
parte de un continuo y se produce cuando la parte neurótica de la personalidad
y los mecanismos de defensa más maduros se ven desbordados por las
circunstancias, emergiendo lo que Bion llamó la parte psicótica de la
personalidad. Podría ser entre los Trastornos
Psicóticos, pero dado que una de las características más repetidas entre
autores es su relación con la sintomatología disociativa y/o conversiva
(neurótica), su usual corta duración, y dado que al parecer frecuentemente se
relacionan con la presencia de estrés y factores socio-psicológicos
desencadenantes, considero que podría clasificarse entre los Trastornos
Disociativos como “Trastorno Disociativo
Psicótico”. Este
diagnóstico no tiene por qué presuponer etiología (la cual queda por estudiar
con más detalle) ni tampoco una orientación teórica particular ni una
terapéutica específica. Sin embargo, el problema que quedaría por resolver es
qué hacer con los diversos diagnósticos de “Trastornos
Psicóticos Agudos y Transitorios”, puesto que lo que propongo es limitar las
opciones clasificatorias para evitar la dispersión del diagnóstico según la
preferencia, características personales, inclinaciones teóricas o lugar de
origen del profesional, que como sabemos condicionan, y mucho, los
diagnósticos. Dado que diversos autores han
priorizado diversos síntomas (psicóticos, disociativos, afectivos,
confusionales), cabría incluso añadir criterios dimensionales
alternativos siguiendo el modelo que propone el Apéndice B del DSM-IV-TR para
la esquizofrenia y señalando para cada dimensión la importancia de los
síntomas. Los
criterios dimensionales alternativos para el Trastorno Disociativo Psicótico,
según los que más comúnmente se describen en las psicosis agudas, podrían ser: a)Dimensión
psicótica: si predominan las alucinaciones, delirios u otros síntomas
psicóticos. b)Dimensión
afectiva: si predominan las fluctuaciones afectivas o afectividad inapropiada. c)Dimensión disociativa - confusional: si
predomina la sintomatología disociativa y/o conversiva, o las conductas
confusionales o desorganizadas. Tal
como lo sugiere el DSM-IV-TR para la esquizofrenia, se señalaría la
significatividad sintomática de cada dimensión. Por ejemplo, se codificaría
Trastorno Disociativo Psicótico, con dimensión psicótica ausente, dimensión
afectiva moderada y dimensión disociativa - confusional grave. En todo caso, su
ubicación específica permitiría determinar mejor su validez y estudiar su
etiopatogenia, clínica y tratamiento.
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NOTA:Toda la información que se brinda en este artículo es de cará
cter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.