Héctor Hueso Holgado
hhueso@wanadoo.es
Médico Psiquiatra y Psicoanalista Asociado de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis: IPA y FEPAL
Psiquiatría Transferencia. La dialectica de lo intrapsiquico versus lo intersubjetivo Fecha de recepción: 15/02/2009
Fecha de aceptación:
23/05/2009
La tesis que sostengo es que la disyuntiva entre si la Transferencia es una producción intrapsíquica o una creación intersubjetiva e interpersonal, es producto de un patrón cognitivo básico según el cual se tiende a pensar en términos dialécticos. Por tanto, la Transferencia no sólo es repetición de patrones o modelos, sino una actividad organizativa, una función yóica estructurativa y una forma de crear sentido. Es un mecanismo mental esencial y necesario que contiene elementos inconscientes repetitivos de la historia personal (intrapsíquicos, aunque originados en las relaciones objetales), pero que también adquiere elementos del contexto extrapsíquico o interpersonal actual, de manera que estos dos grupos de elementos se retroalimentan e interactúan.
Title Transference. Dialectics of the intrapsychic versus the intersubjective
Abstract The thesis that I propose is that the disjunction between whether Transference is an intrapsychic production or an intersubjective and interpersonal creation, is the product of a basic cognitive pattern in which one tends to think in dialectical terms. Therefore, Transference not only is repetition of patterns or models, but an organizational activity, a structurative self function and a way to create meaning. Is an essential and necessary mental mechanism that contains repetitive elements of the unconscious personal history (intrapsychic, although originating from the object relations), but which also acquire elements from the current extrapsychic or interpersonal context, so that these two groups of elements interact and feed from each other.
Key Word Transference, dialectics, intrapsychic
Transferencia. La dialectica de lo intrapsiquico versus lo intersubjetivo
Introducción
El concepto de transferencia (Tr) y su manejo
técnico continúa considerándose central en la definición y diferenciación de lo
que es un tratamiento psicoanalítico, sin embargo, a pesar de que todos
coinciden en su importancia, el concepto varía entre analistas y escuelas. Esto
no solo genera un problema metodológico, sino que evidencia la dificultad que
entraña tanto el propio concepto como otros términos psicoanalíticos. Dado que
repetiré constantemente estos términos, voy a utilizar las siguientes
abreviaturas: Tr. para Transferencia, y Contratr. para Contratransferencia.El concepto de Tr. es originario de Freud ,
quien había comenzado a esbozarlo en el caso de Anna O. en 1882 hasta que
escribió el caso Dora a principios de 1901 (1). Es en este trabajo en el que se
señala por primera vez la importancia de la Tr. para el psicoanálisis como reediciones de las
mociones y fantasías y como sustitución de una persona anterior por la del
médico. En 1923 le agrega una nota en que dice que la Tr., destinada a ser el máximo
escollo, se convierte en su auxiliar más poderoso cuando se logra colegirla y
traducírsela al enfermo. Pero en una nota, también de 1923, reconoce que no
sería posible que en más de 20 años no se modificaran las concepciones de un
caso como este. Por lo tanto, habiendo pasado ya más de 100 años es de esperar
que los cambios sean aún mayores. Hoy estamos ante una profusión de conceptos
relativos a la Tr. pero considero que parte de las divergencias respecto de la
Tr. se basan en que la tendencia a pensar en términos dialécticos o dicotómicos
es un patrón cognitivo básico del ser humano, por tanto, estas divergencias se
basan en la disputa entre los que, en un extremo, tienen una concepción
positivista de la realidad y consideran que existe una realidad intrapsíquica
en la mente del paciente suficientemente objetivable e independiente de la
relación analítica; y los que, en otro extremo, se adscriben al relativismo
postmodernista de una realidad intersubjetiva y creada por la relación (pasando
por los que tienen posiciones intermedias). El diccionario de psicoanálisis de
Laplanche y Pontalis (2) apunta la dificultad de definir la Tr. y vemos que con
extremada frecuencia se utiliza sólo la parte del concepto que se refiere a la
repetición de prototipos infantiles, con lo cual la interpretación parece
hacerse fácil y hasta estereotipada: “lo que a Ud. le pasa ahora, aquí, conmigo,
es lo que le pasaba allá y entonces con su padre o su madre”. Esto, al menos en
parte, no ha dejado de ser cierto y para muchos analistas sólo a ello debería
llamársele Tr. pero ha sido criticado incluso por autores no tan contemporáneos
como Bión, quien refiriéndose a este tipo de interpretación transferencial
dijo: “Cuando menos, esta fidelidad en la
reproducción tiende a que el analista haga interpretaciones que tienen una
cualidad repetitiva pareciendo sugerir que lo que el paciente dice acerca de
otro se aplica casi igual a lo que piensa y siente hacia el analista. Aunque
tales interpretaciones son una parodia de lo que una interpretación
transferencial debe ser, contienen un germen de verdad” (3).Sin
embargo, si continuamos leyendo, el diccionario de Laplanche y Pontalis
continúa así: “Si se encuentra una especial dificultad en proponer una
definición de Tr., se debe a que este término, ha adquirido, para muchos
autores, una extensión muy amplia, llegando a designar el conjunto de los fenómenos
que constituyen la relación del paciente con el psicoanalista [...] Así, en
este concepto se hallan implicados una serie de problemas que son objeto de
clásicas discusiones: a) Referentes a la especificidad de la Tr. en la cura; b) a la
relación entre Tr. y la realidad; c) de la función de la Tr. en la cura; d) de la
naturaleza de lo que se transfiere”.
Ante la “tesis” de que la Tr. es una
producción intrapsíquica o la “antítesis” de que es una creación intersubjetiva
e interpersonal (que considero producto de la tendencia cognitiva a pensar en
términos dicotómicos), sostengo la “síntesis” de que la Tr. no sólo es repetición de
patrones o modelos, sino una actividad organizativa, una función yóica
estructurativa y una forma de crear sentido. Es un mecanismo mental esencial y
necesario que contiene elementos inconscientes repetitivos de la historia
personal, pero que también adquiere elementos del contexto interpersonal y
relacional actual, de manera que estos dos grupos de elementos se retroalimentan
e interactúan y, por tanto, confluyen mundo externo e interno. Podría decirse
que confluyen lo intrapsíquico y lo extrapsíquico, sin embargo, aunque el polo
repetitivo de la historia personal podría considerarse más intrapsíquico, hay
que tener en cuenta que su formación se produjo (y se produce) en la
interacción con los objetos y el mundo externo. Así mismo, aunque el polo
interpersonal y relacional podría considerarse extrapsíquico, hay que tener en
cuenta que las relaciones actuales son subjetivamente interpretadas y su
sentido creado en función de la matriz intrapsíquica repetitiva e inconsciente,
almacenada a través de la historia del individuo, en especial de los primeros
años. Por tanto, hablar de intrapsíquico y extrapsíquico o interpersonal e
intersubjetivo puede resultar engañoso. La interpretación de la Tr. sigue
siendo una de las condiciones básicas para considerar que un tratamiento es
psicoanalítico. Entonces, precisar el concepto de Tr. no tiene sólo un interés
teórico, sino muy especialmente técnico, pues obviamente interpretaremos la Tr. según lo que pensemos que
sea la misma. Es por ello que haré un recorrido por la historia del concepto de
Tr. en el que intento demostrar que el concepto de Freud, no sólo se ha
enriquecido, sino que ha cambiado hasta incluir otras manifestaciones y otros
elementos; tanto que ha llevado a algunos a preguntarse si existe la
transferencia o “las transferencias”. No pretendo aportar otro concepto más al
término, sino medianamente señalar algunos de sus significados más usados e
intentar cierta aproximación entre ellos, aceptando que su diversidad no puede
permitir una simple unificación.
El pensamiento dialéctico como patrón cognitivo básico
Enun
trabajo anterior (4) planteaba si la disputa actual entre las así llamadas
“medicina basada en evidencias” y “medicina basada en narrativas” o entre mente
y cerebro, no son sino nuevas visiones de la antiquísima dualidad cartesiana
entre mente y cuerpo que continua dividiendo a los “biologicistas” de los“psicologicistas” o si se debe a que la
tendencia a pensar en términos dialécticos o dicotómicos es un patrón cognitivo
básico. Para defender la tesis de que el ser humano
tiende a pensar de manera dialéctica – aunque no con ello quiero decir que es
el único modo de acceder al conocimiento, ni el único patrón cognitivo, como
después veremos - voy a apoyarme primero en ciertas conceptualizaciones
filosóficas y en una investigación publicada en elAmerican Journal of Psychiatry en 2006.
1)La dialéctica en filosofía
La disputa entre
los que consideran que existe una realidad intrapsíquica independiente de la
relación analítica y los que piensan que la realidad es intersubjetiva y creada
por la relación, es la heredera de la dialéctica entre conocimiento sensorial
versus conocimiento racional que ya plantearon los filósofos presocráticos y
posteriormente dividió a los filósofos en platónicos y aristotélicos.
Para Platón, como antes para Parménides, la
realidad se estructura en dos partes: el Mundo de las Ideas o Inteligible
(digamos, intrapsíquico), al que consideraba la auténtica realidad, y el Mundo
Sensible, que consideraba una realidad sólo aparente pues en el mundo de los
sentidos y en la naturaleza todo está en permanente cambio y, por tanto, tenía
que haber una realidad detrás del mundo sensorial. En La República, Platón relata
su “mito de la caverna” que resumidamente se refiere a un grupo de personas que
desde su nacimiento han permanecido atados y sólo han visto sombras en la pared
de la caverna en que están encerrados (esta sería la realidad sensorial). Ellos
creerán que así es el mundo porque su percepción los engaña al no saber que los
objetos reales están fuera y proyectan sus sombras. Finalmente uno de ellos
logra salir y al volver a relatarles a sus compañeros que la verdad no estaba
en la percepción de las sombras, sino en los objetos de la naturaleza que las
proyectan, encuentra tal rechazo a admitir la nueva idea que tiene que elegir
entre volver a negar la nueva realidad o correr el peligro de ser asesinado -
tal como se vio obligado a tomar el veneno su maestro Sócrates - (Platón, hacia
420 a. C.). Esta realidad de las cosas de la naturaleza fuera de la caverna es
el Mundo de las Ideas, de las “esencias”, “las cosas en sí”, inmutables y
trascendentes. Aristóteles no concordaba con su maestro Platón porque para él
lo fiable eran las percepciones (lo extrapsíquico), a partir de las cuales se
creaban las ideas por medio de la razón. Por tanto su ontología no comparte la
concepción dualista platónica de la realidad y considera que las “esencias” no
son trascedentes, sino inmanentes a las cosas concretas que percibimos y son la
verdadera realidad. Hanly (5) considera que
existen dos epistemologías psicoanalíticas: Primero, el idealismo crítico, según
el cual los elementos teóricos determinan lo que puede considerarse un hecho
clínico; en éste la conceptualización precede a la observación, ya que se duda
de la objetividad de la observación (en filosofía una epistemología es
idealista si postula que la base del conocimiento se encuentra ubicada en la
mente, al estilo platónico). Segundo, el realismo crítico, según el cual
el hecho clínico es una realidad que existe independientemente de la forma en
que lo percibimos o concebimos (al estilo aristotélico). Hanly es partidario de
una epistemología propia del psicoanálisis queincluya al idealismo crítico y al realismo crítico.El término dialéctica ha tomado distintas
significaciones a lo largo de la historia de la filosofía. Etimológicamente
proviene de dos términos griegos: dia (de lo uno a lo otro) y legein (razonar);
por tanto, un arte de diálogo en el que se oponen dos logos o razones.Ya antes de Platón, Heráclito de Éfeso formuló la base del
pensamiento dialéctico con su proposición de que todo fluye, todo está en
movimiento y todo está formado por opuestos que siempre están en estado de
tensión dinámica. Para no extenderme me veo en la necesidad de dar un salto
hasta el siglo XVII, en que confluyen las corrientes filosóficas del
Racionalismo (Descartes, Leibniz, Spinoza) y del Empirismo (Locke, Hume,
Berkeley). Para los racionalistas, las ideas son innatas y defienden la autonomía
del pensamiento sobre la experiencia, o sea, buscan el conocimiento dentro de
sí mismos. En cambio para los empiristas la experiencia es la fuente del
conocimiento al que buscan afuera; sin embargo, a pesar de que Hume señaló que
todo dato a partir del cual se conoce proviene de la experiencia y de los
sentidos, también puntualizó que toda conexión que hagamos para construir el
conocimiento como un todo complejo, no es otra cosa que una relación que, por
su propia naturaleza, establece la mente humana, por lo que no se puede afirmar
que las cosas son como aparecen sino que se cree que son de ese modo. Por esa
razón cuando Hume habla de experiencia, no se refiere a algo supuestamente
externo al sujeto, sino a la interpretación que éste hace de impresiones que se
generan en sus sentidos (6).Al llegar la
Ilustración del siglo XVIII, inclinándose por Hume, Kant critica al realismo
que hacía girar al conocimiento en torno a los objetos y dice que son los
objetos los que tienen que regirse por el conocimiento. Esto se ha llamado el
giro copernicano o idealista. Kant, utilizando la división dialéctica platónica
entre Mundo de las Ideas y Mundo Sensible, separa el “fenómeno” (percepción y
representación de las cosas en el espacio-tiempo) del “noúmeno” o “la cosa en
sí” que son inaccesibles para el conocimiento, pues una vez conocidas son
transformadas por la subjetividad y por tanto solo accesible a la intuición
intelectual. Sin embargo, en la estructura del conocimiento Kant conjuga lo que
llama los “elementos a posteriori” (que provienen de las impresiones
sensoriales) y los “elementos a priori” que provienen de nuestra facultad de
conocer y entre las cuales están: las ideas trascendentales (el universo como
totalidad, Dios y el alma), el clasificar en categorías, y el espacio y el
tiempo.
Más adelante, Hegel señaló que la verdad es
subjetiva y que todo conocimiento es conocimiento humano, por lo que no podía
existir una verdad por encima o fuera de la razón humana y que esta razón es
“progresiva”, esto es, que la razón es un proceso dinámico que evoluciona con
la historia. Por tanto, lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, dependen
del contexto histórico y sólo lo que es sensato tiene posibilidad de
sobrevivir. Así, cada idea será contradicha por otra, produciéndose una fusión
entre dos maneras opuestas de pensar, que daría lugar a una tercera, y así
sucesivamente. Es a esto a lo que llamó “evolución dialéctica” y definió tres
fases del conocimiento a las que llamó “tesis”, “antítesis” y “síntesis”, que
son precisamente los pasos con los que Lacan describió al proceso
psicoanalítico, como luego veremos. Gaarder dice “la dialéctica de Hegel no es aplicable sólo a la Historia. También
cuando discutimos algo pensamos dialécticamente. Intentamos trazar los fallos
de una manera de pensar, lo cual, en palabras de Hegel, es .Pero al buscar fallos
en una manera de pensar conservamos a la vez lo mejor” (7). Hegel concibe
la realidad dinámicamente como una oposición de contrarios. Posteriormente, Marx planteó una
dialéctica en torno a la materiay no a
la idea, mientras que Engels fundamentó el materialismo dialéctico en tres
leyes, siendo la primera, la Ley de unidad y lucha de los contrarios, según la
cual todo en la naturaleza está compuesto por parejas de opuestos que residen
en la materia y están en continua lucha causando los movimientos y cambios. El
carácter de lucha y oposición de contrarios es, según Engels, universal y se manifiesta
no sólo en la sociedad y en la Naturaleza, sino también en las matemáticas.En cambio, David Hume
planteó una posición contraria, según la cual, todo razonamiento humano es inductivo
o deductivo; por tanto, no dialéctico sino monoléctico. Es decir que según
Hume, toda prueba científica o filosófica debe ser construíble desde un único
punto de vista. Freud también solía
pensar en términos duales, por ejemplo, consciente – inconsciente, narcisismo -
relación objetal, instintos de conservación - sexuales; instintos de vida -
muerte, principio de placer - realidad, angustia señal - automática, Tr. -
Contratr., resistencia – resistido, etc.Por otra parte, desde el comienzo del racionalismo, incluso antes de
Platón y Aristóteles,ya la filosofía
abordaba el concepto de “principio de causalidad”, según el cual todo lo que
comienza a existir tiene una causa. Este principio, para relacionar causa y
efecto, requiere además de otros principios, como son el de “contigüidad” (en
el espacio), el de “continuidad” (en el tiempo) y el de “uniformidad” (de la
naturaleza) y el de “coherencia”. Hasta el siglo XVIII la causalidad era algo
fundamentado sin ninguna objeción y uno de los grandes méritos de Hume fue
cuestionar la causalidad, llegando a la conclusión de que la causalidad no es
sino el modo que la mente tiene de conectar los sucesos mentales. Su
cuestionamiento de la prioridad temporal de la causa respecto al efecto, del
determinismo y el tiempo absoluto de Newton, fue el antecedente directo de la
ruptura con la modernidad para dar paso a la post-modernidad en la ciencia, con
la aparición de la mecánica cuántica y la física relativista (Hernández et al, 2004).
Parece ser que el ser humano no sólo piensa de
manera dialéctica, sino que tiende a establecer relaciones de causa-efecto y a
asignar responsabilidades. Estos modos de pensar o patrones cognitivos son
similares a lo que antes comenté sobre las “ideas” innatas platónicas o los
“elementos a priori” de Kant (el clasificar en categorías, y el espacio y el
tiempo). Estos patrones cognitivos, si queremos llamarlos así, parecen
demostrarse en el trabajo experimental que mostraremos a continuación.
2)La dialéctica en un trabajo
experimental
Como he señalado en
otro artículo (4), en apoyo de la teoría de que el hombre tiende a pensar de
manera dicotómica, Miresco y Kirmayer (8) estudiaron a 127 psiquiatras y
psicólogos, comprobando que la persistencia de la dicotomía mente – cerebro en
psiquiatría se debe a que es una tendencia al pensamiento dual propia del
humano. En su estudio validan la hipótesis de Weiner según la cual existe un
esquema cognitivo básico que es usado intuitivamente para entender y hacer
“juicios de responsabilidad” sobre la conducta humana. Varios estudios señalan
que este esquema comienza a desarrollarse al año de edad y va alcanzando cada
vez mayor sofisticación durante la vida, persistiendo patrones de pensamiento
dual según los cuales se juzgan los actos de los demás como intencionados o no
intencionados. A los juzgados como intencionados se les tiende a dar una
explicación psicológica, mientras se considera que los no intencionados siguen
leyes físicas y están fuera de la responsabilidad humana.En este interesante estudio se pidió valorar
9 viñetas clínicas a un grupo de profesionales representativos de la academia
de psiquiatría de Norte América, con un promedio de 53 años y entrenados el 73%
en farmacoterapia y el 96% en psicoterapia (incluso 32% en psicoanálisis). Los
casos clínicos incluían tres patologías (episodio maníaco inducido por ISRS;
trastorno de personalidad narcisista; y dependencia de heroína) que combinaban
con tres tipos de conducta (gastos excesivos y bancarrota; contraer VIH por
conductas sexuales de riesgo; y apuñalar a la esposa). Los resultados de
análisis factorial reportaron que había una clara tendencia a responsabilizar
al paciente de sus conductas si se consideraba que la patología era más
psicológica (a pesar de que por definición se supone que el trastorno de
personalidad tiene conductas difícilmente controlables por esfuerzo consciente)
e, inversamente, se consideraba que las conductas en la manía estaban
totalmente fuera de la responsabilidad del paciente (ocupando la dependencia a
heroína un lugar intermedio). Los análisis de multivariancia también
confirmaban la conclusión de que, a pesar que en la ciencia médica ya no es
creíble que la mente y el cerebro sean entidades distintas, los profesionales
de la salud mental continúan empleando la dicotomía mente – cerebro al razonar
casos clínicos. Además, los resultados no se diferencian mayormente de los
obtenidos en otros estudios con diferentes poblaciones, lo cual apoya la idea
de que el pensar de manera dicotómica es un patrón cognitivo básico (Figura 1).
Figura
1. Principales puntuaciones biológicas, psicológicas y
de responsabilidad basadas en tres condiciones descritas en tres viñetas
clínicas.
Miresco,
M & Kirmayer, L.The
Persistence of Mind-Brain Dualism in Psychiatric.
Me
he detenido en esta revisión sobre la tendencia a pensar dialécticamente porque
considero que cuando oponemos el concepto de Tr. como repetición de contenidos
intrapsíquicos infantiles al de construcción interpersonal en el aquí y ahora
de la sesión, estamos pensando dicotómicamente y buscando una u otra verdad
cuando seguramente ambas son complementarias, como pretendo mostrar en la
siguiente revisión del concepto. Hay que recordar que la definición de
dicotomía es tanto división en dos partes, como bifurcación de un tallo o una
rama.
La transferencia como repetición en la obra de Freud
Freud desarrolló progresivamente el concepto de Tr., siempre
enfatizando el aspecto intrapsíquico y repetitivo de la misma, ya sea al
servicio del Principio de Placer (en su comprensión inicial), como al servicio
de la pulsión de muerte (en su conceptualización de 1920, que no desarrollo
posteriormente - en relación a la Tr.-).Racker (9) destacó que para el Freud de 1912 (“La dinámica de la
transferencia”), la transferencia era una resistencia del Yo - se repite para
no recordar, se resiste a hacer consciente lo inconsciente. En cambio, para
1920 (“Más allá del principio del placer”), la transferencia era lo resistido y
la repetición provenía del Ello.
Ante esta dualidad freudiana, su hija Anna intentó una
unificación cuando planteó que habría Tr. de contenidos inconscientes y deseos,
así como Tr. de resistencias y defensas. Igualmente, Racker planteó que la
transferencia es tanto la resistencia como lo resistido, puesto que hay una
manifiesta, consciente, que es resistencia y otra latente, inconsciente, que es
lo resistido. Entre 1920 y 1923 Freud introdujo la segunda
tópica y la segunda teoría de la angustia, y con estas los conceptos de ello,
yo y superyó, con lo cual pasó a existir resistencias en cada una de estas
instancias. Pero sobre todo, agregó el concepto de instinto de muerte, y la Tr. - siendo por definición un
vínculo - pasó a estar al servicio de este instinto, que por definición
destruye los vínculos. Sin embargo, Freud no hizo la modificación del concepto
de Tr. que sus nuevas teorías requerían (10). Aunque muchos analistas han intentado
conciliar sus aproximaciones al concepto, su teoría de la Tr. tiene
contradicciones evidentes.
La transferencia y la
sugestion en la obra de freud
Un aspecto que sigue dando que hablar y que Freud volvía a
abordar una y otra vez, tiene que ver con la relación entre Tr. y sugestión. Thomä
& Kächele dicen que la insistencia de Freud en la espontaneidad de la Tr. se debió a la necesidad de
enfrentar la objeción de que era creada por el análisis para subrayar que era
un fenómeno natural y poder darle al psicoanálisis unos fundamentos
científicos, descartando que fuera un producto artificial creado por el mismo.
Dicho en otras palabras, para Freud la Tr. está en la mente del paciente y
pre-existe a su relación con el analista, así que el proceso psicoanalítico
sólo la pone de manifiesto (11).Ida Macalpine
(12) hizo una extensa revisión de la evolución de la interacción de estos dos
conceptos y planteó una hipótesis histórica que pretende explicar por qué se
insistió tanto en separar la influencia del analista del desarrollo de la Tr y en repudiar la sugestión.
Básicamente ello se debió a queal desarrollarse el psicoanálisis hubo
necesidad de diferenciarlo de su precursor, la hipnosis. Ella intentó mostrar
que la Tr. tiene
un origen reactivo (no espontáneo, como planteó Lacan), pero sus convincentes
argumentos tuvieron escasa aceptación, como había sido poco aceptado Reich en
1933, cuando dijo: “La transferencia siempre es el espejo fiel de la conducta
del terapeuta y de la técnica analítica”. Dada la necesidad de Freud de defender el
carácter científico del psicoanálisis en su contexto positivista, intentó
excluir el efecto de la sugestión. Aún así, Freud siempre volvía a referirse a
ella, aunque sea para señalar que finalmente se resolvían sus efectos. En otras palabras, considero que
debemos concordar con Macalpine en que al insistir en diferenciar al
psicoanálisis de otras terapias, en especial de la hipnosis, se quiso subrayar
el hecho de que sus resultados no provenían de un factor extrínseco (de la
sugestión inducida por el terapeuta) sino del cambio intrapsíquico, o sea, del
factor intrínseco del paciente. Pero al no diferenciar claramente sugestión de
sugestionabilidad, no pudo apreciarse que el factor intrínseco, entre otras
cosas, depende de la sugestionabilidad del paciente. Esto es – siguiendo a
Freud – de la escisión del yo por medio de la cual el Ideal del Yo es transferido
al terapeuta. De este modo la Tr.
está vinculada a fenómenos de sugestionabilidad querámoslo o no, y aunque el
analista no intente de manera voluntaria y consciente sugestionar al paciente,
no puede evitar del todo su influencia sobre la sugestionabilidad de éste (a
pesar de que intente sólo devolver al paciente lo que es de éste e intrepretar
solo los contenidos intrapsíquicos). De allí que si lo anterior es
correcto, la Tr.
tendrá un polo intrapsíquico – correspondiente a los factores intrínsecos – y
otro polo interpersonal – correspondiente a los factores extrínsecos. Por tanto, aún si queremos dar
preponderancia al factor intrapsíquico y aún si creemos que éste factor es el
que conducirá a cambios estructurales estables, no podemos deslindarlo del
factor interpersonal, que a su vez, influye sobre el intrapsíquico. Vuelvo a
recordar que en la introducción ya me referí al aspecto engañoso y artificial
que se produce al hablar de intra y extrapsíquico, estando estos
interrelacionados, por tanto no me repetiré ahora.
Dialéctica de transferencia y contratransferencia al terminar la II guerra mundial
Es interesante notar cómo influye el contexto histórico en
el desarrollo de la ciencia y, en este caso, cómo influyeron sobre el del
concepto de la Tr. los factores geopolíticos, sociales y migratorios como los
producidos por la
Guerra Mundial o la muerte Freud y los subsecuentes
conflictos entre discípulos ( en algo parecidos a los que se suscitaron entre
los Generales de Alejandro Magno al morir éste). A mediados de los años 40, al terminar la Segunda Guerra
Mundial, aparecieron diversas psicoterapias psicodinámicas y con ello la
necesidad de delimitar el método psicoanalítico para diferenciarlo de otras
terapias. En particular, tomaron liderazgo, por una parte el grupo que seguía
las teorías clásicas del fundador y a Anna Freud; y por otra parte, Klein y los
teóricos británicos de las relaciones objetales, con las respectivas disputas
dialécticas entre ellos que influenciaron la teorización desde entonces.
M. Klein
Además, a finales de los años cuarenta Racker y Heimann - de
manera casi simultánea y al parecer independiente - desentierran el concepto de
Contratr., que hasta ese momento y según lo definió Freud, era vista casi como
un pecado - un error del analista mal analizado - y lo rescatan como un
instrumento complementario de la
Tr. que, además, permite entender la Tr. a través de los
propios sentimientos y ocurrencias contratransferenciales del analista. Para
Freud siempre lo primero era la Tr., apareciendo después la Contratr. como
reacción y contrapunto, pero con los nuevos aportes entran ahora en escena como
nueva dialéctica y vuelve a presentarse el asunto de si fue primero el huevo o
la gallina. Es que resulta que la Contratr. puede teñir, sin percatarnos de
ello, lo que creemos objetivar en el otro. Al respecto, en el prefacio del
libro de George Devereux “De la ansiedad al método en las ciencias del comportamiento”,
dice sobre él La Barre: “Devereux, un
personaje claramente detestable, ha planteado la alarmante posibilidad de que
la etnografía de campo (y con ella toda ciencia social), tal y como se
practica en la actualidad, pudiera ser una especie de autobiografía. Allí donde
el antropólogo de pelo en pecho pudiera suponer que penetra en el campo
cabalmente exento de ideas, motivaciones, teorías o cultura aperceptiva
propias, nos vemos ahora invitados a discernir el antropólogo al mismo tiempo
sapiens y portador de cultura y persona, así como la posibilidad de que su
simple “ciencia”, si no está disciplinada por la conciencia de la
contratransferencia, sea una rama regalona de poesía lírica que nos cuenta en
qué forma proyectiva siente él lo desconocido” (13) (el subrayado es mío-).
Al igual que sucede con el antropólogo,
el acento que se ponga a lo proveniente del paciente o del analista dependerá
de las teorías que el analista suscriba y estas a su vez de su modo de
interpretar el Mundo y, por tanto de su propia Tr. Así, vemos que Klein y sus
seguidores enfatizaron en la importancia de la envidia primaria del bebé, así
como en sus pulsiones, fantasías y mecanismos de defensa, más que en la
participación de la madre. Por tanto, lógicamente el acento de la relación
transferencial debía ser puesto en el paciente y sus producciones, más que en
el analista. En cambio otros como Balint y Winnicott (pertenecientes al grupo
independiente londinense) o Kohut en USA, desplazaron el acento al ambiente, a
la madre y sus fallos en el “sostén” o “empatía”, por tanto, lógicamente
concedieron gran importancia al papel del analista y sus errores. Como veremos
a continuación, del trabajo con psicóticos, borderline (límites) y narcisistas
un grupo de analistas obtuvo experiencias que modificaron sus concepciones
sobre la Tr.
La transferencia
según Winnicott y Balint
Winnicott diferenció variedades de Tr. según el paciente
haya tenido o no un “cuidado infantil suficiente” en las primeras etapas de la
vida. Según Winnicott en los pacientes descritos como “falso self” no se revive
la rabia que no se sintió y por tanto no es una transferencia del pasado, sino
que el presente permite desarrollar rabia y un proceso que no se dio, así como
la evolución del verdadero self que quedó detenida y protegida por el falso
self. Como puede observarse, Winnicott le da a la Tr. un nuevo significado
porque ya no es siempre una Tr. del pasado, sino una nueva construcción en la
relación actual con el analista. Pero, además, introduce un cambio
significativo en la técnica del manejo de la Tr.. Al introducir el concepto de “madre
suficientemente buena” y el de “holding”, Winnicott plantea que tanto la
actitud de sostén del analista como sus fallos son fundamentales para el
proceso. Señala que la rabia real que siente el paciente por el analista nunca
debe interpretarse sino que debe permitirse que el paciente reanude el
desarrollo detenido. En cambio cuando lo que predomina es la clásica neurosis
de transferencia, considera que se debe proceder con la técnica interpretativa
usual de la Tr. (14, 15).
Winnicot
En cuanto a la Contratr., Winnicott consideraba que debía
mantenerse el concepto de Freud, que corresponde a sentimientos y reacciones
del analista, producto de su propia patología o análisis insuficiente, pero
diferenciaba lo que llamó “respuesta total del analista”, que son las
respuestas afectivas de éste frente a pacientes en regresión, especialmente
psicóticos, y utilizaba estos sentimientos e ideas – después de examinarlos y
seleccionarlos – para hacer las interpretaciones (16).Etchegoyen, al referirse a Kohut señala que
éste piensa que “la raiz patológica del
self es siempre una falla empática de los padres, con lo que se llega a una
posición ambientalista extrema, como la de Winnicott” (17). Sin embargo, si
bien es cierto que Winnicott así lo cree, Painceira (a cuyo libro remite
Etchegoyen para entender mejor a Winnicott) comenta que decir que Winnicott es
un ambientalista es fruto de una mala lectura y considera que para Winnicott,
aunque el nacimiento del ser psicológico no puede ser descrito sin incluir el
medio materno, sin el cual “no habría bebé”, la base de lo que llama el
desenvolvimiento espontaneo del desarrollo está en el niño y que el medio debe
posibilitar y jamás modelar (18). Esta idea es fundamental al tener en cuenta
lo que para Winnicott era el manejo de la Tr. como instrumento del análisis que
debe permitir al paciente lograr desarrollar sus potencialidades y su verdadero
self. Balint tenía ideas en muchos
aspectos similares a las de Winnicott. Por medio de su experiencia con
pacientes regresivos a los que caracterizó como con “falta básica”, fue tajante
en señalar que la Tr.
es influida por el analistay que éste
participa tanto en la creación de una “atmósfera”como en el grado de regresión a que llegue el
paciente (19) (en esto último coincide con lo antes mencionado de Macalpine).
La transferencia
según Rosenfeld y Bion
Aunque las teorizaciones de Rosenfel y Bion difieren de las
de Winnicott o Balin, algunos de sus conceptos son bastante similares. Al fin y
al cabo Winiccott también se analizó con Klein y comparten un tronco teórico
común. Es interesante ver como Herbert
Rosenfeld flexibilizó su manera de trabajar en sus últimos escritos, en los que
comparte algunos de los puntos de vista de Winnicott en relación a la
importancia de la participación del analista en la Tr.. Según su
experiencia, y apoyándose en la de Winnicott, Searles y Fromm-Reichmann,
algunas necesidades de psicóticos son mejor satisfechas por la conducta del
analista que por sus interpretaciones, por ejemplo, por su actitud y empatía (20).
Más adelante dice: “He encontrado que los
pacientes responden a nuestras interpretaciones, no sólo como herramientas que
los hacen darse cuenta de los significados de los procesos conscientes e
inconscientes, sino también como reflejos del estado mental del analista (Segal
1962a, Loewald 1970. Langs 1976, Sandler 1976), particularmente su capacidad de
mantener la calma y la tranquilidad y de focalizar en los aspectos centrales de
las preocupaciones y ansiedades conscientes e inconscientes del paciente. El
paciente también capta la mente y la memoria del analista, a través de la forma
en que logra sostener y juntar factores externos e internos importantes y cómo
los aporta en el momento preciso” (21).
W. Bion
Dijo que para él era crucial
evitar la rigidez y que “es esencial que el analista se percate de que la
situación analítica y transferencial están afectadas no sólo por las
experiencias pasadas del paciente, sino también por la manera de ver las cosas
del analista, su conducta y su contratransferencia” (22).Las referencias de Bion a la
Tr. son complejas y están mezcladas con otros conceptos a
través de su obra que por su extensión exceden el propósito de este trabajo. El
manejo técnico de la Tr.
para Bion tiene que ver con un modelo de relación madre hijo en que el analista
contiene y devuelve las ansiedades, aportándoles sentido y facilitando su
transformación en pensamientos que conduzcan al conocimiento, así como mediador
de la integración que permite el acceso a la posición depresiva. El aspecto
interactivo del concepto bioniano de reverie, guarda relación con el de holding
de Winnicott, aún sin ser sinónimos. Entonces se puede concluir que las fallas
en el reverie o en la continencia del analista, devolverán la ansiedad sin
procesar al paciente y aumentarán sus identificaciones proyectivas, lo cual
influirá en el desarrollo de la
Tr. de este. Antonio García ha hecho una revisión de los
conceptos de Tr. y Contratr. en la obra de Bion y explica que en sus
primeros trabajos compartía el concepto de su época de Tr. (la clásica
freudiana) a la que denominó < moción rígida >. Pero en trabajos
posteriores, en particular en 1965 en su libro “Transformaciones”, diferencia
las transferencias en y en . Dice al respecto García “En
la transformación proyectiva la situación es distinta. Es algo así como si
sucediera en un mundo distinto (de hecho, corresponde a la parte psicótica de
la personalidad)… En función de la reacción emocional del analista (No de su
contra-transferencia, aún cuando algunos así la denominan), sabemos que la
transferencia es el resultado (re-presentación como producto final) de la
transformaciónde un estímulo (la
relación con el analista)” (23).
Como puede verse, Bion sigue observando que la Tr. proviene
del analizado, pero en la Transformación Proyectiva señala, además, el estímulo
proveniente de la relación. En comunicación personal, García me confirma que el
piensa que Bion incluyó la
participación del analista al fenómeno transferencial y contratransferencial.
La transferencia según Lacan
Hay que
subrayar que Lacan, aunque de manera distinta, también plantea que la Tr. es producto de la
interacción analítica y no un fenómeno que se produce de modo intrapsíquico exclusivo.
Etchegoyen considera que Lacan tuvo dos posturas respecto a la Tr. La primera
(teoría imaginaria de la Tr.), enunciada en 1951, cuando la considera un
proceso diádico, especular y narcisístico, que corresponde al orden de lo
imaginario, por tanto cuando el analista falla en mantener el proceso
dialéctico de Hegel (tesis – antítesis- síntesis) aparece la transferencia como
enganche y obstáculo, en otras palabras la Tr. es el correlato de la contratr.
(24). La segunda postura de Lacan
J. Lacan
(teoría
simbólica de la Tr.), enunciada en 1964,plantea que al introducir la regla de la asociación libre el analista
pasa a ocupar el lugar del Sujeto Supuesto Saber (SSS), o sea, se le atribuye
el saber sobre lo que le pasa al paciente; pero cuando el analista, en vez de
ocupar el lugar del SSS que el paciente le asigna, ocupa el lugar del gran
“Otro” – introduciendo el tercero en la relación y la Ley del Padre - es el
momento en que la Tr. se hace simbólica. Etchegoyen va aún más allá y dice que
cuando en 1964 Lacan dijo que “la transferencia es la puesta en acto de la
realidad del inconsciente”, admite implícitamente que la Tr. es un fenómeno
universal que deriva del funcionamiento del inconsciente y del proceso primario
(25).
Influencia del analista
como nueva realidad en la transferencia
Desde
que Freud preconizó el ideal del analista que debía ser sólo un espejo que
refleja al paciente, otros analistas han destacado la imposibilidad de que las
teorías, personalidad y acciones del analista no estén presentes y sean
captadas por el paciente.Por ejemplo,
el término realidad es utilizado por Bird para referirse al impacto directo,
del aquí y ahora del analista sobre el paciente, pero además plantea la
importancia de la ayuda real que el paciente tiene de su analista, aunque
insiste en que este debe limitar al máximo la influencia de esta ayuda real. Al
respecto dice: “Para muchos pacientes el analista es realmente la persona
más estable, sensata, razonable que ha conocido (al menos el analista dentro de
la sesión), además de que el setting ofrecido puede ser más honesto, leal,
abierto, directo, que el que le pueda brindar cualquier experiencia social.
Puede además, clarificar dudas, confesarse y aliviar sentimientos de culpa,
expresar sus ambiciones, etc. Así, no es de extrañar que el valor real del
analista sea inmenso para el paciente” (26). Así mismo también señala que
ciertas manifestaciones maliciosas del paciente que consideramos Tr. pueden ser
producto de situaciones reales, pues aunque suponemos que el analista no ha de
ser hostil con el paciente, muchos de nosotros pasamos por momentos en que
hablamos o interpretamos en tono sarcástico, cáustico o acusador, a veces
ridiculizando o mostrando distancia y desapego.En la importancia del analista como un nuevo objeto real, Blum
concuerda con lo señalado por Stone y Loewald. Dice que el encuentro prolongado
con un objeto estable, confiable e introspectivo es, para muchos pacientes, una
experiencia nueva de influencias múltiples, más allá de sus efectos sobre la Tr. y la alianza terapéutica (27).
Algo similar dijo Modell: “¿Dónde en
la vida cotidiana puedes encontrar una persona que, por un tiempo acordado,
ponga sus propias necesidades y deseos aparte y esté allí sólo para oírte, que
sea más puntual y confiable de lo usual y que pueda, la mayor parte del tiempo,
ser continente, no retaliativo ni tener explosiones temperamentales?” (28).Langs (29), partiendo del concepto de los
Baranger de “campo”, consideraba que el trabajo analítico se desarrolla en una
matriz de interrelación bi-personal, en la cual el paciente responde a lo que
llama “contexto adaptativo” que se
produce ante las realidades de la relación, en particular ante las
interpretaciones del analista. Cada intervención del analista, incluyendo sus
silencios y sus no intervenciones, crean un contexto adaptativo al que el
paciente debe responder. De este modo las asociaciones del paciente dependen,
no sólo de su mundo interno, sino de su contexto en el aquí y ahora de la
sesión, el cual también produce asociaciones, que de este modo no son tan
“libres” como parecen. A
concepciones parecidas llega Schafer (30).
La transferencia como situación interpersonal
El planteamiento freudiano definió a la Tr. como un
fenómeno universal, no producido por el análisis y esencialmente intrapsíquico
en la mente del paciente por efecto exclusivo de sus patrones infantiles,
mientras el analista es un observador no participante en el fenómeno que sólo
lo interpreta, pues si participa o tiene Contratr.o es porque ha tenido un análisis
insuficiente. Lo
que sucede, como antes señalé, es que Freud no hizo una revisión de la teoría
de la Tr. a la
luz de los conceptos de la segunda tópica o de la segunda teoría de la
angustia, como tampoco de la teoría de la Contratr., por lo tanto prevaleció el
concepto topográfico de inconsciente de la primera tópica, que considera a este
como una serie de procesos y fenómenos que están allí en la mente del
analizado, con características de atemporalidad, de fuerzas y energías pulsionales
en busca de satisfacción y descarga, y al que el analista se acerca – a través
de sus manifestaciones, entre ellas la
Tr. – para descubrirlo y develárselo al paciente.
Sullivan
En
Estados Unidos, Sullivan, considerado el padre de la psiquiatría interpersonal,
planteó reemplazar el modelo de determinismo “intrapsíquico” freudiano con su
propio modelo “interpersonal” y describió al terapeuta como un “observador
participante”. Siguiendo esta línea, en los últimos años, especialmente
en Estados Unidos, han surgido varios modelos, por ejemplo, el constructivista,
el interpersonal, el relacional y el intersubjetivo (31), que han venido
insistiendo en que la Tr.
- así como muchas de las manifestaciones inconscientes - son fenómenos
interpersonales. Sin embargo, ya Freud en las Lecturas Introductorias (1916-17)
habló del “objeto nuevo” (el analista) que llevaba hacia fuera de la Tr, por tanto consideran que la
senda que lleva hacia el objeto nuevo debe llevar invariablemente al
reconocimiento de que el sujeto es un observador participante e intérprete
guiado por sus sentimientos y teorías (11). Por tanto, para aquellos que
piensen que el interpersonalismo es una cosa nueva, debemos recordar que la
corriente interpersonalista se apoya en los desarrollos de esas primeras tres o cuatro décadas del siglo XX.
Fundamentalmente en las teorías de Sullivan, Balint, Winnicott, Kohut y
tiene antecedentes en los escritos de Heimann, Bion, Rosenfeld y otros de las
escuela de las relaciones objetales, como hemos venido mostrando y como
seguiremos viendo a continuación. Gabbard señala que el Modelo Constructivista, derivado de Gill y su
colega Hoffman tiene dos elementos fundamentales: 1) La percepción
transferencial del paciente sobre su analista está basada en cierto grado en la
conducta real de éste. 2) Se considera que la participación personal del
analista en el proceso tiene un efecto continuo en lo que el paciente entiende
sobre sí mismo y sobre el paciente enla
interacción. Lo intrapsíquico e interpersonal, aunque reconocidos como
separados por los constructivistas, están irrevocablemente interrelacionados y
son difícilmente separables. Sin embargo, en opinión de Gabbard (que comparto),
los constructivistas han puesto un énfasis exagerado en la situación actual
entre paciente y analista, mientras han subestimado el impacto acumulativo de
una vida con determinado tipo de interacciones con objetos, así como las
fantasías intrapsíquicas relacionadas con dichas interacciones. Estas
experiencias y los significados de sus relaciones ya están en el paciente antes
de ir al analista, de modo que los significados intrapsíquicos son alterados
hasta cierto punto, pero no radicalmente reescritos de nuevo a causade la subjetividad del analista (28). Entre
quienes defienden el Modelo Intersubjetivista están Stolorow, Atwood, Orange,
Fosshage y Lachmann. En general, consideran que la mente fundamentalmente se
esfuerza en buscar una conexión relacional y una comunicación, más que en la
descarga y en la gratificación de pulsiones. Para ellos el cambio más
importante, como constructo motivacional central en el psicoanálisis, ha sido
el cambio de la pulsión al afecto. Según Deprati “representan la perspectiva más radical ya que sostienen que todo es
co-construido de modo recíproco entre paciente y terapeuta, siendo la
subjetividad de cada uno, elemento activo en la configuración del encuentro
analítico tanto en su forma como en su contenido. Plantean que el psicoanálisis
se ocupa de la intersubjetividad forjada a igual título por analista y paciente
y, por lo tanto, lo central es detectar cómo ambos construyen en el intercambio
esta situación única, dejando de lado el concepto de transferencia en el
sentido psicoanalítico clásico. La relación y lo que en ella sucede desde el nivel
manifiesto, queda convertida en el centro del trabajo terapéutico y el analista
es simplemente un igual en el encuentro, abandonando todo estudio sobre el
inconsciente, sobre el conflicto intrapsíquico, el superyó y los mecanismos de
defensa” (32).Sin embargo, los
intersubjetivistas aceptan que la
Tr. es una repetición de la forma en que se organizaron las
experiencias tempranas con los objetos originales, que se actualiza como modo
de organizar la experiencia con el analista, pero también piensan que la Tr. puede ser motivada por
necesidades de completar el desarrollo. Deprati señala que la posición de los
intersubjetivistas se corresponde con el paradigma de la postmodernidad, que en
el psicoanálisis se manifiesta en la propuesta de que la realidad es relativa y
no hay observación ni verdad objetiva. Piensa que el énfasis en la
intersubjeticvidad, aunque enriquece la perspectiva clínica, también empobrece
la comprensión del funcionamiento del psiquismo. Similarmente piensa Bleichmar,
quien dice: “El gran déficit de los intersubjetivistas más radicales
(Stolorow, Atwood, Orange), es el creciente desinterés por la descripción del
funcionamiento del psiquismo, de las fuerzas que operan dentro de él, del
conflicto intrapsíquico, de las resistencias, de la estructura del
inconsciente, del superyó inconsciente... No existe un inconsciente real que
está ahí al cual es posible ir aproximándose, por más imperfectas que sean las
teorías del analista o su visión de él. Bajo la tesis válida de que a la
realidad se accede mediante discursos, dado que estos son ineludiblemente
subjetivos, se abandona todo intento de ir conociendo progresivamente esa
realidad. Posición nihilista, hermeneuticista extrema...”. Bleichmar (33). Para
Bleichmar el aporte más significativo de las corrientes de los llamados
relacionalistas y los intersubjetivistas, tal vez sea el examen de la situación
terapéutica como una construcción entre el paciente y el analista. La relación
terapéutica es entendida como un encuentro entre las transferencias del
paciente y del terapeuta, no siendo la transferencia algo que el paciente trae
al análisis y que se despliega espontáneamente ante la mirada de un terapeuta
observador, no importando quien sea éste o cómo se comporte. En cambio Abend tiene
una visión más integradora. Al referirse a las lecturas interpersonales versus
intrapsíquicas de la transferencia señala: “me parece que existe un
desplazamiento del verdadero sentido de las diferencias, pues incluso Freud
consideraba que lo intrapsíquico tenía una dimensión interpersonal. Igualmente,
cualquier intento de comprender como las experiencias interpersonales son
asimiladas por la mente, es también una teoría intrapsíquica. De este modo, los
pensadores integradores como Kernberg, Loewald, Modell, al igual que Winnicott
y otros anteriores, no han tenido problemas en atender en la Tr., tanto las vicisitudes de
los deseos instintivos, como las consecuencias de las tempranas relaciones de
objeto. Por eso en mi modo de ver, lo que es más significativo en relación a
las diferencias entre escuelas es lo que tiene que ver con la específica
naturaleza de las interpretaciones del contenido del material transferencial, y
con las diferentes maneras de asumir lo que se oculta tras las observaciones de
los modos regresivos de funcionamiento del yo”. Abend (34).En estos temas no es fácil mantener una
postura sin contradicciones. Por ejemplo, Stolorow y Atwood critican a
Sullivan, el padre del psicoanálisis interpersonal, por oscilar entre la
perspectiva intersubjetiva o mantenerse fuera de la transacción interpersonal y
presumir que se hacían observaciones objetivas susceptibles de “validación por
consenso”. Cuestionan lo que este autor denominó “distorsión paratáxica”, que
es un proceso por el cual la historia personal de una persona deforma las
experiencias con otros. Sin embargo, dos páginas después se defienden de las
críticas sobre su exagerado énfasis en lo interpersonal señalando que “una persona entra en cualquier situación
con un conjunto establecido de de principios ordenadores que son la
contribución del sujeto al sistema intersubjetivo, pero es el contexto el que
determina cuáles de entre la serie de estos principios serán llamados a
organizar la experiencia” (35).Ellos
llaman “inconsciente prerreflexivo” a aquel que se forma en el sistema de
regulación mutua niño – cuidadores, a causa de las transacciones recurrentes
que dan como resultado el establecimiento de principios invariantes que
organizan las experiencias de modo inconsciente. O sea, que está constituido
por principios organizadores que no fueron antes conscientes y luego
reprimidos, o lo que es lo mismo, que no son producto de una actividad
defensiva (a diferencia del inconsciente dinámico que si está formado por
represión, pero según ellos, de los estados afectivos y no de las pulsiones). Considero
que se refieren al inconsciente constituido por lo que Eric Kandel denomina
“memoria implícita o procesal”, que es pre-verbal.Entonces, yo diría que los principios
invariantes son el aporte inconsciente intrapsíquico, aunque ellos insistan en
erradicar lo que llaman “el mito de la mente aislada” y lo que intentan
destacar es la prioridad del contexto sobre lo intrapsíquico. A mi modo de ver
termina siendo como el asunto de determinar si es primero el huevo o la
gallina, pues si el otro para mí es mi contexto, yo soy el contexto para el
otro, de modo que tanto las invariantes intrapsíquicas del paciente como las
del terapeuta crearan el contexto y este a su vez determinará qué principios
invariantes de uno y otro son activados y así sucesivamente. Cabría preguntarse si lo que ellos llaman
inconsciente prerreflexivo no es lo que va conformando la personalidad, la
mente, del individuo, por tanto aunque no exista una “mente aislada”, no
podemos desterrar la existencia de una “mente” que pre-existe a la relación con
el analista y se despliega en la relación (aunque reconocemos que no esté
“aislada” de la de éste). Su combate al “mito de la mente aislada” es
tan radical que acusan incluso a Mitchell de que en su trabajo muestra “restos
de la mente aislada”, a pesar de que señalan que es uno de los que se ha
dedicado a “exorcizar” este mito. Y es que probablemente no sea exorcizable
puesto que la relación se produce entre dos mentes, cada una con su propia
subjetividad, que confluyen en la relación intersubjetiva.Aún así, ellos lo reconocen implícitamente,
puesto que señalan que la organización de la experiencia está co-determinada
por ambos miembros de la pareja psicoanalítica, “en las cambiantes relaciones figura-fondo entre lo que nosotros hemos
denominado la dimensión de selfobject y la dimensión repetitiva de la
transferencia. [Selfobject es un término de Kohut que designa a aquel
objeto que, vivido intrapsiquicamenete suministra la vivencia de cohesión del
self]En la dimensión selfobject el paciente anhela que el analista le
suministre experiencias de selfobject que estuvieron ausentes o fueron
insuficientes durante los años de formación. En la dimensión repetitiva, que es
fuente de conflicto y resistencia, el paciente espera y teme la repetición de
fracaso en el desarrollo. Estas dos dimensiones oscilan continuamente…” (ibid
35). En estas líneas podemos ver
cierta similitud con lo que Racker planteaba sobre las “identificaciones
concordantes” (con el yo y el ello) y las “identificaciones complementarias”
(con los objetos y el superyó) y también hay un eco de lo que este autor señaló
respecto a la transferencia de la resistencia versus la transferencia de lo
resistido (36).
La transferencia
como función yoica estructurativa
Algunos analistas han considerado a la Tr. no tanto como repetición
de patrones, sino como función yoica; como funciones organizativas de
la experiencia, basadas en esquemas primarios; y como modos de estructurar la
experienciay crear sentido. Me refiero,
en este orden, a Bird, Fosshage y Ogden. Veamos algunas de sus ideas.Bird había planteado que la Tr. era una función mental
universal, por tanto un mecanismo yóico para lidiar con los impulsos: el
mecanismo anti-represivo por excelencia. De esta forma, según él, la Tr. es universal y no creada
por el análisis, como tampoco podrá ser “resuelta” o concluida como idealmente
esperaba Freud. Pero además, esto lo llevó a considerar que la Tr. del analista estará siempre
presente en el análisis (26)Uno de los intersubjetivistas,
Fosshage, plantea que al modelo clásico de la Tr. como desplazamiento se ha agregado otro que
él denomina “modelo organizacional”. Para él, no es que se ha producido un
cambio de énfasis en aspectos de la
Tr., sino que lo que se ha desarrollado en un nuevo modelo.
Por tanto, Fosshage define la Tr.
como
esquemas o patrones primarios de organización por medio de los cuales el
analizando construye y asimila las experiencias de la relación analítica. Estos
esquemas son activados y no transferidos, y pueden ser activados internamente o
externamente (por el analista u otros). Por tanto, para Fosshage la conceptualización de la Tr. como una actividad
organizativa anula la dicotomía entre percepciones realistas y distorsionadas y,
por ello, anula el uso de las mismas para diferenciar entre Tr. y no Tr. Pero,
además, considera que estos mismos argumentos se aplican a la falsa dicotomía
entre Contratr. y no Contratr., puesto que se ha enfatizado en que la Contratr.
son las reacciones a la Tr..
En cambio, el paciente y el analista co-determinan la Contratr. y la Tr. (37). Ogden,
apoyado en sus conocimientos de Klein, Bion y Winnicott, llega a conclusiones
parecidas en algunos aspectos. En este sentido señala que “la matriz” de la Tr. refleja el interjuego de
los modos fundamentales de estructurar la experiencia. Para él, toda
experiencia humana, incluyendo la experiencia Tr.-Contratr., puede ser pensada
como el resultado del interjuego dialéctico de tres modos de crear y organizar
el significado psicológico. Cada uno de estos modos están asociados con una de
las tres organizaciones psicológicas fundamentales – posición depresiva,
posición esquizo-paranoide y posición autístico-contigua (esta última planteada
por él en publicaciones anteriores) (38).Es interesante
el concepto de Contratr. que utiliza Ogden: “No visualizo ala transferencia ni a la contratransferencia
como entidades separadas que surgen como respuesta de una a la otra, sino que
más bien, entiendo estos términos para referirme a los aspectos de una
totalidad intersubjetiva única experimentada separada (e individualmente) por
el analista y el analizando”. Como vemos, es tentador el uso de esta
definición del “tercero analítico” y de Tr. - Contratr. que utiliza Ogden
porque nos simplifica ciertas diferenciaciones. Me refiero al planteamiento
categórico que hacen otros analistas, como Etchegoyen, según los que la Contratr.
siempre debe ser la respuesta a la Tr. del paciente porque de no serlo
estaríamos ante la Tr.
del analista (que en realidad es el uso que le dio Freud al concepto de Contratr.), lo cual no diferenciaría en
nada a la relación analítica de cualquier otra. Entonces, la definición
intersubjetivista de Ogden reformula el problema ya que la
transferencia-contratransferencia es creada y evoluciona dinámicamente por la
participación de ambos miembros. Este es el típico paradigma intersubjetivo.Evidentemente es muchas veces difícil saber
cuánto de la Contratr. es una respuesta del analista a la Tr. de su paciente y cuánto es
producto de sus propios conflictos personales y de su Tr. ante este. Sin
embargo, la importancia de esto no sólo es teoríca sino técnica pues las
interpretaciones serán diferentes en uno y otro caso. Tengo que decir que
aunque me resulta tentativa la proposición intersubjetiva, también puede
resultar en una simplificación que evita dilucidar un problema crucial tanto
teórico como técnico.
Aspectos neurobiologicos y cognitivos de la transferencia
Eric Kandel, premio Nóbel de
Medicina del 2000, ha
señalado la importancia de que las neurociencias y el psicoanálisis se
enriquezcan mutuamente y en tal sentido ha subrayado la importancia de los
recientes hallazgos sobre la memoria. En base a los estudios con pacientes
amnésicos se ha determinado la existencia de dos tipos de memoria: la
declarativa o explícita, y la procesal (`procedural´) o implícita. La
declarativa puede ser consciente, inconsciente o preconsciente; sin embargo, es
conscientizable, verbalizable (por tanto simbólica) y permite el conocimiento
autobiográfico, desarrollándose entre el tercer y el quinto año de vida, a
causa del desarrollo incompleto del hipocampo. La memoria procesal es
inconsciente (no puede ser recordada), tiene que ver con aprendizaje de
habilidades motoras y perceptivas (como por ejemplo, aprender a manejar) y es
la primera que se adquiere. Por otra parte, Kandel ha propuesto un
“inconsciente procesal” que secorresponde
con la memoria procesal (39,40).
E. Kandel
Por estas razones, un investigador de la Universidad de
Colorado, Clyman señala – al igual que lo hace Kandel – que la amnesia infantil
es, al menos parcialmente, producto de la inmadurez de la memoria declarativa,
mientras que desde la temprana infancia la memoria procesal puede codificar
expectativas transferenciales y proveer de continuidad al funcionamiento
emocional. En otras palabras, su tesis es que la memoria procesal subyace al
desarrollo de la Tr.
y las defensas.En tal sentido, Clyman señaló
que a pesar de que el inconsciente procesal no posee un conocimiento simbólico
y no puede expresarse directamente en lenguaje, el programa procesal podría
traducirse en un lenguaje declarativo. Dice: “El conocimiento declarativo
puede ser recordado; el conocimiento procesal sólo puede ser puesto en actos
(enacted)... Lo procesal puede organizar cómo pensamos, aunque los mecanismos
procesales permanezcan fuera de la conciencia. Esto es tan cierto mientras
manejamos un carro o, como espero demostrar, cuando estamos desenvolviéndonos
en una relación emocional o en nuestro mundo intrapsíquico de objetos
internalizados.... Los procesos cognitivos organizan la forma en que pensamos,
mientras los procesos emocionales organizan la forma en que sentimos y
respondemos a las situaciones emocionales”. (41). Deduzco de los
planteamientos de Kandel y Clyman que la memoria procesal y sus mecanismos
darían cuenta de aspectos del inconsciente, en particular de la llamada
represión primaria, o sea, aquello que nunca fue consciente; de lo que en
análisis consideramos la información no verbal o preverbal; de la compulsión de
repetición; de los rasgos de carácter, etc. En tal sentido, la memoria procesal
explicaría lo que Freud (1914) describió en Recordar, Repetir y Reelaborar,
cuando señaló que la persona repite en vez de recordar y que se tiene una
compulsión a ello. Igualmente, mucho de lo no recordado no se debería a la
resistencia, sino a los mecanismos procesales que sólo permiten la actuación y
no el recuerdo, lo que es lo mismo que decir que se recuerda repitiendo actuaciones.
Es por ello que Clyman define a la
Tr. como “la actuación de los procesos emocionales aprendidos
en la infancia” y plantea que aunque estas actuaciones ocasionalmente están
basadas en procesos controlados operando sobre informaciones declarativas inconscientes,
más comúnmente son manifestaciones de las emociones organizadas de manera
procesal.Bleichmar (33), ateniéndose a
los descubrimientos de las neurociencias, plantea que el interés del
psicoanálisis se ha centrado sobre el inconsciente reprimido, pero se ha
desconocido otros tipos de procesamiento inconsciente entre los cuales debemos
considerar al inconsciente originario por identificación con las figuras
significativas, y al inconsciente originario de las interacciones, que no es el
resultado de la represión por razones afectivas, sino porque se organizó en
forma de procedimientos automatizados de cómo relacionarse con el otro y con el
mundo, a través de la memoria procesal o implícita y que no se constituye
exclusivamente en la infancia, sino que continúa a todo lo largo de la vida.
Como vemos, no sólo el inconsciente reprimido entraría a formar parte de la Tr., sino que también lo
haría el originado en interacciones no reprimidas de la infancia y de las
sucesivas interacciones (incluyendo la analítica), el identificatorio, sus
combinaciones, transformaciones etc. De allí que los “intersubjetivistas”
consideran que los “enactment” que se realizan en la relación analítica
permiten comprender los modos de relación que han sido conservados en la memoria
procesal.En síntesis, se podría decir
que la Tr. es
determinada tanto por la memoria declarativa como por la procesal y que este
sería el aspecto intrapsíquico de la misma que conduce a la compulsión de
repetir en la relación analítica. Pero por otra parte, en esta relación existe
la posibilidad de cambiar estos patrones de repetición por medio del insight y
de los efectos de la propia relación cuando ésta, en vez de reproducirlos,
conduce a la instauración de nuevos mecanismos declarativos y procesales. O
sea, que en la propia relación analítica se producen nuevas memorias que
también generan o modulan mecanismos procesales que inciden sobre la Tr. y, para bien o para mal,
la modifican.Considero que los aportes
cognitivos y de las neurociencias, apoyan las explicaciones psicoanalíticas de la Tr. como un fenómeno
intrapsíquico de repetición de patrones infantiles, tanto declarativos como
procesales. Pero también apoyan la explicación de la Tr. como fenómeno interactivo.
Tanto lo declarativo influye sobre lo procesal (ya sea desde “dentro” -insight
-, como desde “afuera” -interpretación del analista-) como lo procesal influye
sobre lo declarativo (ya sea desde “dentro” -mundo intrapsíquico-, como desde
“afuera” -relación analítica no verbal-).
CONCLUSIONES
Ante la “tesis” de que la Tr. es
una producción intrapsíquica o la “antítesis” de que es una creación
intersubjetiva e interpersonal (dialéctica que considero producto del patrón
cognitivo básico a pensar en términos dicotómicos), sostengo la “síntesis” de
que la Tr. no sólo es repetición de patrones o modelos, sino una actividad
organizativa, una función yóica estructurativa y una forma de crear sentido. Es
un mecanismo mental esencial y necesario que contiene elementos inconscientes
repetitivos de la historia personal (intrapsíquicos, aunque originados en las
relaciones objetales), pero que también adquiere elementos del contexto
extrapsíquico o interpersonal actual, de manera que estos dos grupos de
elementos se retroalimentan e interactúan. Estoy en parte de acuerdo con
aquellos que se han desprendido del modelo arqueológico freudiano y que no
consideran que el inconsciente sea un espacio en el que se encuentran
reprimidos los contenidos de forma inmutable, listos para ser encontrados.
Contenidos reprimidos `reales´ que han permanecido atemporalmente
inmodificados, hasta que el análisis los desentierra a través de una repetición
estereotipada en la Tr.,
que reproduce casi exactamente como una vez fue la relación o la realidad
histórica. Sin embargo, también existe una tendencia a la repetición –
independientemente, como dijera Lagache, de que la consideremos ligada a la
pulsión de muerte (necesidad de repetición) o al intento de repetir para
elaborar (repetición de la necesidad) - y ésta parece corresponder a esos
contenidos reprimidos (10).
Es indudable que existen patrones que buscan su expresión y repetición en la Tr. y que unas veces son más
fijos e inmutables que otras, pero también es cierto que no son vasijas
arqueológicas que están allí tal cual como una vez estuvieron, sino que se han
modificado con los años y se siguen modificando en la relación analítica.
Incluso la vasija del arqueólogo también se ha modificado con el paso de los
años. Por tanto, la Tr.
repite pero también innova; reedita la película pero también filma nuevas
versiones. Si no fuera así, ¿cómo podría el análisis conducir a cambios? Aunque
el símil puede ser un tanto burdo, retomaré el mito de la caverna. Consideremos
que la persona solía ver repetirse las mismas sombras a través del tiempo;
cuando después sale de la caverna y comienza a ver nuevos objetos tenderá a
explicárselos en función de las sombras conocidas. Sobre el analista proyectará
las sombras conocidas de su historia y pretenderá tratarlo como si fuera una de
estas sombras – por ejemplo, la de la madre – y este se lo interpretará como la Tr.. Este sería el
aspecto arqueológico o intrapsíquico de la Tr. Pero resulta que el analista no
es una nueva pared sobre la que el paciente meramente proyecta las sombras de sus
recuerdos, sino que además es un nuevo objeto fuera de la caverna que puede (o
no) adoptar actitudes, conductas, posturas que en efecto se parecen y recuerdan
a las sombras de la caverna, con lo cual inducirá proyecciones de las mismas
sobre él. En este caso, a pesar de que el analista ha evocado las sombras
intrapsíquicas del recuerdo de su paciente, lo ha hecho por medio de una
relación que puede evocar una sombras más que otras, con lo cual interviene en
el desarrollo de la Tr.
y este sería el aspecto interpersonal, intersubjetivo y actual de la misma.
Pero la cosa no acaba aquí, pues el analista no sólo evoca
sombras del pasado cavernario, sino que además se presenta como un objeto nuevo
cuyas sombras no se habían proyectado antes sobre dicha pared. A su vez, este
nuevo objeto puede ser visto de manera más o menos realista o más o menos
deformada, pero a esta nueva relación y a este nuevo objeto, ya no sabemos si
denominarlo Tr., puesto que no corresponde - al menos no completamente - a una
proyección de las sombras intrapsíquicas.El modelo clásico, positivista, sostiene que la interacción subjetiva
sólo forma una capa manifiesta de las expresiones psíquicas y que la verdadera
fuente motivacional subyace en lo intrapsíquico. Veamos qué nos dice Dunn al
respecto: “Referirse al debate positivista/intersubjetivista como una
tipología de una persona versus dos personas, oscurece la rica complejidad
teórica intrínseca de estas perspectivas contrastantes. Una lectura cuidadosa
revelará que ambos modelos requieren actitudes filosóficas y principios
clínicos que pertenecen a uno u otro campo. El esquema clásico no elimina,
conceptualmente, la interdependencia entre las subjetividades del par analítico
o la necesidad de una sintonía afectiva desde “dentro” del marco referencial
del paciente, ni el enfoque intersubjetivo borra totalmente las prescripciones
técnicas que ubican al analista como observador objetivo del sujeto” (42). Culmino
con este párrafo de Dunn que sintetiza mi idea sobre la posible síntesis
resultante de la dialéctica que venimos tratando.
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NOTA:Toda la información que se brinda en este artículo es de cará
cter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.