Octubre-Diciembre 2025 104
DOI:10.70024 / ISSN 1317-987X
 
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Salud&Sociedad
 





Carlos Calderas: El crecimiento que se logra con el recorrido

El arte de la medicina: saber acercarse al otro


Calderas, egresado de la escuela de medicina Luis Razetti de la Universidad Central de Venezuela (U.C.V.), hizo la rural en un poblado de la costa llamado Río Chico, y realizó dos postgrados: el primero en Cardiología, en el Hospital Pérez Carreño, de Caracas, y otro en Cardiología Intervencionista, en Barcelona, España.

Para el médico, quien labora en el Urológico de San Román y, hasta hace poco, trabajó en el Hospital Pérez Carreño, ambos en Caracas, la mayor satisfacción laboral viene del “agradecimiento de un paciente al que haya podido de alguna manera ayudar. Más allá de que era un compromiso esperado”; y lo “más difícil es tener un paciente grave que le falta recursos económicos, porque independientemente de los honorarios profesionales tiene que pagar un material y por eso va a sufrir y a padecer”, dice al tiempo que gesticula con los puños cerrados.

Si algo llama la atención de Calderas es su concepción de la medicina como arte y no como ciencia. Desde esta perspectiva, no existirían ni pacientes ni enfermedades, sino enfermos; ya que una misma patología puede presentarse de distintas maneras entre las personas. Para ilustrarlo dice que dos personas pueden tener la misma enfermedad, pero los efectos pueden ser distintos. Así, para uno de ellos lo más grave puede ser el dolor y no la infección o viceversa. “La esencia del tratamiento de esa enfermedad no necesariamente tiene que ver con una infección para la que recetas antibióticos; si no tienes dolor no tengo porque darte un analgésico porque no te va a hacer nada. Pero, si el paciente tiene dolor tengo que darle además de antibióticos, analgésicos. Si le curo la infección pero no le quito el dolor, va a decir que soy un terrible médico, porque lo hice sufrir. Porque para él su problema fundamental es el dolor y no la infección”

En tal sentido, una de sus asistentes, Katherine Sánchez, quien lo conoce desde hace cuatro años, indica que el doctor, a quien define como una persona constante, sencilla y gentil, especialmente con quienes lo consultan, “es muy estricto en el trato de los pacientes porque para él lo más importante son ellos”. El precedente de una señora mayor que se refería a él, cariñosamente, como Carlitos confirma la mística que signa su labor.

En su campo específico, al que cataloga de “tercer nivel” por cuanto atiende a pacientes que ya están severamente afectados y – con frecuencia – ameritan alguna operación, las decisiones, según dice, se toman muchas veces sin partir de lo escrito, recurrir a la balanza entre riesgo y beneficio es inevitable. “Entender que a cada paciente tienes que aproximarte de una manera diferente (…) tienes que tener el background y el soporte de las todas las evidencias, pero las decisiones las tienes que tomar partiendo de ese paciente”.

Sin embargo, el arte de la medicina pareciera no ser un valor en alza. Por ello, luego de reflexionar sobre el nivel de la enseñanza y práctica médica en Venezuela, Calderas afirma que “la medicina hospitalaria está en franco deterioro, hay cosas que te impiden trabajar en los hospitales. El profesor de los residentes, la fuente del conocimiento de los residentes, no puede dar todo lo que tiene que dar y los residentes tienen que aprender en la práctica, según la velocidad con la que actúes en el momento de resolver la situación”.

En cuanto a los postgrados en Venezuela, a pesar de tener la oportunidad de tener contacto directo con los enfermos, el mayor problema, a su juicio, tiene que ver con la ausencia de un profesor que guíe a los estudiantes. “Si tienes la capacidad de aprender de los pacientes y estudiar con buen método científico que te permita sacar información de los libros, tienes acceso a internet y a las revistas; aprendes. Pero hay personas que no aprenden si no les dan clases, y aquí no dan clases”.

En su caso, su experiencia en España le permitió contar con la orientación de maestros, con probado dominio en el área. “La diferencia es en la proporción de la práctica y el manejo teórico”, contrasta Calderas.

Otro factor que también caracteriza a la medicina venezolana, es la tendencia a que los profesionales de la salud tengan dominio de las distintas áreas de su especialización. “En términos de cardiología cuando yo estaba en el Pérez Carreño se trabajaba con el concepto del supercardiológo: bueno en las áreas de arritmia, marcapasos y clínica. Debía ser bueno en todo, el problema es que la cardiología crece de una manera agigantada y no puedes mantenerte actualizado en todo”.

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NOTA: Toda la información que se brinda en este artículo es de carácter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.





Instituto de Medicina Tropical - Facultad de Medicina - Universidad Central de Venezuela.
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