Carlos Calderas: El crecimiento que se logra con el recorrido
El arte de la medicina: saber acercarse al otro
Calderas, egresado de la escuela de medicina Luis Razetti
de la Universidad Central de Venezuela (U.C.V.), hizo la rural en un poblado
de la costa llamado Río Chico, y realizó dos postgrados: el
primero en Cardiología, en el Hospital Pérez Carreño,
de Caracas, y otro en Cardiología Intervencionista, en Barcelona, España.
Para
el médico, quien labora en el Urológico de San Román y,
hasta hace poco, trabajó en el Hospital Pérez Carreño,
ambos en Caracas, la mayor satisfacción laboral viene del “agradecimiento
de un paciente al que haya podido de alguna manera ayudar. Más allá
de que era un compromiso esperado”; y lo “más difícil
es tener un paciente grave que le falta recursos económicos, porque independientemente
de los honorarios profesionales tiene que pagar un material y por eso va a sufrir
y a padecer”, dice al tiempo que gesticula con los puños cerrados.
Si
algo llama la atención de Calderas es su concepción de la medicina
como arte y no como ciencia. Desde esta perspectiva, no existirían ni
pacientes ni enfermedades, sino enfermos; ya que una misma patología
puede presentarse de distintas maneras entre las personas. Para ilustrarlo dice
que dos personas pueden tener la misma enfermedad, pero los efectos pueden ser
distintos. Así, para uno de ellos lo más grave puede ser el dolor
y no la infección o viceversa. “La esencia del tratamiento de esa
enfermedad no necesariamente tiene que ver con una infección para la
que recetas antibióticos; si no tienes dolor no tengo porque darte un
analgésico porque no te va a hacer nada. Pero, si el paciente tiene dolor
tengo que darle además de antibióticos, analgésicos. Si
le curo la infección pero no le quito el dolor, va a decir que soy un
terrible médico, porque lo hice sufrir. Porque para él su problema
fundamental es el dolor y no la infección”
En
tal sentido, una de sus asistentes, Katherine Sánchez, quien lo conoce
desde hace cuatro años, indica que el doctor, a quien define como una
persona constante, sencilla y gentil, especialmente con quienes lo consultan,
“es muy estricto en el trato de los pacientes porque para él lo
más importante son ellos”. El precedente de una señora mayor
que se refería a él, cariñosamente, como Carlitos confirma
la mística que signa su labor.
En
su campo específico, al que cataloga de “tercer nivel” por
cuanto atiende a pacientes que ya están severamente afectados y –
con frecuencia – ameritan alguna operación, las decisiones, según
dice, se toman muchas veces sin partir de lo escrito, recurrir a la balanza
entre riesgo y beneficio es inevitable. “Entender que a cada paciente
tienes que aproximarte de una manera diferente (…) tienes que tener el
background y el soporte de las todas las evidencias, pero las decisiones las
tienes que tomar partiendo de ese paciente”.
Sin
embargo, el arte de la medicina pareciera no ser un valor en alza. Por ello,
luego de reflexionar sobre el nivel de la enseñanza y práctica
médica en Venezuela, Calderas afirma que “la medicina hospitalaria
está en franco deterioro, hay cosas que te impiden trabajar en los hospitales.
El profesor de los residentes, la fuente del conocimiento de los residentes,
no puede dar todo lo que tiene que dar y los residentes tienen que aprender
en la práctica, según la velocidad con la que actúes en
el momento de resolver la situación”.
En
cuanto a los postgrados en Venezuela, a pesar de tener la oportunidad de tener
contacto directo con los enfermos, el mayor problema, a su juicio, tiene que
ver con la ausencia de un profesor que guíe a los estudiantes. “Si
tienes la capacidad de aprender de los pacientes y estudiar con buen método
científico que te permita sacar información de los libros, tienes
acceso a internet y a las revistas; aprendes. Pero hay personas que no aprenden
si no les dan clases, y aquí no dan clases”.
En
su caso, su experiencia en España le permitió contar con la orientación
de maestros, con probado dominio en el área. “La diferencia es
en la proporción de la práctica y el manejo teórico”,
contrasta Calderas.
Otro
factor que también caracteriza a la medicina venezolana, es la tendencia
a que los profesionales de la salud tengan dominio de las distintas áreas
de su especialización. “En términos de cardiología
cuando yo estaba en el Pérez Carreño se trabajaba con el concepto
del supercardiológo: bueno en las áreas de arritmia, marcapasos
y clínica. Debía ser bueno en todo, el problema es que la cardiología
crece de una manera agigantada y no puedes mantenerte actualizado en todo”. |