Obstetricia
Toxina botulínica A: una opción terapéutica en vejiga hiperactiva
Introducción
De
acuerdo a la Sociedad Internacional de Continencia (ICS, por sus siglas en
inglés), la vejiga hiperactiva (VHA) se define como un síndrome caracterizado
por polaquiuria, usualmente acompañada de urgencia miccional y nicturia con o
sin incontinencia, en ausencia de patología local o factores metabólicos que
puedan ser responsables de estos síntomas (1-6).
La vejiga
hiperactiva es una entidad clínica que se caracteriza por la aparición de
contracciones involuntarias durante la fase de llenado vesical. El síntoma
principal es la urgencia miccional. Los síntomas de VHA, al igual que las
incontinencias urinarias, impactan negativamente en la calidad de vida de
aquellas personas que las padecen, provocando generalmente angustia psicológica
importante y depresión, y pueden afectar incluso a sus relaciones personales y profesionales.
Por esa razón, a la VHA también se conoce como el síndrome de la urgencia
miccional y el síndrome de urgencia-frecuencia. Esta combinación de síntomas se
asocia a la hiperactividad demostrable del detrusor durante la fase de llenado
en la cistometría presión/flujo (1,5-8).
Uno de los tratamientos más utilizados en
pacientes con vejiga hiperactiva ha sido con agentes antimuscarínicos, tales
como oxibutinina y la tolterodina, aunque los resultados son satisfactorios en
la mayoría de los casos, a veces no hay una respuesta adecuada. Además, estos
agentes provocan varios efectos adversos que son una de las causas más
frecuentes de abandono del tratamiento. La sequedad de la boca, constipación y
visión borrosa son los efectos adversos observados con mayor frecuencia (9).
Mientras que el uso de la toxina botulínica A ha mostrado buenos resultados y
tolerancia en pacientes con vejiga hiperactiva refractaria a otros tratamientos
(10-15). La toxina botulínica es el más potente veneno natural. Fue aislada por Van
Emergem en 1897. (12,14) En la actualidad se conocen 7 serotipos de toxina que
van de la A hasta la G, siendo las toxinas tipo A y B las comercialmente
disponibles. La tipo A tiene como propiedad bloquear la liberación de
acetilcolina de la terminal neuronal. Esta propiedad la ha constituido como una
herramienta útil para el manejo de los pacientes con vejiga hiperactiva tanto
neurogénica como idiopática (12,13).
La toxina botulínica A ha sido empleada
desde hace muchos años en otros campos de la medicina para el tratamiento de
varias enfermedades pero dentro de la especialidad urológica su uso ha sido más
reciente. El primer reporte de utilización de toxina botulínica fue realizado
por Dykstra y colaboradores en 1988 en el tratamiento de la vejiga neurogénica.
Desde entonces su uso se ha difundido en forma importante, existiendo una
amplia información bibliográfica respecto a su utilidad en vejiga
hiperrefléxica, disinergia vésico-esfinteriana, dolor y espasmo del suelo pelviano,
cistitis intersticial, adenoma de próstata, otras. De manera que, actualmente
la inyección vesical de toxina botulínicaA es una opción terapéutica para
mejorar los trastornos urológicos (12,13,16).
La prevalencia de la enfermedad se calcula
en aproximadamente 15 %-20 % de la población; sin embargo, se sabe que se
incrementa con la edad, afectando hasta el 25 % de las mujeres mayores de 65
años y hasta el 80 % en ancianos. Más del 90 % de los casos no tienen una causa
evidenciable (2,3,8).
Se ha estimado que la VHA afecta a 33
millones de personas en Estados Unidos. Aunque se calcula que sólo el 15% de
las personas que sufren de incontinencia y síntomas de VHA soliciten atención
médica. En Estados Unidos, de acuerdo al programa National Overactive Bladder
Evaluation (NOBLE), existe una prevalencia de la VHA de un 16,9 % en las
mujeres y de 16,05 % en los hombres, prevalencia que se incrementa con la edad
(2,5,6).
En estudios clínicos llevados a cabo en
España y otros países europeos se ha observado una mayor prevalencia de
sintomatología urinaria en mujeres con respecto a los varones. Se ha
demostrado, específicamente en mujeres, asociación entre la presencia de síntomas
urinarios y la disminución de actividad sexual, así como la asociación de
síntomas urinarios y patologías como depresión, infecciones recurrentes del
tracto urinario inferior, diabetes y obesidad (1,4,12). Existen algunas
evidencias estadísticas de diferentes autores, que han señalado la existencia
de una mayor prevalencia de VHA en mujeres de raza blanca, hispánicas y
asiáticas, sobre mujeres de raza negra (2,5). El síndrome de vejiga hiperactiva es una
enfermedad frecuente con un impacto negativo significativo sobre la calidad de
vida y representa una gran carga personal, sanitaria y económica, afectando el
rendimiento laboral de quien la padece (1,6) Hasta 67 % de las mujeres con VHA
refieren que sus síntomas afectan a su vida diaria. De las que tenían síntomas,
60 % los encontraron lo suficientemente molestos como para consultar a un
médico (2).
Por tanto, considerando el problema que
representa la sintomatología de la vejiga hiperactiva para las mujeres
afectadas y ante la posibilidad de disponer de un tratamiento, el cual pudiese
contribuir a mejorar esta condición, se plantea la necesidad de realizar un
estudio clínico, en la Unidad de Uroginecología del Hospital General “Dr. José
Ignacio Baldó”, bajo la interrogante ¿Cuál es la respuesta de la vejiga
hiperactiva tratada con toxina botulínicaA?
En tal sentido en revisión de la
literatura, se encontraron trabajos como el de Pérez y Reyes (2), qienes
concluyeron que el manejo médico con toxina botulínica tipo A (100 UI),
constituye un tratamiento efectivo para el manejo de VHA refractaria a
fármacos. No encontraron reacciones secundarias relevantes.
Garrido y cols. (11),. concluyeron que la
inyección de 300 UI de toxina botulínica tipo A en el detrusor ha demostrado
ser eficaz y segura para el tratamiento del detrusor hiperactivo neurogénico
refractario.
Rebassa y cols. (3) llevaron a cabo un
estudio clínico en 2007 expresan en su estudio que el tratamiento con toxina
botulínica es eficaz en la mayoría de pacientes con vejiga hiperactiva
refractaria a otros tratamientos, manteniéndose la mejoría como mínimo durante
5 meses con la posibilidad de repetir la administración en caso necesario.
A continuación, se exponen algunos conceptos
en fisiología y sisiopatología, importantes para la orientación de la conducta
ante la VHA.
La micción normal incluye la coordinación
de varias estructuras como la corteza cerebral, protuberancia, sistema nervioso
periférico, somático, fibras aferentes sensoriales y componentes anatómicos del
tracto urinario inferior. Asimismo, neurotransmisores centrales y periféricos
como la acetilcolina, dopamina, óxido nítrico, entre otros, juegan un papel
importante. La vejiga y la uretra actúan como una sola unidad (vesico-uretral)
durante la función del tracto urinario inferior normal. El papel de esta unidad
es el almacenamiento de la orina y la micción (17).
Los mecanismos esfinterianos femeninos
dependen de la integridad del mecanismo esfinteriano uretral, que se compone de
un músculo liso uretral intrínseco longitudinal y de un componente muscular
estriado extrínseco más grande. Abarca los 2/3 proximales de la uretra.
El daño al esfínter o su inervación (nervio
pudendo) por trauma obstétrico, reduce la efectividad de este mecanismo y
predispone a la incontinencia urinaria de esfuerzo (IUE).
En la mujer los músculos del piso pélvico
también tienen un papel importante para el mantenimiento de la continencia.
Un aspecto importante de la evaluación,
consiste en valorar las consecuencias sobre la calidad de vida que generan los
síntomas de VHA. Existen varios cuestionarios, los cuales se pueden aplicar
para su evaluación, entre ellos el denominado VHA-V8. Además es necesario diagnosticar
prolapsos de órgano pélvico, disfunción sexual y defecatoria. Se obtendrán los
antecedentes médicos importantes y quirúrgicos tales como cirugías de vejiga o
ginecológicas. Resulta fundamental dentro de la historia clínica repasar los
fármacos usados (18).
En la exploración física se debe hacer un
examen neurológico exhaustivo donde se debe evaluar el estado cognitivo, los
pares craneales, los reflejos tendinosos profundos y la fuerza muscular. La
integridad del esfínter anal y los reflejos pélvicos son indicadores de la
integridad de la medula sacra. Se debe evaluar la presencia de prolapso de
órgano pélvico, la función de los músculos del piso pélvico, flujo vaginal,
trofismo para ver si existe deficiencia de estrógeno. El tono de los músculos de
piso pélvico se debe evaluar en reposo y durante la contracción pude ser en
débil, moderado y fuerte o según el sistema de Oxford que va en una escala del
1-5 (18).
Las pruebas
complementarias nos ayudan a corroborar el diagnostico, dentro de ellas el examen
simple de orina y urocultivo deben realizarse de entrada para descartar
infecciones del tracto urinario ya que representa una causa frecuente de
hiperactividad del detrusor. El conocido diario miccional, nos indica un
reporte descriptivo de los hábitos de la paciente, tales como ingesta de
líquidos, bebidas irritativas ingeridas, frecuencia miccional, volumen urinario
eliminado, episodios de incontinencia urgencia, nicturia y el uso de material
absorbente. Las pruebas urodinámicas representan el pilar fundamental para
corroborar el diagnostico de VHA ya que la cistometría es el único método
objetivo para evaluar las contracciones del detrusor. Estudios de presión
uretral y electromiografía complementan estas pruebas (18).
En cuanto al tratamiento, la VHA se puede
tratar de diversas maneras y se divide el tratamiento en farmacológico y no
farmacológico. El tratamiento no farmacológico debe iniciarse con maniobras de
reentrenamiento vesical donde se instaura un programa de micción programada con
aumento progresivo del intervalo de las micciones, basándose en la suposición
de que los esfuerzos conscientes para suprimir los estímulos sensitivos
restablecerán el control cortical de una vejiga no inhibida, con lo que se
recuperaran unos patrones miccionales normales. La biorretroalimentación es una
forma de reeducación de la paciente, de tal modo que se hacen accesibles
procesos fisiológicos normalmente inconscientes, mediante señales auditivas,
visuales o táctiles. La estimulación eléctrica es otra opción usada en el
tratamiento no farmacológico de estas pacientes ya que actúan estimulando el
brazo aferente del arco reflejo pudendo logrando así contractilidad de los
músculos de suelo pélvico (18).
El pilar fundamental del tratamiento
farmacológico para esta enfermedad son los fármacos antimuscarínicos los cuales
tienen cierta selectividad por los receptores M3. Entre ellos, los prescritos
con mayor frecuencia son la oxibotunina y la tolterodina. Estos agentes actúan
inhibiendo las contracciones, aunque debido al efecto antimuscarínico pueden
provocar efectos adversos importantes, por lo que la paciente decide abandonar
el tratamiento (18).
Existen casos refractarios los cuales deben
ser resueltos mediante otras alternativas terapéuticas (2). La inyección
intravesical, directamente en el detrusor, de toxina botulínica tipo A se usa
cada vez con mayor frecuencia como intervención para la vejiga hiperactiva
refractaria al manejo farmacológico, con un grupo considerable de informes de
casos y series en la literatura que sugieren efectos beneficiosos
(2,8,13,14,16).
El mecanismo de acción de la neurotoxina
botulínica consiste en inhibir la liberación de acetilcolina de las
terminaciones neuronales a nivel de la unión neuromuscular, provocando una
denervación química temporaria con pérdida de la contracción muscular, dando
lugar a una parálisis transitoria de la musculatura. (2,13,15)
De los pacientes con VHA tratadas con
toxina botulínica A, el 60 % al 80 % muestran mejoría. Sin embargo, la eficacia
de este tratamiento se limita a una duración de 6-8 meses. La inyección en el
trígono ha sido tema de controversia debido a que inocular toxina cerca de los
meatos ureterales puede ocasionar reflujo vesico-ureteral; sin embargo, debido
a que el trígono es una zona muy inervada algunos lo incluyen en la zona a
inyectar (19).
El evento adverso más importante
relacionado con aplicación de toxina botulínica es aumento del volumen residual
posterior a la micción, ocurre en el 10 % – 20 % de las pacientes. Dicha
retención generalmente es transitoria y desaparece al mes en la mayoría de los
casos (19).
En este trabajo el objetivo es evaluar la respuesta de la vejiga
hiperactiva tratada con toxina botulínicaA en pacientes que acuden a la Unidad
de Uroginecología del Hospital General “Dr. José Ignacio Baldó” de Caracas,
entre junio y agosto de 2014.
Se trata de un ensayo clínico no
controlado, mediante el cual se evaluó el tratamiento de la vejiga hiperactiva
(VHA) con toxina botulínica A en 13 pacientes con dicho diagnóstico, en la
Unidad de Uroginecología del Servicio de Cirugía del Hospital General “Dr. José
Ignacio Baldó” de Caracas, quienes luego de cumplir los requisitos de
inclusión, firmaron el consentimiento informado y practicarles la evaluación
urodinámica, recibieron la aplicación intravesical de toxina botulínica A. Se
incluyeron pacientes con VHA que no respondieron al tratamiento con agentes
antimuscarínicos o que abandonaron el tratamiento con estos agentes
antimuscarínicos debido a presentar efectos adversos severos. Se excluyeron
pacientes con miastenia gravis o alguna patología neurológica que afecte el
tracto urinario inferior, con obstrucción del tracto urinario, infecciones
urinarias activas, o con neoplasia del tracto urinario inferior.
A cada paciente se le realizó historia
clínica completa, incluyendo examen neurológico, diario miccional, uroanálisis,
urocultivo, y estudio urodinámico previo al tratamiento y otro estudio
urodinámico de control a los 30 días después de la inyección de toxina
botulínica A. Los parámetros urodinámicos que fueron analizados son los
siguientes: capacidad cistométrica máxima (CCMX); presión máxima del detrusor
(PMXDET); presión de fin de llenado (PFLL) y residuo postmiccional (RPM).
Se procedió a
la recolección de los datos de investigación, mediante la utilización de un
formulario, diseñado específicamente con ese propósito, el cual contiene la
información demográfica de cada paciente, así como la valoración de la función
miccional, incluyendo al cuestionario VHA-V8 y el diario miccional; además del
registro de los resultados de las pruebas urodinámicas. Parte de la información
requerida se obtuvo mediante la entrevista clínica, siempre resguardando la
privacidad y confidencialidad de la paciente.
La técnica utilizada para la aplicación
intravesical de la toxina botulínica A (19) se describe a continuación: - Se prepara previamente la toxina botulínica diluyendo
100 UI en 10ml de solución salina al 0,9%, de modo que cada ml contengan 10unidades.
- Con la paciente en quirófano, posición de
litotomía dorsal con sedación endovenosa.
- El polvo desecado se reconstituye con solución
salina 0,9%.
- La cistouretroscopia se lleva a cabo
inicialmente, además de notar cualquier anormalidad intravesical, la
configuración de la vejiga da idea de la planificación de la separación de las
inyecciones, con fin de cubrir la mayor parte de la vejiga como sea posible.
- Mediante el cistoscopio, con aguja calibre 23
conectada a jeringa con la toxina, se inyecta directamente el músculo detrusor
en 20 sitios diferentes, abarcando toda su estructura, sin inocular en el
trígono ni en las cercanías de los orificios ureterales, aplicando 0,5 ml en
cada sitio, para una dosis total de 100 UI.
- Revisión cistoscópica final para evidenciar y
evitar sitios de sangrados locales.
- La paciente egresa al cabo de 2 horas de
observación, a fin de detectar cualquier efecto negativo que pueda ocurrir.
Para el análisis, se utilizaron pruebas de
análisis descriptivos por medio de porcentajes y promedios. Para las variables
nominales se procedió a calcular sus respectivas frecuencias, tanto absolutas
como relativas (porcentajes). |