Salud Pública
Prácticas sexuales de riesgo en estudiantes de dos instituciones de secundaria. Valencia, Estado Carabobo, 2022.
Introducción
La adolescencia constituye una etapa de la vida donde
ocurren transformaciones importantes que implican nuevos desafíos, y en la
actualidad, la salud sexual es uno de los principales, por la influencia de factores
externos como las redes sociales y medios televisivos. Según la Organización
Mundial de la Salud (OMS) (1) la adolescencia es un proceso de crecimiento y
desarrollo que se presenta entre los 10 y 19 años de edad, donde existen
cambios físicos, biológicos, e insuficiente capacidad de identificar las
consecuencias de sus conductas, por su percepción de omnipotencia, lo que hace
vulnerable a situaciones que ponen en riesgo su salud, entre las que se
encuentran las conductas sexuales de riesgo (2), como el inicio precoz de vida
sexual (3).
Es por ello que, en la adolescencia, el comportamiento
sexual muchas veces se caracteriza por ser de iniciación promiscua,
condicionada en muchos casos desde reglas marcadas por su grupo de amigos y
bastante poco permeable al control y supervisión de adultos (4). Es un tema de
importancia en la salud pública, bajar las estadísticas de embarazo precoz y de
infecciones de transmisión sexual, ya que los adolescentes son el futuro del
país (4,5). Aunado a esto, en algunas situaciones, ver
pornografía convencional, la cual es prácticamente libre en internet, puede ser
perjudicial para la salud sexual y reproductiva de los adolescentes, pudiendo
generar desigualdades de género al distorsionar la imagen de la mujer (6,7).
También inciden, como factores de riesgo significativos, dificultades
para la práctica y empleo del preservativo, y el uso de Internet para contactar
parejas sexuales, entre otras (8-10), las circunstancias de pobreza, disfunción
familiar, falta de afectos, baja autoestima, abandono escolar y el uso de
alcohol y drogas (11-14). La relevancia de
analizar la sexualidad en adolescentes, reside en las repercusiones que
implican el embarazo temprano y el contagio de infecciones de transmisión
sexual en los jóvenes, las cuales impactan su vida actual y a largo plazo.
Por esta razón, varios autores se han dedicado al tema,
como el estudio descriptivo en 40 adolescentes, para caracterizar la prevención de las
conductas sexuales de riesgo en adolescentes de Cuba. Encontraron que 80 % de los hombres iniciaron la actividad sexual
tempranamente; el 83,3 % de los hombres manifestó haber tenido relaciones
sexuales bajo el efecto de alguna droga siendo la más común el alcohol. El 56 %
de las mujeres tuvieron una pareja en un intervalo de más de seis meses,
mientras que el 66,7 % de los hombres habían tenido más de dos parejas en menos
de un mes. El condón fue el método más frecuentemente usado en hombres y en las
muchachas predominó el uso de las tabletas anticonceptivas en más de la mitad.
Concluyen que predominaron dificultades tanto en el conocimiento como en el
comportamiento sexual, así como conductas sexuales con baja percepción de
riesgo (15).
En un estudio realizado en Latinoamérica sobre conductas
sexuales de riesgo en estudiantes adolescentes, refieren que 41,4 % de ellos
habían mantenido relaciones sexuales alguna vez. Entre los adolescentes
sexualmente activos, el 58,8 % había tenido ≥2 parejas sexuales; 58,6 % tuvieron
un debut sexual precoz (≤14 años); el 41,9 % no había utilizado ningún método
anticonceptivo durante la última relación sexual; 28,4 % no habría utilizado
condón la última vez que tuvo relaciones sexuales. Y de toda la muestra, 31,9 %
de adolescentes se habían involucrado en dos o más (múltiples) conductas
sexuales de riesgo. Concluyen que las conductas sexuales de riesgo fueron mayores en los
estudiantes varones, que tenían problemas psicológicos, consumían sustancias con
frecuencia, y estaban ausentes de la escuela (16).
Por su parte, Barría y Nieve (17) en un estudio de caso, observaron
que 25 alumnos de 12 a 14 años de edad, entendían la sexualidad como
simplemente tener relaciones sexuales (acto sexual), ignorando posibles
infecciones de transmisión sexual, embarazos no planeados y desconocimiento
sobre la homosexualidad. Afirman que estas temáticas son abordadas en forma general
en el currículo escolar, y siguen siendo inexploradas desde la perspectiva de
los adolescentes, desde su curiosidad y no solo con la mirada técnica que se
presenta en la escuela. Concluyen que los adolescentes poseen una visión
limitada de lo que implica la perspectiva sexual en sus vidas, y lleva a
cuestionar las directrices pedagógicas de la escuela en relación a la educación
sexual.
Al explorar las variables correspondientes a la
funcionalidad familiar y su relación con las conductas sexuales de riesgo en la
población adolescente, los hallazgos pusieron en evidencia que las conductas
sexuales de riesgo más representativas en los adolescentes fueron el embarazo,
las infecciones de transmisión sexual, el número de parejas sexuales, el uso
inconsistente de métodos anticonceptivos y el inicio temprano de relaciones
sexuales, y que la disfuncionalidad familiar está caracterizada por un clima
familiar hostil, bajos niveles de cohesión, muestras de afectividad escasas,
estilos de crianza permisivo y autoritario, niveles bajos de monitorización y
supervisión parental. Otro hallazgo
importante radica en que la comunicación de los padres, indicó un retraso en la
primera relación sexual, excepto cuando se recomendaron anticonceptivos en
estas conversaciones, ya que se tradujo como permisividad de los padres (18).
Más recientemente, se realizaron investigaciones con el
objetivo de identificar los factores de riesgo presentes en el clima social,
familiar y escolar, su determinación y su relación con conductas de riesgo en
adolescentes de educación media. La muestra de estudiantes, con una edad
promedio de 16,5 años detectados en situación de vulnerabilidad, de un
Municipio en México. Los resultados indican que hay una confluencia entre los
factores de riesgo social, familiar, escolar y factores de riesgo personal que
facilita que se den conductas de riesgo en los adolescentes como conductas
adictivas, antisociales, autolesivas, prácticas sexuales de riesgo y violencia
en el noviazgo. Concluyen que hay una determinación entre los factores de
riesgo social, familiar, escolar e individual con la presencia de conductas de
riesgo (19), mostrado por otros autores a través del método de
subestructuración teórica de Dulock y Holzmer (20).
En Venezuela, son escasas las publicaciones similares a la
actual. En una comunidad rural del estado Falcón, estudiaron 178 estudiantes
entre 12 y 17 años de edad, promedio 15 años con 51 % masculinos, estando el 60
% en un hogar biparental, y el 5 % viviendo con otro miembro de su familia sin
sus padres. El 36,5 % refirieron inicio temprano de las relaciones sexuales; de
ellos, el 26,2 % antes de los 12 años, 43,1 % entre los 13 y 14 años y 30,7 %
restante entre los 15 y 16 años. El 60 % tuvo más de una pareja sexual, y 50,7 %
refirió el uso del preservativo solo para evitar un embarazo, y casi un 2 %
refirió haber tenido una infección de transmisión sexual. Concluyen que existe
una necesidad de rediseñar las estrategias preventivas y los programas
educativos para los adolescentes en las escuelas, en el hogar y en la consulta
médica, para facilitar la difusión del conocimiento (21).
Es por ello que se plantea la siguiente investigación, para
identificar semejanzas y diferencias de los factores sexuales en adolescentes en
una institución educativa pública y una privada, debido a que se cree que por
pagar una institución privada los estudiantes reciben mayores beneficios, y
mayor nivel de exigencia académica en la espera de que el estudiante supere las
expectativas en su formación y educación sexual con respecto de un colegio
público en el cual asisten estudiantes, en su mayoría, de bajos recursos (9,12,22).
El objetivo principal fue comparar las prácticas sexuales de riesgo y los condicionantes sociales
de la sexualidad en adolescentes estudiantes de quinto año de bachillerato de
un liceo privado y uno público en Valencia, Venezuela de enero a abril del año 2022.
Y como objetivos específicos, identificar conductas sexuales de riesgo:
edad de inicio, uso de métodos anticonceptivos, uso de preservativos, número de
parejas sexuales y uso de drogas, determinar condicionantes sociales de la
sexualidad: estrato socio económico, constitución del núcleo familiar,
creencias religiosas, roles de los padres, uso de redes sociales, acceso a
información y educación sexual, acceso a programas de salud sexual y reproductiva.
Y, por último, comparar las variables de estudio en ambos grupos. |