María Concepción Páez
Doctora en Nutrición. Prof. Titular
Escuela de Bioanálisis. Investigadora y Directora Instituto de Investigaciones en Nutrición (INVESNUT-UC) Universidad de Carabobo
Anelsy Rivero
Gastroenterólogo Pediatra
Servicio de Gastroenterología Pediátrica de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera de la Ciudad de Valencia, Estado Carabobo-Venezuela.
Gloria Naddaf
Lic. en Bioanálisis.
Coordinadora del Área de Laboratorio. Instituto de Investigaciones en Nutrición. (INVESNUT-UC) Universidad de Carabobo.
Guillermo Bravomalo
Médico Cirujano. Escuela de Medicina, Universidad de Carabobo
Anna Inés Hevia
Médico Cirujano. Escuela de Medicina José María Vargas, Universidad Central de Venezuela
Anna M. Cioccia
Magister en Nutrición. Prof. Titular Jubilada del Postgrado en Nutrición de la Universidad Simón Bolívar
Patricio Hevia
phevia@usb.ve
Ph.D. en Nutrición. Prof. Titular Jubilado del Postgrado en Nutrición de la Universidad Simón Bolívar
Virología Niveles de prohepcidina sérica y estado nutricional del hierro en niños con síntomas gástricos asociados a infección con Helicobacter pylori. Fecha de recepción: 01/07/2017
Fecha de aceptación:
20/12/2017
La literatura sugiere que la infección con Helicobacter pylori (H. pylori), podría predisponer a una deficiencia de hierro y anemia ferropénica. Con el fin de profundizar en este tema y determinar si esta relación pudiera estar asociada a un aumento en los niveles de prohepcidina, condicionados por el estado inflamatorio producido por la infección con H. pylori, aquí se estudiaron 20 niños con síntomas de gastritis y biopsias indicativas de infección con H. pylori antes y 60 días después de erradicar la bacteria. La presencia de H. pylori y su erradicación con la terapia triple se confirmó usando la prueba del aire espirado. Los resultados mostraron que ninguno de los niños infectados presentó anemia pero durante la infección, entre un 75 y 90% presentaban una severa deficiencia de hierro determinada por sus niveles de ferritina, de receptores solubles de transferrina o por un algoritmo que relaciona estos dos factores con el estado inflamatorio medido a través de la proteína C reactiva y los niveles de leucocitos. Asimismo, se observó que en estos niños, los niveles de prohepcidina fueron 3 veces mayores que en niños normales. Una observación importante fue que 60 días después de la erradicación de H. pylori, los niveles de prohepcidina no disminuyeron y en consecuencia el estado de hierro tampoco mejoró. En general este estudio confirmó que la infección con H. pylori predispone a una deficiencia de hierro asociada con altos niveles de prohepcidina y que ninguno de estos factores disminuyó al erradicar la bacteria.
Palabras Claves:Niños, infección, H. pylori, erradicación, estado del hierro, prohepcidina
Title Serum prohepcidine and iron status in children with gastric symptoms of Helicobacter pylori infection
Abstract
The literature suggests that Helicobacter pylori (H. pylori) infection predisposes to iron deficiency and anemia. In order to delve into this issue and determine if a high serum prohepcidine concentration, resulting from the inflammatory state caused by H. pylori infection, could be involved in this issue, 20 children with gastritis symptoms and biopsy signs of H. pylori infection were study before and 60 days after eradication of the bacteria using the triple therapy. H. pylori infection and eradication were stablished using the urea breath test. The results showed that none of the children had anemia but 75-90% had a severe iron deficiency measured by serum ferritin level, serum soluble transferrin receptors as well as by an algorithm that combines the previous methods with the inflammatory state determined by leucocyte count and C reactive protein levels. In addition, in these children serum prohepcidine levels were 3 times higher than normal. An interesting observation was that H. pylori eradication did not reduced prohepcidine nor iron deficiency. In general, this study confirmed the association between H. pylori infection, iron deficiency and hyperprohepcidinemia and it also showed that H. pylori eradication had no effect on none of these factors.
Key Word Children, infection, H. pylori, eradication, iron status, prohepcidine
Introducción
El Helicobacter pylori (H. pylori) fue
aislado del epitelio gástrico de pacientes con gastritis crónica por Warren y
Marshall al inicio de los años 80 (1) y estos investigadores
australianos, ganaron el premio Nobel de Medicina en el 2005 por el
descubrimiento de esta bacteria y su papel en la etiología en la gastritis y la
úlcera péptica (2,3). Este descubrimiento cambió el paradigma en
relación al tratamiento de estas patologías, que de ser consideradas como
problemas psicosomáticos pasaron a ser consideradas enfermedades infecciosas (3).
Aunque inicialmente el énfasis en
relación con las patologías asociadas con la infección por H. pylori se enfocó en las gastritis y la úlcera péptica, pronto se
descubrió que también está asociado con otros problemas del aparato
gastrointestinal superior como son la úlcera duodenal y dos tipos de cáncer
gástrico, el linfoma MALT (linfoma asociado al tejido linfoide) y el
adenocarcinoma gástrico. Sin embargo, la prevalencia de estas patologías entre
los individuos infectados es muy baja (4), no obstante, al H. pylori se lo considera un Carcinógeno
Tipo I y es la única bacteria considerada como un carcinógeno (4).
Se ha estimado que
aproximadamente la mitad de la población mundial está infectada (5)
y estos niveles son aún más altos en los países en desarrollo (6)
donde se estima que alcanza a un 70% (7). Esto lo justifican las
peores condiciones sanitarias prevalentes en los países en desarrollo, ya que
las vías de transmisión del H. pylori
ocurren de persona a persona por la vía oral o fecal y las malas condiciones
sanitarias (disponibilidad de agua potable para aseo personal y de los
alimentos, así como las limitaciones en la disposición adecuada de las aguas
negras) favorecen la transmisión y aumentan la prevalencia de infección. En
estas condiciones los individuos contraen la infección en la infancia (5 a 10 años)
y pueden mantenerla de por vida a menos que se la trate adecuadamente (7).
La discusión anterior señala que
de la población de individuos infectados con H. pylori a nivel mundial, en la gran mayoría, la infección cursa
sin síntomas gastrointestinales. Sin embargo, se ha propuesto que el H. pylori podría en personas infectadas,
favorecer el desarrollo de una serie de patologías extragástricas (8)
entre ellas: enfermedades hematológicas como la deficiencia de hierro (8, 9,10)y la Púrpura trombocitopénica inmune (10),
enfermedades cardiovasculares y el asma (10), accidentes cerebro
vasculares isquémicos, la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Alzheimer y
migrañas (10). Además, el H.
pylori se ha asociado con enfermedades dermatológicas como la urticaria
crónica idiopática (8,10) y otras patologías como el síndrome
metabólico, la resistencia a la insulina, la rosácea y la fibromialgia (10).
También se ha observado que el H. pylori
puede colonizar la placa dentobacteriana contribuyendo con patologías de la
cavidad oral y sirviendo como un reservorio de la bacteria en pacientes con
gastritis (11).
Un aspecto novedoso que relaciona
al H. pylori con patologías
extragástricas es su efecto potencial sobre la naturaleza de la microflora
gástrica (12) o intestinal (13). Esto se refiere al
efecto que podría tener la colonización o erradicación del H. pylori en la diversidad y composición de la comunidad de
bacterias (microbioma o microbiota) presentes en el estómago y/o intestino a
través del eje de señalización conocido como eje: microbioma-sistema
gastrointestinal-cerebro (13) e incluye las toxinas o compuestos
benéficos producidos por la microbiota, pero también su relación bidireccional
con el sistema inmune y neuroendocrino del hospedador (13,14). Esto
se ha asociado con problemas del intestino inferior como es el colon irritable (13)
y posiblemente con la obesidad y sus enfermedades crónicas asociadas como son
el síndrome metabólico, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares (13,14).
Así como la relación entre el
microbioma intestinal y la salud del hospedador se ha ido aclarando con el
tiempo (15,16), de la relación entre el microbioma gástrico y la
salud se sabe menos. La microbiota gástrica en individuos H. pylori negativos es diversa (12), pero la
colonización con H. pylori reduce
esta diversidad y el H. pylori
predomina alcanzando a más del 90% de la microbiota presente y una vez
erradicado con antibióticos no muestra la resiliencia característica de la
microbiota intestinal (16). La bacteria parece estarespecialmente adaptada para colonizar este nicho (16)
y está de acuerdo con que una fracción muy importante de la población del mundo
está infectada sin síntomas gastrointestinales (7, 9, 14, 16),
persiste por décadas y se considera parte de la flora nativa de la mucosa
gástrica de los mamíferos, que ha colonizado la mucosa gástrica del ser humanos
desde hace miles de años (4,14). Para lograr este equilibrio la
bacteria exhibe características antigénicas que le permiten evadir una
respuesta inmune, innata y adquirida, agresiva del hospedador (13,14),
con lo que puede persistir en la mucosa gástrica por años, a pesar del ambiente
excesivamente ácido (pH 2) del estómago. La existencia de este ajuste H. pylori-hospedador lo demuestran
niveles antigénicos séricos que se mantienen constantes durante décadas (14)
y la alta prevalencia de infección en una población que se mantiene
asintomática (4, 9, 13, 14).
Esta simbiosis, de acuerdo a los
expertos es conveniente para ambos, ya que por una parte la bacteria utilizando
el nicho y la nutrición adecuada provistos por el hospedador logra persistir y
a su vez el hospedador también se beneficia ya que el H. pylori establecido, limita la colonización por otras bacterias (9,14)
potencialmente patógenas como son las que producen diarreas o cepas más
agresivas del propio H. pylori(9)
y al mantener un sistema inmune tolerante podría prevenir enfermedades
alérgicas como asma y otras enfermedades autoinmunes (4,8,14,16).
Por estas razones, se ha sugerido
que la reducción en la prevalencia de infección con H. pylori que ha ocurrido en respuesta al aumento en las
condiciones socio económicas y al uso de antibióticos, que ha caracterizado la
fracción final del siglo 20 y comienzos del 21, pudiera estar relacionada con
el incremento en algunas enfermedades que han aumentado en el mismo período
como son:el reflujo gastroesofágico, el
esófago de Barret, el asma, la diabetes, la obesidady varios tipos de cáncer (4,14,16,17),
por lo que la erradicación indiscriminada del H. pylori en pacientes asintomáticos pudiera no ser conveniente (4,14,16,17).
La microbiota gástrica de los individuos infectados está formada por una diversidad
enorme de cepas de H. pylori que
forman colonias muy numerosas (108-1010
organismos/estómago) que contribuyen a la fisiología normal del estómago,
mientras se mantiene un equilibrio adecuado entre los eventos inmunes que
persiguen la erradicación de la bacteria junto con la presencia de eventos de
virulencia bacteriana (4,9, 14, 16,17).
Es importante señalar que la
evidencia que relaciona al H. pylori
con enfermedades extragástricas es mucho más débil que las que lo relacionan
con las enfermedades del aparato gastrointestinal superior (18). No
obstante, dentro de este cúmulo de patologías extragástricas, la deficiencia de
hierro y la anemia muestran una fuerte relación con la infección con H. pylori(9,10). El primer
estudio señalando un efecto negativo de la infección H. pylori sobre el estado nutricional del hierro se publicó en 1993
(19) y desde entonces, se han publicado múltiples trabajos que
abarcan un número importante de sujetos adultos y niños, muchos de ellos
incluidos en tres metaanálisis tal como describe en detalle Serrano y
colaboradores (9) y que concluyen que la mayoría de los trabajos
muestran que la infección con H. pylori
resulta en una deficiencia de hierro y/o anemia ferropénica. Esta deficiencia
se puede corregir administrando hierro, pero el tratamiento es más efectivo si
la administración de hierro se realiza posterior a la erradicación de la
bacteria (9). Estos autores también señalan que dentro de estos
estudios, algunos no apoyan la idea de un efecto negativo de la infección con H. pylori sobre el estado nutricional
del hierro y en consecuencia se requiere de más investigaciones para resolver
este debate (9). Esto es importante, especialmente en países en
desarrollo donde coinciden las más altas prevalencias de infección con las
mayores deficiencias de hierro (6, 9, 20, 21).
Desde un punto de vista teórico
hay una serie de factores que podrían justificar la relación entre H. pylori y su efecto negativo sobre el
metabolismo del hierro (9) entre ellas se destacan: a) Altos
requerimientos de hierro para la colonización y persistencia de H. pylori. b) Altos niveles de
lactoferrina en los neutrófilos polimorfo nucleares que se infiltran en
respuesta a la infección con H. pylori
y que secuestran el hierro dietario, haciéndoloindisponible
tanto para la bacteria como para el hospedador. c) Reducción en la producción
de ácido en respuesta a la infección del cuerpo del estómago con H. pylori(14) que limita la
conversión del hierro férrico a ferroso que es más soluble y, que es la forma
en la que se absorbe el hierro no hemo de la dieta. d) Bajos niveles de ácido
ascórbico en los pacientes H. pylori
positivos (9) y que es uno de los componentes de la dieta que
estimula la absorción del hierro (9,10) y e) Pérdidas de hierro
asociadas a úlceras gástricas sangrantes y cáncer gástrico (10).
Un aspecto muy importante que
podría explicar la deficiencia de hierro observada en sujetos infectados con H. pylori es el efecto de esta infección
sobre el eje hepcidina-ferroportina (9). La hepcidina es un péptido
de 25 aminoácidos sintetizado principalmente en el hígado. Esta hormona, actúa
sobre el único exportador de hierro celular, actualmente conocido,que es la ferroportina presente en la
membrana celular. La unión de la hepcidina con la ferroportina causa la
internalización y destrucción de la ferroportina dentro de la célula con lo
cual se limita su capacidad para exportar hierro (9, 20, 21, 22). La
ferroportina se expresa principalmente en los enterocitos del duodeno y
macrófagos. En consecuencia cuando los niveles de hepcidina se elevan, tanto la
absorción del hierro dietario como el reciclaje del hierro presente en los
eritrocitos senescentes por los macrófagos, se reduce, por lo que se puede
producir deficiencia de hierro y/o anemia (9, 20, 21, 22). En
contraste, una reducción persistente de la hepcidina produce acumulación de
hierro y hemocromatosis (21,22).
Trabajos anteriores (21,22)
muestran quelas principales causas de una
elevada hepcidina son 1) Aumento en el hierro sistémico que tiene por objeto
mantener la homeostasis del hierro y 2) La presencia de condiciones tales como
infección, inflamación y trauma, cuyo principal objetivo es secuestrar el
hierro al interior de los tejidos, evitando que pueda ser utilizado por
bacterias invasoras para su crecimiento y propagación (21,22). El presente
trabajo tuvo como objetivo determinar si en pacientes infectados y con
gastritis asociada a la infección con H.
pylori, los niveles de prohepcidina (un precursor de la hepcidina de 60
aminoácidos) pudieran estar relacionados con el estado nutricional del hierro
en los mismos individuos. Es importante señalar que la prohepcidina no tiene
actividad hormonal, pero se sintetiza y circula a concentraciones similares a
la hepcidina (22) y su concentración sérica aumenta con el estado
del hierro y los niveles inflamatorios tal como ocurre con la hepcidina activa.
Actualmente no se sabe cuál es la función de la prohepcidina pero pudiera
servir como un precursor de acceso rápido cuando se requiere hepcidina (22).
En relación con el objetivo de
este trabajo,hay que indicar que existe
literatura (9) que señala que ni los niveles séricos de hepcidina,
ni de prohepcidina están asociados con la anemia o la deficiencia de hierro
observada en pacientes infectados con H.
pylori(9), mientras que otros autores han reportado lo
contrario (20, 21, 22) y en general la hipoferremia y anemia
asociadas con las diarreas ulcerativas y la enfermedad de Crohn que afectan al
aparato gastrointestinal inferior si se han asociado con hiperhepcidinemias (23).
Con respecto a esta discrepancia, los autores del presentetrabajo, en una publicación anterior (21)
reportaron que en niños sanos no infectados con H. pylori los niveles séricos de prohepcidina correlacionaron
positivamente con la concentración sérica de ferritina, señalando que en estos
niños la prohepcidina aumenta al aumentar la reserva de hierro (función
homeostática). En contraste, en niños infectados con H. pylori pero asintomáticos, los niveles de prohepcidina no
correlacionaron con las reservas de hierro pero correlacionaron positivamente
con los niveles de inflamación y con la severidad de la infección con H. pylori, indicando que en estos niños
prevaleció la función antibacterial de la hepcidina sobre la función
homeostática y en consecuencia, apoya la idea de que la deficiencia de hierro y
la anemia observada con frecuencia en pacientes infectados con H. pylori pudiera deberse a una
hiperhepcidinemia.
Con el fin de profundizar en la
relación entre los niveles de prohepcidina y la deficiencia de hierro asociada
con la infección con H. pylori, en el
presente trabajo se estudiaron niños infectados con H. pylori pero que a diferencia del estudio anterior (21),
tenían además síntomas de la infección comodolor abdominal, gastritis, nausea y vómitos y otras molestias abdominales
típicas de esta infección (24). Como esta condición, es señal de un
estado proinflamatorio mayor a la que muestran los pacientes sin síntomas, se
planteó como hipótesis que en estos niños el efecto inflamatorio del H. pylori sobre los niveles de
prohepcidina, también deberían ser más severos y en consecuencia mostrarían niveles
mayores de prohepcidina y de deficiencia de hierro. Además, como la literatura
es ambigua en relación con los efectos de la erradicación del H. pylori sobre el estado nutricional
del hierro (24), en este trabajo se estudió la relación entre los
niveles séricos de prohepcidina y el estado nutricional del hierro antes y
después de la erradicación de la bacteria.
Materiales y métodos
La investigación se realizó
siguiendo los principios éticos para las investigaciones médicas en seres
humanos según la declaración de Helsinki.
Para estudiar el efecto de la
infección con H. pylori y su relación
con niveles de prohepcidina,yestado del hierro en niños con síntomas de
esta infección, antes y después de erradicar la bacteria,se estudiaron niños que acudieron al servicio
de Gastroenterología Pediátrica de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera de
la Ciudad de Valencia, Estado Carabobo-Venezuela, debido a anorexia y a molestias
gastroenterológicas severas y recurrentes. Después de un examen clínico, se
estableció que 78 de estos niños, eran potencialmente H. pylori positivo por lo que se citaron para una endoscopia. El
día de la endoscopia los niños se presentaron en ayunas y con el consentimiento
escrito e informado de sus representantes, se procedió a tomar una muestra de
sangre y además se aplicó la técnica del aire espirado para la detección del H pylori. Los
resultados de la biopsia obtenida durante la endoscopia señalaron que de los78 niños estudiados, sólo 33 mostraron signos de
gastritis crónica activa, severa o moderada asociada con la presencia de H. pylori. A todos ellosse
les indicó tratamiento triplepara erradicar la
bacteria H. pylori, (Esomeprazol,
15mg cada 12hr durante 15 días; Amoxicilina, 30 mg/Kg cada 12 horas durante 10
días y Claritromicina,7,5mg/Kg cada 12
horas durante diez días.)A estos niños se les
citó 60 días después de finalizado el tratamiento para una segunda prueba de
aire espirado y una nueva toma de muestra de sangre. De estos niños, se
seleccionaron 20 que cumplieron con todas las etapas del estudio y en los que el
tratamiento fue exitoso en erradicar la bacteria.
Detección de H. pylori: Para establecer la infección con H. pylori se utilizó el método del aire espirado. Esta metodología
consiste en tomar muestras del aire espirado antes y después de la
administración de una dosis oral de urea marcada con C13. En los
niños infectados la ureasa de la bacteria desdobla la urea en C13O2y amoníaco, con lo que aumenta la
concentración de C13O2 en el aire espirado. Esto se mide
en un espectrómetro de masa y si la
diferencia entre el valor medido después de la dosis de urea marcada, es 3,5%
mayor que el medido antes de la dosis, se considera H. pylori positivo (25,26). Esto se define como “% Delta
Over Base” o % DOB. Mientras mayor es el
% DOB, mayor es la carga bacteriana y en consecuencia la severidad de la
infección con H. pylori.
Las muestras de aire espirado
fueron enviadas por vía aérea al Laboratorio de Isótopos Estables de la
Universidad de Buenos Aires, Argentina para su procesamiento.
Evaluación del estado del hierro:
Hemoglobina, hematocrito y
leucocitos se determinaron en un Contador Hematológico Midray BC-2600 tal como se
describió anteriormente (21).
La Ferritina sérica se determinó mediante el método de enzimoinmunoanálisis
(ELISA), utilizando un lector de ELISA marca Labsystems. Valores menores
a 15 µg/L se consideraron deficientes.
Los Receptores Solubles de Transferrina (RsTf) en suero se
determinaron usando un método inmunoenzimático con un Kit de la casa R&D.
Se utilizó un lector de ELISA marca
Labsystems.Debido
a la escasa información respecto a los límites de normalidad para los RsTf, en
este estudio se tomó como valor de referencia el recomendado por el fabricante.
Se definió como eritropoyesis deficiente de hierro, a valores superiores a 2,3
mg/L (27 nmol/L).
Para el diagnóstico de
deficiencia de hierro se utilizó el algoritmo (27) que incluye las
concentraciones de Ferritina, de Proteína C Reactiva (PCR), los RsTf y el
contaje de leucocitos tal como se describió previamente (21).
Los niveles séricos de
prohepcidina se determinaron en suero mediante la técnica de Inmunoensayo
enzimático (ELISA), utilizando un Kit de la casa DRG (Kit Hepcidin Pro-hormone
EIA-4644), la absorbancia obtenida se midió en un lector de ELISA. En este
ensayo se consideraron valores medios y
mediana normal a concentraciones de 104,5 y 92,2 ng/ml, respectivamente.
Los niveles séricos de Proteína C
Reactiva (PCR) se determinaron en suero mediante un ensayo nefelométrico
utilizando el Kit MININEPH PCR de la casa Binding Site (Código ZK044.L.R) y un
analizador MININEPH de la misma casa comercial. Se consideraron niveles
moderadamente elevados valores de PCR entre 1-10 mg/L, incrementos que se
asocian a la inflamación crónica (28).
Para el análisis estadístico se
utilizó el programa SPSS versión 17.0. Previo al análisis de los datos se
realizaron las pruebas de Normalidad de Kolmogorov-Smirnov y Shapiro Wilk.
Debido a que las variables no mostraron una distribución normal, el análisis
estadístico se realizó utilizando pruebas No Paramétricas.
Para evaluar la presencia de
asociación entre la infección por H.
pylori y la anemia o deficiencia de hierro se utilizó la prueba exacta de
Fisher. Para comparar grupos se utilizó la prueba de Wilcoxon que se usa para la
comparación de muestras pareadas. El nivel de significancia se fijó en 5% para
todas las pruebas estadísticas.
Resultados
Los 20 niños estudiados tenían
edades que variaron entre 5 y 13 años con una edad promedio de 7,8 ± 3,4 años y
de los cuales 9 eran del sexo femenino y 11 del sexo masculino.
Los resultados de las biopsias
obtenidas durante el estudio endoscópico indicaron que todos eran H. pylori positivos, la mayoría de
colonización antral con infiltrado inflamatorio, presencia de linfocitos y
neutrófilos, con signos de duodenitis y/o gastritis moderada o severa.
La Figura 1 muestra que en los
niños estudiados, el valor de la mediana de % DOB (% Delta Over Base) obtenido
de la prueba de aire espirado antes del tratamiento fue de 30.11%. Estos
valores variaron entre 5 y 177%indicando que todos los niños eran H.
pylori positivos. Asimismo, la figura muestra que después de la triple terapia,
el % DOB disminuyó a 0,48% y todos los niños tratados tuvieron valores menores
a 3,5% que es el punto de corte para esta prueba.
Figura 1.
Niveles séricos de prohepcidina y % DOB1 en 20 niños con síntomas de
gastritis asignable a infección con H. pylori
antes y después de erradicar la bacteria con la terapia triple2. Las barras muestran
las medianas. * Medianas significativamente diferentes al 5%. 1. % DOB mayor a
3.5% indican infección por H. pylori
de acuerdo a la prueba del aire espirado. 2. Esomeprazol, Amoxicilina y Claritromicina.
Los valores identificados como antes corresponden a los resultados obtenidos
ANTES de la erradicación de la bacteria y los identificados como DESPUES son
resultados obtenidos 60 días después de la erradicación del H. pylori.
La Figura 1 también muestra que
en los niños estudiados los valores séricos de prohepcidina estaban elevados
con respecto a los valores considerados normales (92,2 ng/ml) y que no hubo
diferencias significativas entre los valores obtenidos antes y después de 60
días de la erradicación del H. pylori.
La Tabla 1 muestra que en los
niños estudiados ni las medianas de hemoglobina o del hematocrito determinados
en sangre completa estuvieron por debajo de los límites establecidos para
diagnosticar anemia. Sin embargo, la Tabla 1 también muestra que la ferritina
que es un indicador de los depósitos de hierro estuvo muy por debajo de lo
normal, tanto antes como después de la erradicación de la bacteria.
Tabla 1.
Indicadores del estado del hierro, Proteína C Reactiva (PCR) y contaje de
leucocitos en 20 niños con síntomas de gastritis asignable a infección
con H. pylori antes y después de
erradicar la bacteria con la terapia triple.
Variable
Antes 1
Después 1
Mediana (p25-p75)
Mediana
(p25-p75)
Hemoglobina(g/dl)
12,9 (12,5 – 13,6)
13,1 (12,3 -13,4)
Hematocrito (%)
41 (38,5-42,5)
39,5(37,5-41,0)
Ferritina
(µg/L)
8,7 (5,0 – 13,2)
6,8 (4,6 - 12,6)
RsTf(mg/L)
3,2 (2,4 – 4,2)
3,8 (3,0 – 4,4)
RsTf/log
Ferritina
4,0 (2,39- 4,9)
4,5 (3,5 - 4,42)
PCR (mg/L)
2,4 (2,0-3,3)
2,8 (1,9-3,3)
Leucocitos/mm3
6,9 (5,95-9,2)
7,0 (6,125-10,175)
N
20
20
1. No hubo diferencias
significativas entre las medianas determinadas antes o después de la
erradicación de H.pylori al 5%. Puntos de corte: Hemoglobina y Hematocrito: 11,5 g/dl y 33%
(5-11 años), 12,0 g/dl y 36% (12-14 años). Ferritina: ≥15µg/L (29).
RsTf: <2,3 mg/L de acuerdo con el Kit utilizado (21). RsTf/log
Ferritina: 1,96 calculado de RsTf normal (2,3mg/L) y Log ferritina normal
(15µg/L). PCR: 1-10 mg/L define niveles moderados de inflamación (28).
Leucocitos: 5,5-12 mil/mm3(30).
La Tabla 1 también muestra que
los receptores solubles de transferrina y la relación entre estos receptores y
el logaritmo de la ferritina en los niños estudiados estuvieron por encima de
lo normal antes y después de la erradicación de la bacteria. Esta combinación
de indicadores del estado del hierro, señala que los niños estudiados
presentaban una deficiencia de hierro pero aún no tenían signos de una anemia
ferropénica.
Asimismo, la Tabla 1 muestra que
los niveles séricos de la proteína C reactiva (PCR) estaban moderadamente
elevados en los niños infectados con H. pylori
y que esta condición se mantuvo después de la erradicación de la bacteria. La
Tabla 1 muestra además que el contaje de glóbulos blancos de los niños
estudiados estuvo dentro de los límites normales tanto antes como después de la
erradicación del H. pylori.
La Tabla 2 describe la
prevalencia de anemia y deficiencia de hierro en el grupo de niños
estudiados.La tabla muestra el número y
el porcentaje de niños con y sin anemia, de acuerdo con sus valores de
hemoglobina o hematocrito o de deficiencia de hierro medida por tres métodos
diferentes. Se observa que ninguno de los niños mostró valores de hemoglobina o
hematocrito por debajo de los rangos establecidos como normales, señalando que
en este grupo, la infección por H. pylori
no produjo anemia. En contraste, entre un 75-90% de los 20 niños mostraron
valores de deficiencia de hierro durante la infección con H. pylori y también 60 días después de su erradicación, ya que con
ninguno de los métodos utilizados para diagnosticar deficiencia de hierro se
detectaron diferencias significativas entre los valores medidos antes y después
de los 60 días de la erradicación, utilizando
el método estadístico de Fisher. Así, generalizando estos hallazgos, se puede
señalar que en este estudio, H. pylori
no produjo anemia pero estuvo asociada con un estado severo de deficiencia de
hierro que no se corrigió al erradicar la bacteria.
Tabla 2.
Número y % de niños anémicos o deficientes en hierro dentro del grupo de los 20
niños estudiados, que presentaban síntomas de gastritis asignable a infección
con H. pylori antes y después de 60
días de erradicar la bacteria con la terapia triple.
Estado de Hierro
Antes1
Después1
Anemia (Según Hemoglobina)
No anémicos
N, (%)
20(100%)
20(100%)
Anémico
N, (%)
0 (0%)
0(0%)
Anemia (Según Hematocrito)
No anémicos
N, (%)
20(100%)
20(100%)
Anémico
N, (%)
0 (0%)
0(0%)
Deficiencia
de hierro según Ferritina
No deficientes
N, (%)
5(25%)
4(20%)
Deficientes
N, (%)
15(75%)
16(80%)
Deficiencia
de hierro según RsTf >2,3
No deficientes
N, (%)
5(25%)
2(10%)
Deficientes
N, (%)
15 (75%)
18(90%)
Deficiencia
de hierro según Algoritmo
No deficientes
N, (%)
3(15%)
2(10%)
Deficientes
N, (%)
17 (85%)
18(90%)
1. No se detectaron diferencias
significativas entre los valores obtenidos antes y después de los 60 días de la
erradicación de la bacteria, utilizando el método estadístico de Fisher al 5%.
La Figura 2 muestra los valores individuales de prohepcidina sérica
medidos durante la infección con H. pylori
y 60 días después de erradicarla utilizando la terapia triple. La Figura 2 muestra que la erradicación de la
bacteria no produjo cambios importantes en los niveles séricos de prohepcidina.
En algunos casos los niveles disminuyeron, en otros aumentaron y en la mayoría
se mantuvieron iguales. Algo que vale la pena resaltar es que en ninguno de los
niños estudiados los valores de prohepcidina sérica fueron iguales o menores de
los señalados como normales por el Kit utilizado para determinar prohepcidina
(104,5 ng/ml).
Figura 2. Niveles séricos de
prohepcidinaen cada uno de los 20 niños
con síntomas de gastritis asignable a infección con H. pylori antes y después de erradicar la bacteria con la terapia
triple. Las líneas representan el cambio en los valores séricos
de prohepcidina como resultado de erradicar H.
pylori utilizando la terapia triple. Los valores designados como ANTES
representan los niveles de prohepcidina durante la infección y los designados
como DESPUES representan los valores obtenidos 60 días después de la
erradicación de la bacteria.
Discusión
La relación causal entre la
infección con H. pylori y la anemia
y/o deficiencia de hierro que se ha sospechado desde los inicios de los años 90
del siglo 20, aún no está claramente establecida. Sin embargo, la opinión más
generalizada es que la infección con H. pylori
puede alterar la homeostasis del hierro y aumentar los riesgos a desarrollar
una deficiencia de este metal. La idea más generalizada es que la infección con
H. pylori produce una deficiencia de
hierro que puede eventualmente conducir auna
anemia ferropénica. Estas condiciones son más difíciles de eliminar
espontáneamente o con el uso de suplementos de hierro a menos que se erradique
la bacteria (6-10,20,22,24). Sin embargo, debido a que existen
trabajos que descartan esta relación, las revisiones recientes de la literatura
señalan que este debate aún no está completamente resuelto y que en
consecuencia debe seguir investigándose(18,24). Esto es
especialmente importante en países como Venezuela donde coincide una alta
prevalencia de infección con deficiencias de hierro(6,7).
Tal como ya se describió(9,10)
hay una variedad de factores que podrían relacionar a la infección con H. pylori con deficiencias de hierro. En
el caso del presente trabajo y en seguimiento a un trabajo anterior(21)
aquí se enfocó en el efecto de la infección con H. pylori sobre los niveles de prohepcidina sérica. La inflamación
produce citoquinas como IL-6, IL-22 y Activina B(31) que actúan
sobre las vías de señalización que activan al gen de la hepcidina, estimulando
la producción de la hormona y su precursor, la prohepcidina(22).
Debido a que la infección con H. pylori
tiene un efecto pro inflamatorio, se estudió la relación entre los niveles
séricos de prohepcidina con el estado nutricional del hierro en niños H. pylori positivos con síntomas. Se
decidió utilizar estos niños debido a que en un estudio con niños asintomáticos(21), se observó que los niveles de prohepcidina aumentaban
significativamente con los niveles de inflamación establecidos en base a los
niveles de PCR y a la severidad de la infección con H. pylori medida utilizando el método del aire espirado (% DOB).
Sin embargo en niños asintomáticos, los niveles de inflamación son bajos debido
a que se establece un equilibrio (simbiosis) entre la bacteria y el hospedador
que minimiza la inflamación y esta está asociada a una respuesta regulada por
linfocitos Th2(14). En cambio, en el caso de una infección con
síntomas, el nivel inflamatorio es mayor, ocurre con afectación de la mucosa
gástrica y una respuesta inmune más agresiva, mediada por células Th1 que
generan una mayor inflamación(14). Como la prohepcidina y la hepcidina
responden a la inflamación (22), se pensó que en estos niños los
niveles de prohepcidina serían mayores y en consecuencia, sus efectos sobre el
estado del hierro también serían más severos. De acuerdo con esta expectativa,
los niveles séricos de prohepcidina obtenidos en este trabajo fueron unas 3
veces mayores que los señalados como normales, mientras que los obtenidos en el
trabajo con niños asintomáticos los valores estuvieron muy cerca de la
normalidad. Los valores de prohepcidina reportados aquí, para niños infectados
con H. pylori y con síntomas de
gastritis concuerdan con los reportados por Sato y colaboradores(32)
en adultos con diferentes tipos de gastritis. Adicionalmente, este estudio
muestra que los altos niveles de prohepcidina registrados aquí, afectaron
negativamente el estado nutricional del hierro en los niños. Así, aunque
ninguno presentó signos de anemia, entre un 75 y 90%mostraron
signos de deficiencia subclínica de hierro. Esto, se determinó por tres métodos
diferentes que mostraron un notable nivel de acuerdo entre ellos. Esto lo
reveló incluso un método en que la deficiencia de hierro se determina
utilizando un algoritmo que corrige los efectos de la inflamación(27).
La deficiencia subclínica de hierro que presentaron los
niños incluyó una baja reserva de hierro y un aumento en los receptores
celulares de transferrina. Esta última adaptación probablemente logró aumentar
la capacidad de captar hierro en todos los tejidos, incluyendo el tejido
hematopoyético y así, evitó que se produjera anemia. Sin embargo, esta
compensación, no se puede mantener indefinidamente por lo que eventualmente
estos niños expresaran los signos y síntomas de una anemia ferropénica.
Debido a que la literatura señala
(9,10,21,24) que la eliminación de H. pylori facilita la supresión de la deficiencia de hierro en los
pacientes infectados, se estudió este aspecto del problema y se observó que
después de la erradicación de la bacteria usando la terapia triple y después de
60 días de haberla confirmado utilizando la prueba del aire espirado, los
niveles de prohepcidina no disminuyeron en relación con los valores medidos
durante la infección. Asimismo y de acuerdo con la hipótesis planteada aquí,
los indicadores de deficiencia de hierro tampoco cambiaron con la erradicación
de la bacteria, ya que la prevalencia de deficiencia de hierro fue la misma
antes y después de erradicarla. Esto sugiere que el cuadro inflamatorio
asociado con H. pylori podríahaberse mantenido después de la erradicación
de la bacteria. Esto estuvo de acuerdo con los resultados de la proteína C
reactiva que también estuvo elevada antes y después de erradicar el H. pylori.
En relación con lo anterior, Sato
y colaboradores(32) encontraron que luego de 2 a 3 meses, después
de erradicar H. pylori en 10
pacientes con gastritis nodular, los niveles de prohepcidina disminuyeron sólo
en 6 y ninguno alcanzó los valores del grupo no infectado. Además en el trabajo
de Sato y colaboradores(32) la erradicación de H. pylori, tampoco produjo cambios en el estado del hierro. Esto
indica que la erradicación de H. pylori,
no necesariamente reduce los niveles de prohepcidina y en consecuencia, tampoco
afecta al estado del hierro, ya que para que esto ocurriera la hepcidina y su
precursor la prohepcidina tendrían que volver a los valores basales o incluso
disminuir aún más para que condicionaran una mayor absorción y transporte de
hierro a los sitios de reserva y síntesis de hemoglobina.
Una posible explicación para este
estado inflamatorio mantenido posterior a la erradicación exitosa de H. pylori, podría ser que la
recuperación del epitelio gástrico tarde más de 60 días. Al respecto Genta y colaboradores(33) señalaron que la recuperación de la integridad de la mucosa
gástrica y el regreso a la normalidad de los epitelios, así como la eosinofilia
y la infiltración con linfocitos, puede prolongarse hasta un año o másposterior a la erradicación de esta bacteria.
Los resultados de este estudio, obtenidos
en niños H.pylori positivos con
gastritis y del estudio anterior en niños infectados pero sin síntomas(21)
están de acuerdo en que la infección compromete el estado nutricional del
hierro y que la prohepcidina y probablemente la hepcidina están involucradas en
este proceso. Sin embargo, no se puede desconocer que existe literatura que no
apoya estos hallazgos(9,18,20,22,24). A continuación se presentan
algunas razones que podrían explicar estas diferencias.
Hay una serie de condicionantes
que pudieran explicar las diferencias entre los resultados reportados en
relación con los efectos de la infección con H. pylori, el estado del hierro y la importancia de la erradicación
para resolver la deficiencia de hierro que produce. Entre ellos se destacan: 1)
Diferencias entre el consumo y la disponibilidad del hierro consumido. Así, la
infección con H. pylori produce diferentes
grados de anorexia(14,24), esto indica que el consumo de alimento y
en consecuencia de hierro, no es igual en todos los pacientes por lo que los
niveles de deficiencia asociados con la infección pueden ser variables.
Adicionalmente, la disponibilidad biológica del hierro dietario también varía.
Por ejemplo en el trabajo de Sato y colaboradores(32) la
deficiencia de hierro fue menor a la reportada en nuestro trabajo. Es posible
que esto resulte de una mayor disponibilidad del hierro consumido en Japón que
en Valencia-Venezuela. 2) Adicionalmente afecta la edad y el género de los
pacientes ya que por una parte, los efectos inflamatorios del H. pylori son más agresivos en pacientes
adultos(14, 16,34) que en los niños y al mismo tiempo, la reserva
de hierro aumenta con la edad en varones y en las mujeres después de la
menopausia(35). Esto determina que los niños sean más propensos a
desarrollar una deficiencia de hierro que los adultos. 3) También es importante
el tipo de H. pylori colonizante. Así,
los pacientes infectados con las cepas que expresan los genes cagA y vacA,
presentan efectos gastrointestinales más severos con riesgo de hemorragias
gástricas y mayor riesgo de deficiencia de hierro que los colonizados por cepas
que no expresan estos genes(9,14). 4) Igualmente influye el sitio
del estómago que colonice la bacteria(14). Así, la colonización en
la zona antral estimula la producción de jugo gástrico, Factor Intrínseco y HCl,
mientras que la colonización en el cuerpo
del estómago, afecta a las glándulas parietales y produce atrofia gástrica y aclorhidria(9,14). Esto es importante porque el pH ácido es esencial para
mantener el hierro en forma soluble(36) y en consecuencia la aclorhidria
limita la absorción del hierro. Adicionalmente, la falta de Factor Intrínseco, limita
la absorción de la Vitamina B12 y una deficiencia de B12
produce una anemia perniciosa que no responde al hierro. 5) Los resultados
también pueden variar si los pacientes estudiados son anémicos. La razón es
quela anemia y anoxia inhiben al gen de
la hepcidina por un mecanismo que involucra a la hematopoyetina(20,22)
y este efecto es más importante que el efecto estimulante de la inflamación
sobre este gen. Así, si algunos de los pacientes estudiados sonanémicos, la producción de hepcidina y prohepcidina
será baja, mientras que en los no anémicos la producción de esta hormona y su
prohormona aumentan con la inflamación, con lo que los resultados podrían ser
confusos. Esta ha sido una ventaja en el presente estudio con niños infectado
sintomáticos y el estudio anterior con niños asintomáticos(21). En
ambos casos, no hubo anemia y en consecuencia los niveles de prohepcidina y su
efecto negativo sobre el estado del hierro aumentaron. En contraste, en un
estudio reciente en ratones anémicos (20), los niveles de hepcidina
disminuyeron.
En conclusión, este estudio
muestra que en niños infectados con H. pylori
y con síntomas de gastritis activa, la infección estuvo asociada con una severa
deficiencia subclínica de hierro. Adicionalmente, la infección causó un aumento
en los niveles de prohepcidina y la erradicación de la bacteria no resultó ni
en una reducción de los niveles séricos de esta prohormona, ni en una mejora en
el estado nutricional del hierro medidos 60 días después de confirmada la
erradicación utilizando la terapia triple. Un corolario de los resultados
obtenidos en este estudio es que mientras los niveles de prohepcidina se
mantengan elevados, la suplementación con hierro difícilmente podrá resolver
una deficiencia subclínica de hierro. Sin embargo, en pacientes anémicos, la
suplementación puede ser un recurso apropiado para suprimirla.
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