Enero - Marzo 2006 26
ISSN 1317-987X
 
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Medicina en el tiempo
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Dioscórides de Anazarbos
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sectio celsiana
Sectio celsiana

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Tabla comparativa del aspeto de la orina Albicus Sigismundus

Del mundo antiguo al siglo XIX
Historia de la Urología (I)

Aproximaciones a la Urología en el mundo antiguo

La palabra griega ‘orisma’ significa ‘demostración’, ya que para los griegos la orina ‘reflejaba o demostraba’ el estado del cuerpo. Proviene del griego ‘ouro’ que significa orina. También el latín ‘ussi, ustum’ significaba quemar, abrasar, cauterizar y oprimir. O de la palabra ‘urina’ que quería decir orina.

Igualmente palabras del área urológica como ‘catéter’ derivaba del griego que significaba ‘dejar caer, descender’. Los romanos lo llamaban con la palabra ‘desmissum’ significaba que ‘era introducido’. En cuanto a la palabra ‘sonda’ proviene del latín que significa ‘explorar’. En la antigüedad se denominaba ‘Tienta’ al instrumento utilizado para explorar cavidades, conductos naturales y saber la profundidad de las heridas.

La palabra cirugía en griego ‘cheirourghia’ significa “trabajo manual” de ‘cheir’, mano, y ‘ergon’, trabajo, se consigue escrita en dos libros del Corpus Hippocraticum (Cosmacini-La vita nelle mani-2003). Según Hipócrates la cirugía se convierte en una ‘techné’, una técnica, donde se selecciona el momento más adecuado para realizarla kairós’ para realizar una ‘eucheiría’, un buen trabajo y con ello garantizar la curación ‘techne iatriké’, el arte de curar.

Arte, expresión y urología

Desde hace 9.000 a 20.000 años se descubrieron cuevas del Paleolítico superior al sur de Francia, dibujos que describen la ‘técnica de la circuncisión’, que sabemos posteriormente practicarían los egipcios, hebreos, romanos entre otros.

Hauptmann y Schmidt de la Academia Heildelberg de Humanidades y Ciencias de Alemania, en conjunto con el Museo Arqueológico Sanhurfa de Turquía, descubrieron un asentamiento mesopotámico sobre un tributario del rió Éufrates en el reservorio de Atartuk y otro sitio denominado Gobekli Tepe, en la llanura de Harran, sitios activos entre los años 8.500 y 9.500 a.C. Allí se consiguieron figuras itifálicas andrológicas-ginecológicas de tres metros de altura en forma de T y realizadas en piedra caliza, semejando en ocasiones penes circuncidados, lo que vendría a reforzar la teoría de Smith, egiptólogo ingles, que refería que la circunsición era uno de los signos de las culturas heliolíticas diseminadas por el mundo 15.000 años atrás.

Igualmente se describen en la cultura magdaleniana (15.000 a 9.000 años a.C.) modelos de falo en hueso. Posteriormente en el período neolítico las figuras itifálicas (con el pene erecto), eran sumamente comunes, dando a entender que los símbolos de la sexualidad eran parte de cultos religiosos.

Primeros textos relacionados

Desde el siglo VII a.C. los chinos escribían sobre temas sexológicos, muy dentro del ámbito urológico. En los textos Pen Sao y Nei Ching, de los siglos IV y III a.C., se mencionan diagnósticos y terapéuticas de ciertas patologías urinarias como la retención aguda de orina, el manejo de los cálculos urinarios, e inclusive las enfermedades venéreas y recomendaciones en el aspecto sexual e higiénico relacionado.
 

Escenas de la circuncisión egipcia

Escenas de la circuncisión. Tumba de Anikhmahor (sexta dinastía - 2.345 a.C.)

Los egipcios desde 4.000 años a.C. en los papiros de Kahum y de Ebers mencionaban los desordenes del piso pélvico con la descripción de los prolapsos (vesicales, uterinos) (Emge 1.996). Además ya desde ésos tiempos, se conocía la ‘enfermedad de la piedra’, ya que existen momias egipcias con cálculos vesicales siendo ésta patología una de las responsables del desarrollo de la especialidad urológica en todas las épocas de la historia del hombre.


Tenían los egipcios el concepto de especialidades en el campo de la Medicina, por lo cual no es difícil imaginarse que las vías urinarias tenían su representante o bien individualmente o bien dentro de las actividades de un cirujano, ya que tanto las enfermedades litiásicas originada por motivos medio-ambientales (clima, alimentación), como por la obstrucción urinaria de la salida vesical, bien sea por patologías intravesicales o por aumento de la glándula prostática eran vistas ya para aquella época por un especialista. Inclusive las enfermedades parasitarias vesicales (Schistosomiasis) con la complicación de hematuria y de cáncer vesical, evidenciada por la presencia de huevos calcificados de Schistosoma haematobium en una momia de Nakht, eran vistas y tratadas por una persona en particular (dinastía 21).

Tratamientos e instrumental

En un grabado de la tumba de Ankhmahor que era Visir del Rey Teti (6a. dinastía alrededor del año 2.345 a.C.) en Sakkara, se ven los pasos seguidos durante la circuncisión, practica egipcia sobre todo de las clases superiores y de los sacerdotes. Vemos las actitudes del cirujano (que era el sacerdote), su ayudante y el paciente. Se sabe que era un procedimiento que se realizaba en la pubertad-adolescencia. La práctica de la circuncisión era práctica común en Egipto extendiéndose su uso posteriormente al pueblo hebreo y otros pueblos del medio oriente.

El bisturí en el Imperio antiguo eran hojas de obsidiana o pedernal (piedra de chispa) y en los imperios nuevos (1.567-1.085 a.C.) el bisturí era de metal. Se colocaba miel con aceite para mejorar la cicatrización y evitar las infecciones de la herida. Además de los motivos religiosos que obligaban a los egipcios a realizar el procedimiento tenían también motivos higiénicos, motivos de pureza, así como se consideraba un requisito para contraer matrimonio y como un tratamiento para la denominada gangrena del prepucio (Andrawis). Tenemos testimonio de que los instrumentos quirúrgicos mas sofisticados eran originarios de Egipto y por eso es que griegos y romanos consideran a Egipto como la cuna de la medicina.

El tratamiento de la retención urinaria en Egipto o “liberación del vientre” se obtenía con semillas de ricino y cerveza, así como con la práctica de untar el pene con aceite en el cual previamente se disolvía un haba cocida, con la inmersión de una caña o junco en el agua estimulando por analogía el canal uretral (Cosmacini).

En Tablas mesopotámicas que van del 3.400 al 1.200 a.C. se ha leído el siguiente texto: “Introducirás un remedio en el pene con la ayuda de pequeños tubos de bronce” que documenta la existencia de catéteres uretrales ya en las épocas de las primeras ciudades del fértil creciente e igualmente se hablaba de síntomas obstructivos urinarios (prostáticos), (infecciones de transmisión sexual), por los encargados de la medicina de los pueblos mesopotámicos como fueron el Asu y Asipu.

Intervenciones quirúrgicas

En la India el texto quirúrgico realizado en el año 1.000 a.C. llamado el Sushruta Samhita (Los libros de Sushruta) hace mención de tubos de plata, hierro y madera recubiertos con mantequilla líquida para lograr a través del cateterismo uretral, la evacuación de orina en pacientes obstruidos. Mencionaba también el manejo de las estrecheces uretrales y mencionaba las litotomías para el tratamiento de los cálculos vesicales. En la India, desde el año 1.500 a.C. conseguimos entre los Vedas (literatura hindú antigua) descripciones de la cirugía como un regalo divino a los humanos, en himnos recitados y pasados de generación en generación. La cirugía Hindú se divide en tres períodos o tres épocas. Período Védico (1.500- 700 a.C.), período Post-Védico (700 a.C.-200 a.C.) y período Budista (200 a.C.- 400 d.C.). En el período postvédico las “experiencias médicas” describen cirugías reconstructivas inclusive con el concepto del injertos pediculados, técnicas de rafias o suturas intestinales, técnicas de extracción de cálculos vesicales y tratamiento de estrecheces uretrales. Tenían instrumentos para cirugías uretrales abiertas y cerradas, a ciegas. (Gabale).

Entre el siglo VI y el IV a.C. Euriode de Sicilia-Magna Grecia e Hipócrates operaban por incisiones aquellos pacientes que sufrían de nefritis. Curaban de éste modo los que tenían pus y cálculos renales complicados. A éste punto es útil mencionar que la Magna Grecia estaba compuesta inicialmente por la región de la Campania italiana, la región de la Calabria, la región de la Basilicata y la región de la Puglia, posteriormente se les une también la región de Sicilia principalmente Agrigento y Siracusa.

En relación a la ‘Litotomía’ u ‘operación de la piedra’, extracción de los cálculos de la vejiga, Hipócrates (Cos 480 a.C.-Larissa 397 a.C.) en su “Juramento” hace prometer a los estudiantes de medicina lo siguiente: “No cortaremos (operar) ni siquiera a aquellos que sufran del mal de la piedra y dejaremos ésta labor a aquellos que practican la cirugía”. Lo que se entiende que debía ser realizada por aquellos que estaban en capacidad de tener conocimiento y experiencia al respecto (chironactes) lo que ahora denominamos cirujanos urólogos. Lo podemos considerar como el fundador y pionero de la urología en el siglo V a.C. Estudió y escribió muchos tratados sobre desordenes del tracto urinario y de las condiciones urológicas relacionadas. Sus observaciones sobre la anatomía y fisiología del sistema urinario eran de gran precisión.

Teorías

Sus explicaciones acerca de la etiología de algunas enfermedades del tracto urinario eran sorprendentes. Tenía una teoría de la formación de los cálculos urinarios y su interpretación diagnostica de los elementos anormales en la orina al examinarla macroscópicamente (Uroscopia) son todavía respetables. Escribió “ningún otro sistema u órganos del cuerpo humano nos da tanta información diagnostica a través de su excreción como el sistema urinario”. Recomendaba operar pacientes con pionefrosis o abscesos renales (4 casos descritos). Era conocedor del alto porcentaje de morbimortalidad de muchas operaciones urológicas (particularmente de la cistostomía), donde describía la incontinencia urinaria, gangrena y necrosis de los testículos lo que llevaba a infertilidad, impotencia y disturbios de la personalidad. Hipócrates realiza una de las primeras descripciones científicas de la infección gonocóccica, disecando la uretra de los pacientes infectados, encontrando alteraciones del componente epitelial (espongiofibrosis).

Describe la estenosis uretral tan asociada a la infección gonocóccica, pero fue Galeno al que se le atribuye el término gonorrea. Dardiotti (1.997) menciona que Hipócrates describía cinco signos y síntomas de las enfermedades calculosas que eran la disuria, la hematuria, la inflamación vesical, la estranguria y la arenilla urinaria. En el aforismo IV 75 dice: “La presencia de sangre o pus en la orina indican ulceración de riñón o vejiga (cáncer). En el aforismo IV 77 refiere “Aquellos casos donde partículas furfuráceas descargadas con la orina espesa representa sarna de la vejiga”. En el aforismo IV 80 dice “Si un paciente expulsa sangre y coágulos en su orina y tiene estranguria y si el dolor alcanza la región hipogástrica y el periné, ciertas partes de la vejiga estarán afectadas”.

En la antigua Grecia, era descortés, incivil, grosero demostrar el glande, es decir tener el glande sin recubrir por el prepucio. Durante juegos u otras ocasiones deportivas, los atletas (komasts) ataban lazos o tiras de cuero alrededor del prepucio, y colocándolo hacia arriba se lo amarraban a la cintura para prevenir que el glande protuyera; éste aditamento recibía el nombre de Kynodesme. Galeno describió un aditamento o peso, tubo de cobre en forma de túnel, que funcionaba como antilipodermos, era conocido como pondus judaeus o Judeum Pondum, por su relación principalmente con el pueblo hebreo.


Experimentación y descubrimientos

Herófilo de Calcedonia del siglo IV a.C. considerado uno de los co-fundadores de la Escuela de Medicina de Alejandría junto a Erasistrato de Ceos, fue el primer médico en realizar disecciones anatómicas en cadáveres con público presente y se especula que podría haber realizado vivisecciones en condenados a muerte. Serófilo fue el primero que relaciona el cerebro, la médula espinal y los nervios. Diferencia por primera vez las arterias de las venas y especula sobre el origen nervioso de las alteraciones urinarias (esbozos del campo uroneurológico) en los traumas craneanos, que ya se habían descrito de manera bastante rudimentaria por los egipcios en el Papiro de Edwin Smith.

En el año 300 a.C. aproximadamente realiza la primera descripción anatómica de la glándula prostática y la llamó “prostatai adenoides”. Creía que era un órgano doble, ya que estudiaba sobre monos que tienen una próstata bífida. Describe las vesículas seminales llamándolas “prostatae glandulose” y también describe las ampollas deferenciales y el deferente como “prostatae cirsoides”. Es considerado uno de los más grandes anatómicos de la edad antigua. Sus descubrimientos anatómicos que lo hicieron famoso fue haber descubierto la distribución de las venas en el cerebro “Prensa de Herófilo”, como sabemos confluente venoso posterior del cerebro. Constató la sincronía del pulso con los latidos cardíacos. A nivel urinario junto a Erasistrato plantearon una interpretación mecanicista de la función renal. Consideraban a los riñones como filtros que separan la orina de la sangre venosa, error que sería corregido en el siglo XVII por Bellini y Malpighi.

En el siglo III a.C. Megis y Ammonius de Alejandría (este último nacido en el 276 a.C.) fue según Celso muy célebre por su invento de la Litotripcia, que además originó que se le colocara el sobrenombre de “Ammonius El Litótomo”. Hizo la primera litotripcia.

Tratamientos e instrumentales

En la Casa de Cirujanos de Pompeya-Nápoles, Italia, en el año 79 d.C. se usaban catéteres en forma de “S” y de un diámetro aproximado a 21 Charriére en la escala francesa, para resolver casos de obstrucción urinaria masculina descritas años después por Celso, siendo un diseño exclusivo de los médicos romanos que sería reintroducido en el mundo de la urología por el francés Jean Lois Petit (1.674-1.750) quien pretendió ser el diseñador original.

En el siglo I d.C. Dioscórides Pedanius de Anazarbos de Tarso en Cilicia, cirujano militar en el ejercito de Claudio y Nerón, nacido en Asia menor y con una formación sólida en Alejandría escribe en su “De Materia Médica” 15 volúmenes, considerada por más de 16 siglos como un clásico de la farmacéutica, describió los efectos terapéuticos de más de 900 plantas así como la posibilidad de confeccionar fármacos con dichos argumentos botánicos (D´Orio 2004). Recordemos que en el Corpus Hippocraticum se mencionaban 300 plantas con utilidad medicinal. De la manzanilla decía: “las raíces, hojas y flores ayudan a entrar en calor y son adelgazantes; favorecen la menstruación y expulsan el embrión al igual que hace con las piedras (cálculos) y con la orina y combate los síntomas de la cistitis”. Su libro está considerado como uno de los más leídos y consultados en las universidades hasta llegar a la época moderna.

Dioscórides introducía sustancias en la uretra y producía secundariamente contracciones uretrales intensas y alivio de las contracciones del cuello vesical para poder lograr la micción del paciente obstruido, lo que se adelantaría en 19 siglos al tratamiento neurofarmacológico con el uso de medicamentos alfa-uno bloqueantes adrenérgicos en los problemas de prostatismo y discinergias del liso-esfínter, resolviendo el trastorno obstructivo, hoy en día tan en boga (Mattioli). Dioscórides señala que el opio, la lechuga, la belladona y la mandrágora son útiles como calmantes de dolor así como somníferos. Se administraban per os, (por boca) o por clisma (por enema), después de ser maceradas en vino (D’ Orio 2.004). Refería que la cocción del jugo de las hojas de la hierba “Cotyledon” y vino podían “suavizar la constricción de los genitales” entendido como anillos prepuciales constrictivos y sintomáticos.

En el siglo I d.C. Aulus Cornelius Celsus, considerado como el “Cicerón de la Medicina”, el “Hipócrates latino”, ejerció en tiempos del emperador romano Tiberio (Augusto). Describe los mejores métodos para incindir los abscesos y las fístulas urinarias y fecales y como colocar los catéteres uretrales. Decía “el arte de la Medicina debe ser racional”. Describe los instrumentos apropiados para la litotomía vesical (Libro VII, 26:431-444), inclusive diseña instrumentos para tal efecto y describe también las sondas metálicas (de bronce), posteriormente denominados beniqué, su indicación de usarlas y algo bien innovador, diseña sondas para hombres y mujeres, con diferencia en su forma y longitud, y las hace de diferente grosor.

De hecho, el catéter de doble curvatura metálico es sin duda alguna de creación romana y luego de 16 siglos, Jean Lois Petit en Francia pretendió ser el primero en usarlo, sin tener conocimiento de la historia. Celso había realizado observaciones sobre los cálices renales, sobre la carencia de flujo sanguíneo en la pelvis renal, decía que el riñón no era un “órgano pasivo” pero influía activamente en la formación de orina. Su descripción de cómo insertar éstos catéteres metálicos es a la distancia de veinte siglos, la misma utilizada hoy en día.

Intervenciones quirúrgicas

En su obra “De artibus” (8 libros), dedica el libro VII y VIII a aspectos de la cirugía. En el capítulo 26 titulado “De la cura de la dificultad de orinar” menciona los cateterismos uretrales y todo lo referente a la solución de los problemas urinarios. Celso refería en su libro VII (Proemio Cáp. 4) de la cirugía...”que el cirujano debe ser joven, o no muy entrado en años, con mano firme y capaz y nunca deberá temblar, deberá saber su mano izquierda tan diestramente como la derecha, vista aguda, y un coraje y sensibilidad tal que no se deje amedrentar por lo gritos del paciente ya que su objetivo primordial será curarlo, y no debe correr o cortar menos de lo necesario y nunca dejarse turbar por el dolor del paciente”. No olvidemos que fue Celso quien describió los cuatro signos cardinales de la inflamación: calor, rubor, dolor y tumor.

En “De artibus” libro VIII escrito durante el reinado del emperador Tiberio diferenciaba 2 métodos de reconstrucción de prepucio por fimosis que el denominó “decircumcisión” hoy en día llamado ‘restauración prepucial’ similares a los utilizados hoy en día en la práctica urológica.

En su libro ‘De re médica’ (VII, 26) describe el método para extraer las piedras de la vejiga denominado a partir de ése momento como “Método Celsiano” o “Sectio Celsiana” en su honor, abajo demostrada en un manuscrito del siglo XIV del norte de Italia. En referencia a la cirugía para la litiasis vesical decía que ésta debía utilizarse “in extrema ratio” y solo “cuando otros métodos no aliviaran al paciente” ya que ésta operación es muy peligrosa. Su técnica de la litotomía vesical (extracción de cálculos vesicales) por vía perineal duraría hasta el siglo XVIII.

En “De artibus” había dos capítulos dedicados a cálculos vesicales en “De vessica” y en “De calculis in vessica”. La descripción de la misma es una pieza de conocimiento médico, con recomendaciones útiles en el campo urológico para los cirujanos de todas las épocas. Solamente mencionaré una de dichas recomendaciones: “Este procedimiento no deberá realizarse con precipitación, que es como se debe actuar de regla en la mayoría de los casos, para procurar la seguridad del paciente, lo cual deberá constituir la primera preocupación del medico…”. La practicaba en niños y adolescentes entre 9 y 14 años debido a que en estas edades el periné era delgado y también debido a que la glándula prostática no estaba “completamente desarrollada”. Sin embargo nos preguntamos cómo era posible observar cálculos en ésas edades de manera tan frecuente, ya que en la práctica diaria, las edades de incidencia de cálculos vesicales, de no mediar un problema orgánico-funcional de la salida vesical, son inusuales.

Se debía efectuar en primavera y en un sitio preferiblemente caliente. Citamos textualmente: “Habiéndose cortado las uñas y de una manera rápida el médico debía insertar en el ano el índice y el anular de su mano izquierda, luego de haberse lubricado muy bien, ubicando la piedra en el cuello vesical y con los dedos de la mano derecha ubicaba la piedra (litiasis). Luego se procedía a realizar una incisión en el periné (entre ano y escroto) en forma de media luna invertida. Luego se profundiza la incisión pero perpendicular a la primera de la piel donde se llegará a incindir el cuello vesical. Si la piedra es pequeña podía salir. Si la piedra en cambio es grande se hacia litotripcia utilizando un pinza para inmovilizar la piedra y un instrumento para golpearla”.

El período postoperatorio era extremadamente problemático, debido a las muertes que se presentaban en éstos pacientes por hemorragias profusas e infecciones. Si se salvaban del acto operatorio se les recomendaba levantarse cuanto antes para poder expulsar los coágulos. Para los sangramientos Celso recomendaba la colocación de “semicopas o ventosas” con miel, aceite de oliva y aceite de rosas. Si luego de todo esto el paciente sobrevivía quedaban usualmente con fístulas vesico-cutáneas (a periné), incontinencia urinaria, estrechez uretral e impotencia.

Hizo la primera ligadura y cauterización que se conozca de várices espermáticas (varicocele), denominadas por él “ramice” considerándose uno de los procedimientos quirúrgicos más antiguos en la historia del hombre. Describió una técnica para la cura de hidrocele. Celso fue uno de los primeros que prohibía la sal en las enfermedades renales. Decía “Una orina gruesa con un sedimento blanco se considera como precursor del dolor artrítico”, mencionaba que “La micción gota a gota y la hematuria con dolores violentos en la región púbica anuncia una afección de la vejiga” y también decía “Si hay sangre o pus en la orina es que la vejiga o el riñón se han ulcerado”.

Por referencia de Plinio Secundus Caio, “El viejo”, historiador del Imperio romano: “La prueba del tiempo ha demostrado que la enfermedad causante de la más aguda agonía, es la estranguria de los cálculos en la vejiga, posteriormente la enfermedad del estómago y después aquel dolor producido por las enfermedades de la cabeza, distinguiendo la cefalalgia de la hemicránea”.

Señalaba que eran “las únicas enfermedades responsables de suicidio”. En su texto “Historia naturalis” describe el uso del analgésico conocido como “torpedo nobiliana” que se aplicaba sobre el sitio del dolor, ya utilizada en los pacientes egipcios. Por lo que se deduce que las enfermedades urológicas en general y en particular los cálculos vesicales, estenosis uretral, hipertrofia prostática, posiblemente cáncer de próstata y de vejiga, fueron extremadamente comunes en tiempos romanos. De manera curiosa éste historiador nunca habló de procedimientos quirúrgicos sino de terapia farmacológica-fitoterapia.

Galeno y sus aportes

Claudio Galeno (121-210 d.C.) Médico de la escuela dogmática, nacido en Pérgamo en Asia menor, y escritor prolífico, marcaría con sus estudios y práctica médica un hito en la historia de la medicina. Llega a Roma ya cumplido los treinta años. Considerado junto a Hipócrates y Avicena como las figuras más importantes de la Medicina de la Antigüedad. Fue el médico romano más famoso y obtuvo un sólido estatus social, profesional y económico. Desarrolló elementos de la medicina hipocrática, pero en el campo anatómico fue donde mas resalta su contribución. En “Sobre la utilidad de las partes del cuerpo” enfoca la anatomía bajo un aspecto funcional, tal como se hace hoy en día.

Hay un texto relacionado con temas urológicos que fue durante mucho tiempo asignado a Galeno y que se denomina “De spermate” que se supone sea más bien de origen árabe y posterior a la época galénica y la confusión se basaba en que Galeno había escrito “Peri spermatos” en dos partes y se traducía en textos latinos como “De spermate” y de allí la confusión. Se cree que fue en la época de Constantino el africano en la Escuela de Salerno cuando se hizo la traducción del texto árabe “De spermate” en la segunda mitad del siglo XI (Paivi Pahta).

En relación al semen sabemos de la existencia de dos teorías que explicaban su formación. La teoría encefalomielica en la cual se aducía que el semen era producido por el cerebro y la medula espinal y la teoría pangénica donde se decía que el semen era un producto de todas las partes del cuerpo. Tanto es así que en el tratado hipocrático denominado “De genitura” que describe la formación del semen como proveniente de todo el cuerpo y convergiendo hacia la medula espinal sobre todo material del cerebro fluyendo hacia la médula.

En el texto “De spermate” refiere “Sperma hominis descendit ex humore totius corporis” describe que el semen desciende de todas las partes del cuerpo hacia los testículos y para éste proceso tiene sus propias venas y nervios los cuales son distintos de aquellos productores de orina, descrito textualmente a continuación: “Con fricción y calor durante el acto sexual éstas venas y nervios emiten semen del mismo modo que golpear hierro y fuego produce fuego”. Se menciona la teoría hematogénica en la formación del semen en la cual se dice que proviene de la parte más fina y menos viscosa de la sangre y se demostraba por qué el hombre que tenía sesiones de muchas copulaciones, ya no expulsaba semen sino sangre. Serán los conceptos de Galeno por más de 1.700 años la base de la praxis médica. Intuyó que la desembocadura oblicua de los uréteres era para evitar el reflujo de orina a los riñones (mecanismo antireflujo). Investigó la enuresis, las causas de la retención aguda de orina, las causas de la parálisis de la vejiga (sobre todo siguiendo a traumatismos de la columna vertebral y traumas craneanos), investigó las uretritis secundarias a cistitis.

En las obras de Galeno, la urología tiene un lugar preeminente. Toca temas de anatomía del aparato urogenital, de fisiología, de patología y de terapéutica. Diserta sobre nefritis, litiasis renal, cólicos nefríticos, hematuria, estudia las fístulas uretrales, traumatismos y dilataciones uretrales, menciona y estudia las litiasis (cálculos urinarios) y tumores vesicales, estudia la retención aguda de orina y la hematuria de origen vesical, las infecciones vesicales y la disfunción vesical (trastornos uroneurológicos).

La primera mención que se hace de la Hipospadia es de Galeno y refiere que la cuerda impedía la propulsión del semen hacia adelante. Dentro de su campo de acción incluye también patologías prostáticas, de las vesículas seminales, uretra, testículos y epidídimos, disfunciones del cuello vesical, disfunciones del esfínter externo, estudia la hemospermia, la impotencia sexual, la incontinencia urinaria y la infertilidad. Describió tres causas de retención de orina: la primera por bloqueo de la salida vesical a nivel de cuello vesical o de la uretra prostática por un calculo, un coagulo, pus o cualquier otras sustancia; la segunda por compresión uretral debido a inflamación de los tejidos adyacentes y la tercera por obstrucción de la uretra o vejiga por un tumor o cualquier otro tipo de crecimientos.

Nacimiento de la atención hospitalaria

El siglo III d.C. es importante para la medicina ya que la adopción del Cristianismo como religión oficial del Imperio Romano y de todos sus territorios conquistados se tradujo en una consideración diferente hacia el enfermo, tratando pacientes incurables y donde la caridad por parte del médico que impartía los cuidados al enfermo era la nota destacada. Según López Piñero “La asistencia medica adquiere el sentido de asistencia médica desinteresada, aun a riesgo de perder la propia vida”, asunto éste imposible de concebir en épocas anteriores. Todo esto favorecerá la aparición de centros de atención a cierta cantidad de enfermos (hospitales).

Con el Galenismo, la Uroscopia adquirió importancia y trascendencia en todos los países de Europa. La historia de la observación de la orina como método diagnostico y posteriormente pronóstico parece comenzar en el siglo VII d.C. con el bizantino Teófilo. La orina se examinaba observando la mátula y se determinaban el color, la sustancia (substantia), la cantidad (quantitas), contenido (contentum), y se clasificaba basado en su calidez (caliditas), frialdad (frigiditas), acidez (siccitas) y humedad (humiditas).

El color se comparaba con 12 tonalidades propuestas por Albicus Sigismundus o con 21 tonalidades con la explicación correspondiente al libro ‘Fasciculus medicinae’ de Johannes de Kethan. (s. XV d.C.). De acuerdo al color tendremos un diagnostico diferencial de la enfermedad que aqueja al paciente. La orina no sólo se inspecciona, se huele e incluso se prueba. Esta inspección urinaria durará hasta nuestros días. Es tal la importancia de la inspección de la orina que todavía en el siglo XIX se decía: "la orina es el elemento más importante del diagnostico clínico, para averiguar la constitución de la sangre y los procesos químicos corporales” (von Hufeland).



Continua: El Medioevo

Introducción
Aproximaciones a la Urología en el mundo antiguo
El Medioevo
La visión renacentista
Siglos XVIII y XIX: Era fundamental para la Urología
Referencias bibliográficas

NOTA: Toda la información que se brinda en este artículo es de carácter investigativo y con fines académicos y de actualización para estudiantes y profesionales de la salud. En ningún caso es de carácter general ni sustituye el asesoramiento de un médico. Ante cualquier duda que pueda tener sobre su estado de salud, consulte con su médico o especialista.





Instituto de Medicina Tropical - Facultad de Medicina - Universidad Central de Venezuela.
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